La visión mundialista de una mujer “cero deporte”

Quiero empezar esta nota dejando en claro que no soy una mujer de deportes, no me gusta verlos, no los entiendo y tampoco me interesa demasiado. Tengo menos deporte en mi sangre que una ojota. Con decir que en el secundario me llevaba gimnasia a diciembre. Me cuesta. En serio me cuesta, y mucho.

Evidentemente, el Mundial se convierte en un acontecimiento de alto impacto. Todo el mundo está al tanto de quién juega contra quién, mientras yo… bueno yo sigo haciendo lo que hago.  Y aprovecho las horas de partidos (cuando me entero) para hacer tramites y demases. Nunca me ha importado demasiado, y me sorprende el montón de “patriotas” que andan por la autopista. Con banderitas que no aguantan una lluvia. Con las caras pintadas y la gente enloquecida por comprar televisores que no necesitaban en un principio, pero se convirtió en necesidad cuando el mundial se avecinaba.

Lo que quiero comentar es el nivel de involución de la raza cuando ven un partido de un país que ni siquiera es el propio. Entiendo que ellos saben más que yo, entiendo que saben de estrategias. Yo solo veo una pelota rodando y un montón de personas que la persiguen. Yo entiendo que no entiendo de fútbol, y quiero dejarlo claro. Lo que no concibo es ese nivel de “neandertalismo” al que llegan sus espectadores.

Primer día: me había enterado, gracias a que de vez cuando hablo con la gente, o reviso facebook, de que empezaba el mundial. Día lluvioso, y me imagine que todos estaban guardados mirando la apertura, así que me puse mi tapado y salí a hacer tramites, pagar facturas y comprar. Todo eso, sin el tumulto de gente no me llevo más de 1hs.

Reviso las redes sociales. Indignación general por el mal gusto del openning. Trolleo masivo por el autogol. Gente demasiado intensa que está en contra de que los demás vean el Mundial, y lanzan el montón de imágenes de Tarjeta Roja que han estado publicando. Un video de los “minions” repetido como 50 veces en el inicio de mi facebook. La gente llora, se molesta, ríe, pasa por todo tipo de bipolaridades en el mundo 2.0. Todos son expertos.

El segundo o tercer día, ¡bah! No tengo ni idea que día fue, se escucha desde mi casa los gritos a un arquero que evidentemente no los escucha, porque no está siguiendo sus instrucciones. Se golpean contra la pared, se indignan. Pareciera que estuviesen viendo el fuego por primera vez, y hasta saltan. Cambio el canal para saber por qué tanta emoción, para no quedarme fuera del descubrimiento y nada… una pelota que rueda en el pasto. Me río de mí misma por no entender. Me río de los demás porque no los entiendo.

Partido de Argentina, tampoco lo vi, pero vi a la multitud enfurecida con equipo que parecía ser mediocre, a pesar de haber ganado (de pedo, hasta donde entendí, contra un país que no existe) había indignación, frustración, gente afónica por gritarle al televisor que seguía sin hacerle caso (estúpido televisor) llantos y alegrías, una cosa de locos. Algo de lo que más risa me causa es la gente que publica: “¡¡GOOOOLLLL!!” en facebook simulando un grito. En algún lugar del mundo, hay alguien tan raro como yo que también se ríe de todo esto. No veo los partidos, disfruto ver a la gente viéndolos.

Pero a pesar de no entender nada, de no entenderlos, cada tanto se ve a las personas alegres, por lo menos por un rato, por lo menos hasta que Alemania nos parta en 4, así que me digo a mí misma: “Mí misma, deja de ser tan criticona, la gente tiene derecho a gritar por lo que quiera”. Y me doy cuenta de que soy más tolerante de lo que expreso. Porque respeto a los que arman su caverna futbolera y los dejo que disfruten.

Así que disfruten y sean felices, y no me odien por lo expresado. Antes de bardear recuerden: ¡Me lleve gimnasia a rendir más de un año! Ya estoy invicta.

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