Diferencias entre un “chulo gatero” y un tipo normal

Hay muchas diferencias que marcan a la gente. Diferencias de estilos, de pensamientos, de onda, de ideología, de gustos, de cultura, profesión y oficio. Pero hay un patrón común que unifica a cualquier especímen masculino, sea de la edad, condición social o trabajo, y es la adicción por las mujeres. El adicto al sexo femenino es un gato, un lobo, un zorro, un cazador diurno y nocturno entrenado sagazmente para el levante, la seducción y el flirteo.

Ese personaje suele ser un tanto desagradable, y muchas veces nefasto. Es odiado por muchas mujeres (despechadas) y envidiado insanamente por varios muchachos, que aborrecen su actitud, pero que les encantaría levantar el 10% de lo que levantan estos tipos.

Pululan por doquier, con el tiempo crece su expertis, se vuelven más letales y solitarios.

Esta nota es para vos mujer, seducida y abandonada, que caíste en su trampa, para que jamás los vuelvas a padecer o para vos, chiquita virgen de vida, para que si te los cruces, huyas despavoridas de sus exquisitas garras… he aquí las diferencias entre un tipo corriente, común, uno más del montón y el típico chulo gatero:

Hombre Común Chulo Gatero
Días y lugares donde levanta
El hombre común labura de lunes a sábado, por lo que únicamente le queda la «fiebre del sábado por la noche» para levantar. A veces se la juega y sale un viernes, yendo reventado a laburar al otro día. El lugar es uno: el boliche. Único sitio donde tiene la suerte de cruzarse con mujeres varias. Rara vez levantó en un bar… le pasó al amigo de un amigo. Su filo es básico y elemental, suele volverse solo y «pajarito y a la cama». Para el chulo todos los días son verano si se trata de levantar. No distingue un domingo por la tarde (día que un tipo normal se pegaría un tiro) de un viernes por la madrugada. El lugar puede ser el al que justo le tocó concurrir. Cola de banco, compra en el súper, espera en la sala de emergencias, bomba de nafta. En boliches y bares se maneja mejor que en el living de su casa. Es pícaro y mordaz, pero su filo es vacío y barato… ordinario y fugaz.
Redes Sociales
El hombre común tiene un Facebook con escasos contactos, casi todos amigos, desde la primaria, hasta la universidad, los del laburo incluidos. Los levantes del pasado suelen haber sido eliminados por una novia celosa. Cuenta con algunas fotos de juntadas, de familia, de asados, con novias, hijos, etc. Fotos donde seguramente sale tal cuál es… un bagayo. De pedo suele tener Twitter, donde sigue algunos diarios y personajes relacionados a algún hobby, como fútbol, música o cine, el cuál no lee jamás. Comenta poco sobre sí, mucho menos otros estados. Lo tiene realmente para no quedar como un ortiva y para poder ver cómo anda aquel amigo que se fue a vivir a España. No usa el chat y jamás se levantó una desconocida por las redes sociales. El chongonator tiene dos Facebooks, uno explotado de contactos y el otro casi al límite. Es “amigo” de todos los gatos del lugar, promotoras, botineras, “dancers”, juguetonas del pito, relaciones públicas y demás fantasmones de la noche y turras tobara. Se zarpa en selfies de él solo, mostrando sus abdominales, los lugares donde derrocha guita y los levantes nocturnos. Además tiene Twitter (donde es seguido por varios famosos), Instagram (atestado de fotos), Pinterest, Tinder y un perfil secreto en Badoo. Comenta todo, me gustea todo, sigue a todo y está siempre a la vanguardia de lo que pasa en las redes. Se mofa de coger más por redes sociales que por el boliche y hace uso y abuso de esta herramienta. No tiene un puto amigo de vedad.
Aspecto físico
Un hombre común, pasado los 23 se resigna al cuerpo que la vida le dio. Todos los abdominales que no pudo marcar hasta esa edad, todo lo que no pudo afinar, endurecer, estirar, marcar, apretar, agrandar, hipertrofiar o maquillar, queda para el baúl de los recuerdos y nunca más se preocupa por ello. Come como un animal y tiene seguramente más de dos vicios. Se viste con lo mejor que su presupuesto le da y suele ser tradicional, no se anima a las nuevas modas y se siente un ridículo cuando, por un regalo obligado, se tiene que poner algo extravagante. No resalta de nadie y usa traje únicamente para cuando lo invitan a la cena de un casamiento. El chulo está híper en forma, suele verse varios años más joven de lo que su edad real dice. Entrena cuatro veces por semana, se cuida en las comidas más que una mujer y bebe con moderación. Asiste a deportólogos y nutricionistas que aportan cultura a su alimentación. Compra la ropa directamente en otro lado, para estar a la vanguardia de la moda, camisas caras y entalladas y chupines de colores sos su perdición. Todo lo que ves en la tele, ya se lo puso él primero. Usa accesorios y combina los colores. Suelen blanquearse los dientes y estar bronceados (de cama solar) en pleno julio. Se empilcha hasta para ir a comprar media docena de huevos (porque hasta en el almacén suele levantar)
