Agua sobre el fuego

A veces escribo historias de canciones o artistas famosos ( más que nada que corresponden a mi gusto musical personal) y, otras veces, me gusta escribir sobre artistas no tan famosos, pero no por eso, carecieron de influencia en las generaciones de músicos contemporáneas y/o venideras.

Ya había hablado en otra nota sobre Morphine, banda subvalorada que realizó un aporte increíble a la música a mediados de los 90´s; Ahora es el turno de otro noventoso, el irrepetible Jeff Buckley.

Jeff nació en California, más precisamente en Orange, en 1966. Hijo de Tim Buckley, un famoso músico de folk y jazz, nunca sintió que debía seguir los pasos de su padre. Sin embargo, la música terminó por llegar a su vida. Estudió en un instituto de música durante dos años, pero Buckley solía decir que perdía el tiempo allí dentro; siempre fue un autodidacta. Exploraba distintos géneros musicales, experimentaba con las técnicas de distintos vocalistas de los más variados estilos. Aprender, captar todo el conocimiento posible para luego aplicarlo a sus canciones, a sus formas de interpretar, como una manera de usar todas las herramientas posibles para expresar lo que quería expresar.

Jeff se muda a Nueva York en 1990, y comenzó a buscar pequeños sitios donde poder tocar. Así fue como llegó al café Sin-é de Greenwich Village, donde se presentaba asiduamente como solista, siempre con su guitarra a cuestas. 

Sin-é fue para Buckley lo que el CBGB´S fue para Ramones, Television o Blondie, allí consiguió su primer contacto con una discográfica. De hecho, el primer EP lanzado por Columbia Records, son canciones grabadas en vivo en ese café.

Lanzar un EP en vivo sin tener previamente un álbum de estudio, no era lo usual, pero quienes escucharon sus canciones, coincidían en que Buckley tenía un potencial fuera de lo común, había algo en su manera de cantar que era atrapante.

Y voy a coincidir con esa afirmación. 

Jeff Buckley era un conjunto perfecto de presencia y voz, comprobable con observar cualquier concierto suyo. Además del virtuosismo vocal, había (hay) algo en su voz que hace que puedas ver las entrañas de la ira o el enojo, o que la tristeza te vaya tiñendo el alma mientra lo escuchas; que sientas la pesadez del desamor o la liviandad que te ofrece la sensación de libertad; que te desborde la gratitud por el amor o que el sufrimiento se vuelva la lanza con la que te estaquea la vida. 

Su voz tenía el enorme poder de hacer palpables las distintas emociones que emanaban de su repertorio. Su presencia en el escenario, era la representación corpórea de la ambigüedad entre un alma pura y una mente, por momentos, atormentada. 

Esa virtuosidad, se ve reflejada fielmente en la forma de hacer covers que quedaron impregnados en la memoria colectiva (como “Hallellujah” de Leonard Cohen) y en “Grace”, su único disco de estudio.

Los 90´s eran enojo, guitarras distorsionadas, adicciones, muertes (Cobain) y una especie de rebeldía rabiosa. “Grace” venía a poner belleza en medio de todo eso. Baladas y canciones un poco más rockeras (con guitarras que le hacían un pequeño guiño al grunge) en donde Buckley se exponía con una vulnerabilidad absoluta, fueron las encargadas de hacer que Jeff pronto comenzara a ser más escuchado, más admirado y mucho más elogiado. Eso le valió salir de gira durante dos años y comenzar a sentir la presión que la discográfica ejercía sobre él para sacar un nuevo disco con “hits”. Buckley no cedió a esa presión pero, sin duda, el ser leal a sí mismo lo terminaba por abrumar un poco.

Luego de la gira, Jeff opta por no regresar a la vorágine de Nueva York y decide instalarse en Memphis, lugar que le permitiría volver a tocar esporádicamente en un café y le daba lo necesario para componer nuevas canciones para su segundo disco. Luego de ensayos no muy buenos, poco convencimiento en el trabajo de las letras y una sensación de frustración superada, finalmente decide comenzar a grabar el disco, por lo cual el resto de la banda, comienza a llegar a la ciudad donde se encontraba Buckley.

El 29 de mayo de 1997, Buckley junto con su amigo Foti, iban camino al estudio de grabación al que nunca encontraron. Mientras el resto de los músicos iban llegando al aeropuerto, Jeff y Foti deciden parar a la vera del río Mississippi a tocar la guitarra y escuchar música. Jeff impulsivamente elige adentrarse un poco en el río y de repente, Foti no lo divisó más. Fue intensamente buscado, encontrando su cuerpo 3 días más tarde.

Su muerte no pasó desapercibida en el ambiente musical, pero tampoco tuvo la trascendencia que tamaña pérdida debería haber tenido.

Los músicos que él admiraba, terminaron por alabarlo . Jimmi Page, tenía a “Grace” como su álbum favorito de la década y David Bowie, lo consideraba uno de los discos que él se llevaría a una isla desierta. Yorke, Plant, Dylan, Mc Cartney son algunos de los que coinciden en que el talento de Jeff era único.

Su partida caló tan hondo que hizo que músicos, le escribieran muchas canciones. Como su amiga Elisabeth Fraser, que le escribió una canción hermosa, frágil, vulnerable y transparente como lo era Jeff.

“Teardrop on the fire”.

El agua sobre el fuego.

El Mississippi sobre Jeff.