Todo pasa por una cuestión de interés

Hoy, indignado, voy a hablar del interés. No el que se gana cuando haces un préstamo en dinero, sino el interés como “aquello que te moviliza para hacer o conseguir algo”.

Las relaciones humanas en nuestros días están contaminadas por un ser que se asemeja a un virus,  que se está expandiendo cual epidemia generalizada: el interés. Quedaron atrás las charlas y las amistades “porque si”. Ahora todo se maneja por la conveniencia, por el “que le puedo sacar de provecho al otro”, o el famoso “este me conviene”. La verdad, me tienen podrido con su caretaje y con las falacias relacionadas a la amistad.

En el pasado, uno conocía a alguien y quería compartir un rato “porque si” o porque “me cae bien”. Ahora solo nos rodeamos de gente por el simple hecho de querer sacarles un provecho como si fuesen un fruto que nos da jugo. Una vez que te exprimo, te largo a la basura. Algo así como el forro que acabás de usar luego de acostarte con una mina solo “para sacarte las ganas”, la cual también te puede haber usado para saciar sus apetitos. O, quizás, la flaca si está enamorada de vos y te quiere, se interesa.

Lo que me tiene sacado es el tema del interés de la gente a la hora de relacionarse con los demás. Si no tenés algo bueno que ofrecer o una promesa de status, inmediatamente sos eliminado y nunca más volvés a saber de tus amigos. Basta con que tengas un auto nuevo, cambies de empleo, te recibas, o seas artística o deportivamente exitoso para rodearte de chupasangres que estarán ahí para acompañarte e inflar su ego a costa de tu éxito. Ejemplo claro son los lamebotas esos que se hacen llamar “amigos personales” (¿desde cuándo los amigos se clasifican?) y que, encima, lo andan publicando por todos lados, como si fuese todo un logro conseguir la amistad de una persona “importante”. ¿No conocés al insoportable ese que te dice “loco yo soy amigo del hijo de la cuñada de la amante del presidente del Banco Nación”? Yo sí, y esa clase de pelotudos me tienen hasta el moño. De nada te sirve, querido mío, ser “amigo personal” de nadie. Seguís siendo una lacra como yo y como los otros “hijos de vecino”.

Volviendo al tema que me concierne, una vez que te llenás de esos mosquitos todo bien porque no te sentirás solo, tendrás gente al lado tuyo que te llenará con su amistad, equivalente a lo que realmente te alimenta un producto ligth. El problema estará en cuanto tu éxito decaiga: repentinamente los mosquitos saldrán despavoridos como si hubieses confundido el Axe de tus axilas por Raid.  Ya no sos interesante, ya no tenés nada que ofrecer, ya nos sos útil. Ya no me interesás. Tal cual es así que en momentos de desgracia pocos son los que se te acercan, casi ninguno en realidad, ¡como si la mala suerte o el infortunio fuesen una enfermedad contagiosa!

No faltan tampoco los que te inundan en promesas de juntadas, de salidas, de afecto, de llamados cuando te ven bien. Eso sí, las promesas solo se vuelven vacías como tu heladera a fin de mes. Olvidate, cuando alguien te diga “nos tenemos que juntar” no le creas, sino te pasará lo mismo que te pasó cuando lo votaste al petiso de Jake cuando te vendió el mapa del delito. Vas a comprar humo.

A mí me revientan los huevos que me digan “dale man, buenísimo, nos juntamos el sábado que hace mucho que no nos vemos” y llega el sábado y no pasa nada. Ni un mensaje de la otra persona, ni por el Facebook, ni Whatsapp, ni una mierda. Vivimos con tantos medios de comunicación disponibles, ¿tanto te cuesta avisar que podés o no juntarte? ¿Tanto se te baja el estatus por llegar a horario? ¿Te cobran por palabras que no podés avisar que vas a llegar tarde? ¿Por qué no lo haces? No lo haces por una falta de interés en el otro. Te calienta un pito lo que tu semejante haga de su vida. Prometés una salida, una juntada, una cerveza, una cita o vaya a saber qué carajo, generando en quien recibe la proposición una expectativa, la cual se hunde, se pincha, se desinfla. En mi caso, yo soy un tipo que tiene tantas actividades (curso, trabajo, estudio, hago deportes) que no tengo tiempo libre prácticamente. Organizo mi semana para poder cumplir a raja tabla mis obligaciones. Así que, cuando alguien me dice “che, te quiero ver” yo le digo “dale, nos vemos el Martes a la tarde, avísame” y armo todo en función de que ese  día pueda verme con esa persona, aunque sea a tomar una gaseosa en algún quiosco de mala muerte en el Centro. O, si por algún motivo no llego a poder, pues… AVISO. Te digo “loco, loca, no puedo ir. Disculpame”. ¿Por qué lo hago? Por respeto e interés en el otro. ¿Y sabes qué? Me llevo un chasco enorme. Porque los demás no lo hacen.

La gente es irrespetuosa, desinteresada. No ven más allá del ombligo lleno de pelusa que tienen, no salen de las cuatro retorcidas paredes de su propio ego. Nos quejamos de que vivimos en una sociedad egoísta y garca. Pero, ¿vos que haces para cambiar las cosas? Nada. Porque no te interesa. No te interesa el otro, la vida que tiene, sus problemas. No te digo que dejes de hacer tu vida por el otro, pero… respetá los tiempos de los demás. Si prometés algo, cumplilo. Si pedís dinero prestado, devolvelo. Si quedáste en juntarte con alguien, confirmá. O, si se te complica, avisá. Si haces algún deporte o actividad en grupo, comprometete. Abandoná, o avisá que no podes cumplir al cien por ciento el compromiso. Pero hace algo, respetá a tu amigo, novio, compañero de trabajo, etc. Respetá a tu prójimo.

En fin, nos motiva un vicioso interés para con los demás. Solo es un interés egoísta, el que nos mueve a juntarnos con otro para sacarle un provecho. Pero, realmente, no nos interesamos en el prójimo. Olvidate, si no cambiamos la manera de proyectar nuestro interés, nunca vamos a despegar como sociedad. Si nos seguimos cagando sobre el que tenemos al lado, jamás veremos la vida que todos soñamos.

Comentá la nota, tu opinión me interesa. Chau, “se las sigo mañana”

Escrito por El Kayser, para la sección:

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