Un día, no como cualquier otro

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Sabido es la existencia de un calendario compuesto de 365 días, un año. Sabido es también que al lado del Gregoriano existe otro calendario producto de las vicisitudes de la vida, uno subjetivo, personal, de uno. Este esta compuesto de aquellas fechas importantes que nos  marcan para toda la vida.

Y es, así, uno de esos días importantes le llego a él. En ese día, diferente a lo acostumbrado a hacer por el resto de las personas, decidió probar algo distinto. Se levantó, armó su equipo de mates, tomó su cámara análoga, arrancó su auto y emprendió camino hacia el oeste de su cuidad, hacia esas milenarias formaciones montañosas que llenan de orgullo y caracterizan a su cuidad.

Llegado a ellas, entre curvas y paisajes únicos, lo encontró. Ese lugar en el quería estar, lo sintió, se dirigió hacia allí. Sentado a la orilla de ese majestuoso espejo de agua fue que se preparo un mate en su querida calabaza con bombilla de alpaca y se acordó de ella; pues por ella había ido a ese lugar.

La extrañaba, hacia mucho tiempo que no estaban juntos. No sabía si ella también estaba en ese instante con él, prefería sentirlo así. Fue de esta forma empezó a charlar con ella, una charla debida, una charla que no había tenido lugar en mucho tiempo, una charla especial; pues fue más un recordar momentos vividos, sonrisas robadas, abrazos y miradas profundas, de esas que ponen el alma al descubierto. El hablaba y hablaba, ella escuchaba y tal vez respondía, mas él no podía escucharla pues no sabía como hacerlo. Entre relatos y recuerdos llegó a ese día, el que le cambio la vida, desde el cual no es el mismo y las lágrimas se hicieron inevitables, un año había pasado.

La mañana había terminado, dando paso a la tarde. Fue cuando se levantó, fijó su mirada en ese espejo de agua divisando dos cielos, dos soles y dos montañas. En ese momento, aún con un nudo en la garganta, lagrimas en el rostro y una sonrisa, le dijo a ella: “Por más que te ame y extrañe demasiado, es tiempo ya de aprender a dejarte ir”. Miro al piso, recogió todo, volvió a mirar el espejo de agua y regresó a su vida, aquella que le tocó seguir viviendo. 

 

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