Teléfono celular
Cuando el tipo corriente encuentra un teléfono que le permite hacer lo que un teléfono básicamente debería hacer (llamadas y mensajes e texto) lo mantiene por años, esto no quiere decir que lo cuida, sino que no lo cambia. No le pone fundas raras ni accesorios ajenos a lo que trae el celular, simplemente no le apetece cambiar de modelo. Los emails y las redes sociales las visita desde la PC (de escritorio, obvio). Tiene los contactos de sus amigos, familiares y gente del laburo. Los conoce personalemte a todos. Hizo el esfuerzo de tener wasap donde cuenta con un solo grupo, el de sus amigos, mediante el cuál se pasa pornografía todo el día. El arma predilecta para cazar del chulo es su celular, es su herramienta de munición liviana. Por tal motivo cuenta con lo último de lo último, preferentemente con sabor a manzana. Su celular explota en contactos y lo cuida más que a la hermana. Suena de manera permanente, le entran emails de sus cuatro cuentas, wasap de sus tres mil grupos y sonidos de sus cientos de redes sociales. Mantiene conversaciones en paralelo con muchas minas a la vez, víctimas y futuras víctimas, sin dejar de laburar. Lo cambia una vez por año. Es más fácil entrar al Pentágono con un chumbo que adivinarle la contraseña. Esta entrenado para la trampa.
Auto
Un hombre corriente tiene el auto útil para que lo lleve donde necesita y no lo deje a gamba al momento que lo precisa. Intenta mantenerlo sano, al día, haciéndole los services básicos e impidiendo que se le venga abajo. Le cuesta lavarlo y odia hacerlo. Lo tiene como vino de fábrica, suelen ponerle polarizados por el tema de la inseguridad, nada más. Hay una emisora permanentemente sintonizada en la radio original (donde pasan noticias, casi nada de música). Suele estar mugriento, con ropa en el asiento de atrás, con la guantera llena de giladas y con olor a mufa. Tiene menos sexo que película de Disney. El imbécil del chulo cree religiosamente que el auto es su «tercer huevo». Esta es su herramienta de munición pesada y la cuida más que a la madre. Se gasta hasta la que no tiene en el auto, último modelo, polarizado negro como la noche y tuneado (levemente, es chulo, no grasa). Jamás se lo ve sucio o con olor feo, siempre perfumado y prolijo. Tiene la música de moda sonando todo el tiempo en un mega stereo y uno que otro romántico por si le toca coger en el auto. La guantera tiene forros y perfumes originales versión mini. Lo chapea en las redes sociales y los sábados por la tarde lo lava enfermizamente mientras planea la cacería nocturna.
Casa / departamento / hogar
Un tipo común intenta alquilar una casa o departamento cerca de su laburo, así puede dormir más y viajar menos. Suele conformarse con algo seguro, que no sea víctima de un choreo. Exige las comodidades básicas, como un buen baño, una habitación, cocina comedor y por lo menos un lugar donde poner un chulengo para asar algo. Le da una limpiadita una o dos veces por semana, generalmente los domingos y los miércoles. Esta pintado de blanco y tiene algunas fotos de sus seres queridos en portaretratos afanados a los padres. Ha invertido en un lindo sillón para él solo con una tele enfrente y un video juego, para pasar los inviernos fríos y embolantes. La pone tan, pero tan poco, que cuando le toca despliega todas sus herramientas y la pasa bomba, él y la mina. El hombre gomera, tiene un depto bulín que es semejante a la habitación más cara de un telo. Adora los lofts o los semipisos iluminados. El chulo es capaz de meterse en un crédito por poder vivir en ese edificio en pleno centro con sum y piscina techada. Tiene cientos de recovecos para coger y hacer poses, como sillones, cama king size y yacuzzi. Ha contratado una amiga diseñadora para que lo decore (a la cuál se garchó) y tiene una señora que limpia día por medio y le plancha (única mujer que jamás tocó). Cuenta con una barra plagada de brevajes importados y un cajón repleto de forros, viagra, vaselina y cremas íntimas. Jamás juega a los video juegos y usa solo el sillón para fornicar a sus pobres víctimas, invitadas a ver “La Vida es Bella”. Tiene el pito tan usado y es tan egocéntrico que por lo general es un almanaque con 15 minutos de resto, tiene menos rendimiento que Gago.
Ahorros
El hombre común, si puede ahorrar, lo hace por dos motivos: poder cambiarse el auto o poder comprarse una casa. Es simple, es básico. Ese es su sueño. Quiere estar tranquilo, seguro, que nadie le rompa las bolas y poder vivir cómodo y sin tener que pagar alquiler. Si no le da para tanto ahorra para otro tele o unas vacaciones locas en Mardel o Reñaca. El chulo pitofácil ahorra para viajes exóticos, que se clava dos o tres veces por año. No a lugares lindos para conocer o culturales, sino a destinos parafernálicos donde poder ponerla todo el día con extranjeras. Ibiza, Tailandia, Noruega, Grecia, Portugal, Costa Rica… cualquier lugar donde sea fácil ponerla, el chulo de playa estará ahí reventando sus ahorros.

 

 

 

ETIQUETAS: