Crónicas de un mendolotudo: Red Bus, atletismo y zonda

La Red Bus

El llanto de un bebé, un vendedor de breteles de silicona, una minita histérica y caprichosa que pelea con el novio, un bocinazo, una puteada, otro bocinazo, el rechín de los frenos de un bondi y otra puteada de una vieja hacia el chofer. El mendolotudo camina buscando un kiosquito donde le carguen la Red Bus, encuentra un kiosco en una esquina de la selva urbana mendocina, hace la fila durante 34 minutos, el flaco pelotudo del kiosco lo atiende con su maldita cortesía, se guarda su puteada y se va como el mendolotudo que es.

El mendolotudo pensando en el kiosquerito ese, no ve el bondi hijo de p*[email protected] al que no para nadie, entonces, decide caminar hasta su casa, pisa un sorete de perro, casi lo pisa un viejo en su mercedes, un turro le pregunta la hora y él comenzó correr, llega a su casa y resulta que había dejado las llaves en el trabajo.

El mendolotudo piensa, qué hubiera pasado si hubiera estado atento para ver si venía el colectivo, qué hubiera pasado si no se demoraba en la fila, si el kiosquerito lo hubiera tratado bien, si su día no hubiera sido una mierda, qué pasaría si él tuviera más tiempo para vivir.

Entonces el mendolotudo se embarca en un viaje de vuelta a su trabajo pero lo hace con otro estado de ánimo, uno medio pelotudo donde él se ríe de sus problemas.

El bondi pasa de toque y vacío, se baja en su trabajo, busca sus llaves, se encuentra 10 pesos, se compra una Coca-Cola y decide ir a dar una vuelta.

El llanto de un bebé, un vendedor de breteles de silicona, una minita histérica y caprichosa que pelea con el novio, un bocinazo, una puteada, otro bocinazo, el rechín de los frenos de un bondi y otra puteada de una vieja hacia el chofer. El mendolotudo camina contento con una Coca-Cola en la mano, total no cree en su mala suerte.

El atleta

Al mendolotudo se le da por salir a correr un domingo a la tarde por el parque central, no tiene mal estado físico pero tampoco es un atleta. Los primeros 100 metros son sencillos, pero los próximos 200 son todo un desafío. Tanta Coca-Cola, papas fritas, panchos, asados, fernet y joda lo van frenando, lo jalan hacia el suelo.

Le duele el pecho y la garganta, hace un frío de cagarse, se le cierra el pecho y decide frenar para tomar agua.

La chica que le gusta vive cerca del parque y justo pasa por ahí, él dispara su mirada mendolosensual, la saluda y, obvio, él la tenía que arruinar ahogándose con el agua y tosiendo como un tarado que se está por morir. Pero por lo menos esa chica le sonríe y lo saluda con la mano, el mendolotudo no lo puede creer, se pone las pilas, elonga y comienza a correr, logra terminar una vuelta completa sin parar pero no vuelve a verla.

Desde ese día el mendolotudo sale a correr más seguido solo para tener una chance de ver esa sonrisa una vez más.

No entiende por qué no la ha vuelto a ver, el mendolotudo no sabe que ella se mudó a otro país.

El mendolotudo encontró suficiente motivación para cumplir con su desafío atlético.

El zonda

El zonda, viento horrible, seco, polvoriento, detestable pero hermoso.

El mendolotudo ve tele, su programa de chismes mediáticos, donde ve la vida de los famosos, donde se pasan sus días.

Hoy no fue a trabajar, total dijo que se sentía mal. El mendolotudo es un empleado en una empresa. Trabaja 8 horas por día, un sueldo básico (o sea, se caga de hambre), no tiene hijos, no tiene pareja, no tiene vida, es uno más en la ciudad, es un mendolotudo y él es feliz así, como él es.

De la nada se cae la antena, el zonda lo quiere molestar, el hecha una puteada por lo bajo y se dispone a subir al techo a acomodar la antena.

Arriba del techo todo se ve distinto, increíble, las nubes blancas, el sol y el zonda son una combinación casi perfecta, si casi, el viento empuja la antena de nuevo, la antena cae y el mendolotudo también. Un grito, un “Ay la p*[email protected] madre!” y al hospital.

Después de 2 horas en la guardia del Central, lo atiende el doctor.

Lesión en la columna, licencia por 2 meses. Al principio se lo tomo mal, no podía casi moverse, era un poco triste para alguien normal pero él es el mendolotudo, el rarito del barrio, para él significa más tiempo para ver los chismes de la tele, el mendolotudo está feliz, el ve el vaso medio lleno.

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