Hipsters: la onda de no estar en la onda

A menos que seas uno o tengas amigos que ya incursionaron en esto, te habrás preguntado ¿qué son los hipsters? Y aunque no te quite el sueño saberlo, la próxima vez que veas un grupito de freakies con ropa de la abuela o con alpargatas en la Arístides, ahora vas a saber de qué se trata.

Los hipsters son un grupo de adolescentes o jóvenes que rechazan el consumismo y las modas impuestas, pero al mismo tiempo cuidan su aspecto “no-cool” con la misma severidad que un cheto de lo más intransigente. Se los distingue por usar ropa vintage, esto es, camisas viejas escocesas, vestidos floreados o de confección setentosa, chupines o pantalones gastadísimos, zapatillas Converse o botines, pelos cuidadosamente despeinados, o con un rodete bien alto; y una de las cosas más características son los anteojos de marcos gruesos y grandes. Además, los hombres usan bigotes, barba o ambos, y suelen ser muy flaquitos.

Socialmente funcionan (en teoría) disociados del resto de los jóvenes, se juntan en ciertos lugares a escuchar cierta música y hablan de temas “elevados” como el cine independiente, adelantos tecnológicos, música alternativa, arte y literatura. Como cultivan el no-consumo, los más copados andan en bicicleta, cultivan sus alimentos, arman sus cigarrillos, compran en tiendas regionales o a los artesanos y a la ropa la reciclan de los armarios de sus padres o la consiguen en ferias de ropa usada. Paralela e irónicamente, un hipster no es un hipster si no tiene tecnología Apple, debe tener al menos un i-Phone o un i-Pad. Como para empezar.

Es raro pensar en un grupo de gente a la que no le gustan las etiquetas ni las segregaciones, y sin embargo tienen muy bien especificado qué deben vestir, comer, tomar, escuchar y ver, y de qué temas hablar. Los anteojitos esos de marco grueso son carísimos y muchos los usan sin aumento, como si te pusieras un cuello ortopédico sin necesitarlo, más o menos. Si los ves los identificás de toque, lo que también le quita la individualidad y originalidad que ellos intentan alcanzar. A veces suprimen gustos propios en su afán por compartir los de su grupete. Es casi obligatorio leer el manifiesto comunista y otros libros por el estilo, para no ser expulsado o ser el hazmerreír del grupo.

En mi preconcepto personal, los veo como una mezcla de hippies y geeks, con algo de caretaje. Una mezcla extraña, sí. Y aunque ellos reconocen lo irónico de algunos conceptos, se la bancan con humor y con el secreto convencimiento de que son superiores a toda la gilada que los mira extrañada… o directamente se le caga de risa en la cara.

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