Un loco lindo llamado Stanley Kubrick

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Recuerdo la primera vez que escuché la historia:

“No sabes, hay un director de cine que se hizo famoso porque tenía cáncer y entonces para poder dejarle algo a su familia, empezó a escribir un montón de libros, hasta que uno tuviese éxito, y así poder tener dinero. Hasta que uno pegó y así se hizo director”

Por supuesto, la “fabula” era totalmente mentira. O en todo caso no se aplicaba a este genio del séptimo arte.

Stanley Kubrick nació en el Bronx de Nueva York, allá por el año 1928. Pero como esto no es Wikipedia, no me voy a detener en estos acontecimientos que de seguro se les van a olvidar. Me voy a concentrar en el Kubrick que todos queremos: el Director de Cine.

Siendo un aficionado a la fotografía, Kubrick aprovecho su pasión al máximo, empezando por un micro documental que bancó de su propio bolsillo. Al instante se enamoró de las filmadoras y todo el mundo de oportunidades que estas acarreaban. Con el tiempo empezó a frecuentar el Museo de Arte Moderno de NY, un lugar donde una nueva generación estaba explotando, y explorando, a más no poder con todos los sentidos.

A pesar de todo lo que conocemos, la filmoteca de Kubrick no es extensa: son sólo 13 largometrajes (o películas) que componen la obra de este afamado Director. Empezando con una obra titulada “Fear and Desire” y finalizando con “Eyes Wide Shut”; pero ya vamos a llegar a eso.

Si hay algo de qué hablar cuando hablamos de Kubrick, es que era un tipo de una cultura exquisita: su amor por las artes era infinito e indiscutible. Desde que se enamoró de la fotografía, también lo hizo de la música, la pintura y sobre todo, de la lectura. En este último punto, es donde Kubrick encontraría las bases para fundamentar el 90% de su trabajo.

Fue la década del 60 la que impuso a como un director de otra visión y otro manejo para el detrás de cámara, fue la misma época la que lo vio volverse grande. Junto a su socio James B. Harrys, adquirieron los derechos de una novela tan revolucionaria como polémica. “Lolyta” se llamó el film y narra la historia de la seducción de una menor de edad por parte de un hombre maduro. Controversial historia para un director que empezaba a alborotar el negocio del cine para siempre.

Siguió una película llamada “Dr. Srangelove”; una película de humor negro, donde se juega con el tema de actualidad en ese momento: El comienzo de la guerra fría y el bombardeo (ficticio) por parte de EEUU hacia la Unión Soviética. Fue en esta película donde Kubrick empezó a sentir que le picaba un bichito especial: los efectos especiales.

Cuatro años después, Kubrick alcanzaría la cumbre de su carrera. En base a un relato corto que leyó unos años atrás, decidió que era hora de cambiar para siempre, el absurdo mundo que venía conquistando al cine de ciencia ficción. Se cansó de platos voladores y seres antropomórficos. “2001: A Space Odyssey” fue el nombre de la revolucionaria obra. “2001: Una odisea en el especio”, se concentraba en la evolución de la humanidad desde los orígenes, hasta el futuro y como podía estar esto ligado entre sí. Con efectos especiales totalmente revolucionarios (creados y comandados por él mismo), Kubrick empezó a darnos a conocer temas complejos como la inteligencia artificial, la vida más allá del planeta tierra y las posibilidades de un mundo utópico; todo desde una perspectiva totalmente convincente. Esta película es una obra de arte y tiene una de las cualidades más importantes que deben poseer todas las buenas obras de artes: es una película de libre interpretación. Característica que empezaba a convertirse en la firma personal de Kubrick.

Como para no perder la racha, un Kubrick inspirado se topó con un libro polémico: “La naranja mecánica”. No pasó mucho tiempo en que este liberal director le diera vida a Alex y a sus Droogs. Una película cargada de conceptualidad artística; desde inventados lenguajes, hasta escenas totalmente despropuestas de fibra social; como el controversial acto de violación que se lleva a cabo mientras la pandilla canta “Singin in the rain”. La violencia, la sexualidad y la crueldad a la que el humano puede llegar, fueron el plato fuerte en la que es, sin lugar a dudas, la película icónica de su carrera. “A clokwork orange” (la naranja mecánica), no es solamente una película donde el libreto es sólo lo que destaca. En cuestiones de recursos de dirección se enriqueció a pasos agigantados: desde nuevos métodos para trabajar la música, hasta lentes más rápidos para cámaras, le abrían un mundo nuevo de posibilidades.

Años después se estrenarían “Barry Lyndon” y  “The Spy who loved me”. Dos obras que se abrazaban  a la idea de libretista exquisito que Kubrick era: crear un antihéroe y hacerlo vivir un enfrentamiento contra el mundo.

Pero no fue sino, hasta el año 1980, que Kubrick se redescubrió. A sus manos había llegado una obra de Stephen King: “El Resplandor”. El amo del terror tenía ahora quien le diera vida a sus pesadillas, y ese no era otro más que Kubrick. Con una adaptación variante de caracteres, creo lo que es para mí, la obra maestra del cine de suspenso: “The Shining”. La historia de una familia abandonada a la deriva de un hotel provisto de una gran maldición. Un joven Jack Nicholson se ganaría el estrellato y la fama de “loco” para siempre.

Otra novela adaptada dio el puntapié para un éxito más: “Full Metal Jacket”. La guerra de Vietnam y los horrores de la misma, sumado al grado de inhumanidad a la que el soldado se ve expuesto, marcaron con fuego a esta obra exquisita de Kubrick. Otra vez se encargaría de los efectos especiales, logrando un trabajo extraordinario a tal punto que es una película bélica que compite codo a codo con “Pelotón” de Oliver Stone.

Finalmente Kubrick volvió un poco hacia atrás para lo que sería su último film: “Eyes wide shut”. Un viejo Kubrick decidió dejar de lado aquello de la explotación artística-social y concentrarse en un capricho suyo: jugar con las luces, los colores y los métodos no ortodoxos de creación de efectos visuales (como por ejemplo, quemar las cintas para darle más brillo a las cosas). “Eyes wide shut” cuenta la historia de una pareja de clase alta de fines de siglo XX con un estándar social aceptable, que se ve descolocada por sus fantasías sexuales.

Stanley Kubrick murió en 1999, a los 70 años.

Su último film, podría ser categorizado como post mortem. Se trata de una idea original que Kubrick no pudo llevar a cabo porque aún no se inventaban los recursos para poder filmarse. Finalmente fue Steven Spielberg el encargado de cumplir el último sueño de Kubrick. El film: “I.A. Inteligencia Artificial”      

El mundo del cine le debe mucho a Stanley Kubrick. Un director que no se casó con una idea fija, que siempre, hasta el final de sus días como Director, intento buscar ideas nuevas y revolucionarias. Una persona adelantada para su época. Un visionario. Un loco lindo.

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