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The song remains the same: historias que nunca cierran

Ya lo dice Led Zeppelin: “La canción sigue siendo la misma”, así es mi vida hace 5 años, la misma canción, pero cantada en distintas sintonías, idiomas, ritmos.

Quizás muchos me dicen que enloquecí, que debería dejar todo y seguir con mi vida, pero es la vida misma la que no me lo permite y siempre me pone la misma piedra para tropezar mil y una veces.

A todos se nos han cruzado personas que nunca se olvidan, que por más que uno lo intente, la vida, en su afán de querer demostrarnos que el karma existe, no nos las saca de encima ni cagando y justo cuando queremos olvidar e iniciar algo nuevo, ¡saplaaaa!, aparece la piedrita de la vida de nuevo.

Imaginen esto durante CINCO años, compartir mil cosas, gustos de música, deportes, hasta la carrera inclusive con esa persona, decidir olvidarla y cuando empezás a sentirte joya, por más que lo hayas bloqueado hasta de la zorra de la lora, aparece, en un café, en un boliche, en un bar, APARECE, y ahí está, se te vienen los temas de Zeppelin que cantaban juntos, las noches de vino y de risas, y otra vez tropezás.

Te espanta el ganado, te da más vueltas que una calesita, pero ahí está, decidido a joder una vez más con tal de “obtener lo que quiere” (¿Qué es lo que quiere? Si alguien sabe me lo avisa, porfa.)

Y simplemente veo como mucha gente le tira mierda, me dice que lo mande a cagar, y si, muchos tienen razón, porque si no logré cambiar un pedacito de él cuándo estuvimos juntos, menos voy a poder hacerlo ahora, pero no me surge tirarle mierda, porque no es mal pibe, solamente es un inmaduro emocional, pero sé que, si yo le pido ayuda, él va a estar.

La vida le dio muchas oportunidades para ser feliz, para poder alejarse, hasta más de las que me dio a mí, pero realmente nunca voy a entender el por qué de las decisiones que toma, quizás también es mi culpa por dejar que siempre haga lo mismo.

Esta nota no es un despecho, un reclamo, no es nada más que una simple nota, para alguien que me enseñó mucho, que me enseñó a querer y odiar al mismo tiempo, que me ayudó a superar, pero a la vez me hizo querer pegar tantos portazos y gritar como desquiciada, porque la cantidad de puteadas y de cachetazos que le pegué equivalen a los abrazos que en algún momento nos dimos y que hasta el día de hoy nos damos cada vez que compartimos un café o una charla.

Y muchas veces me puse mi caparazón, porque no quería volver a ser lastimada, porque mi orgullo siempre fue más fuerte que cualquier cosa, y cuando decidí que era el momento de abrirme, no fue como quise, negué la realidad, hasta que la acepté y decidí volver a ese escudo que siempre me fortaleció y me cubrió, porque prioricé mi dignidad.

Si estás leyendo esto, quiero que sepas que te mandaste muchas cagadas, y que te las voy a echar en cara muchas veces cagándome de risa, me van a dar ganas de pegarte mil veces, de mandarte a la mierda, pero nunca te voy a guardar rencor por las cosas buenas que hiciste por mí, por las veces que me bancaste y que me quisiste, a tu manera, pero lo hiciste.

Y lo último que te voy a pedir, es que te la juegues, por quien creas correcta, que seas feliz, con quien sea, porque no soy egoísta como vos lo fuiste muchas veces.

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