Personajes típicos de un edificio o complejo de departamentos

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Complejos, complejitos privados, edificios, pisos, mini barrios, monoblocks, torrecitas, torres, dúplex’s, pasillos comuneros, etc… son miles los nombres que se le atribuyen a estos modernos conventillos de antaño, ex vecindades del Chavo venidas a más. El tema es que han pululado por Mendoza cual gripe A y lo que ayer era un lote baldío, hoy es un puñado de conejeras habitadas por personajes de lo más simpático.

Estos personajes son siempre los mismos, y se los vamos a explicar uno por uno a continuación:  

Los promiscuos: esta parejita suele ser de recién casados (o recién juntados) y están, lisa y llanamente, dándole todo el día cuerda al barrilete. Uno cree que tienen un aserradero, pero no, es él que serrucha y serrucha una y otra vez. Para colmo la cama se les destartala y el “ñiqui ñiqui” te despierta y atormenta a todo momento: mañaneros, nocheros, siesteros… toda hora es “la hora” para que los promiscuos garchen, mientras los gemidos de ella y los gritos de él te inundan de sensualidad el depto y te atestan de material mastrubatorio.

El viejo ocote: el viejo ocote vive desde que se comenzaron a hacer los cimientos del complejo o quizás antes, vaya uno a saber. Esta desde siempre, como el sol, el tema es que no te saluda, no te mira, no te dirige la palabra. No hay “holas”, ni “chaos”, ni “buenos días”, ni “buenas noches” que sean respondidos por el viejo ocote. Solamente se limita a mirarte con odio y a dejarte pensando en que se le pasará por la cabeza mientras lo saludas. Tiene más olor a tierra que a manzanas y es el típico viejo que palma y tardan dos semanas en darse cuenta (recién cuando el olor se hace insoportable).

El disk jockey: el loco no tiene tele, no tiene microondas, no tiene lavaplatos, no tiene auto, no tiene perro, no tiene moto, no tiene play, ¡pero tiene un mega-híper-súper-archi equipo de música que se caga la nena! Diez mil millones de watts de potencia infernal. El pibe desde que se levanta hasta que se acuesta pone la música al palo, sin importarle más nada. Los graves te retumban en la cabeza y los agudos en los dientes. Su gusto musical es tan amplio que va desde el folclore, pasando por el tango, el hipo hop, el metal y la música clásica, hasta la electrónica más cuadrada y cansadora del mundo. El disk jockey tiene cientos de cd’s y no para de pinchar todo el día.

La estudiante partuzera: la mina le hace creer a los padres que se ha venido a la ciudad a estudiar, cuando en realidad lo único que hace relacionado con la facultad es cursar para conocer gente y organizar fiestas. Lleva más de tres años viviendo de arriba y aún no saca las materias de primero. Todo el día de joda, todo el día en Facebook, mitad de año organizando partuzas y la otra mitad organizando vacaciones. Lo peor de todo es que te sentís un viejo choto porque no te invitan ni a una, te derretís de ganas cuando ves pasar a las compañeritas pelilargas, vestidas con poca tela y muchos colores y te morís de envidia cuando aparece con un juvenil y vigoroso muchacho a pasar la noche.

El freak: antaño fue un rockero pesado, luego un metalero, luego un punk, luego un dark y ahora un gótico, le pongas el mote que le pongas, el loco es un excéntrico personaje. Todo vestido de negro, pálido porque no sale nunca, maquillado de blanco y con piercings en lugares insospechados. El freak esta tecnificado y es raro, ermitaño, solitario y asexuado. Se junta con otros especímenes de su mismo género y habla poco, camina desgarbado y las viejas chotas lo tildan de drogón. No lo ves casi nunca roto, pero cuando se pasa, viene reventado como mendigo de plaza.

Los drogones: por lo general son dos amigos, o dos hermanos, o dos primos que se han ido a vivir solos hace poco. Los drogones están experimentando la sensación de fumar marihuana 24 horas por día sin una mamá vigilante o un papá sermonero. El denso humo con olor a pomelo sale de las ventanas de su depto e inunda todo el complejo, los guachitos tosen, las viejas charlatanas miran de reojo por las ventanas, el viejo ocote pone cara de facho y la parejita sigue garchando. Los drogones están todo el día a las risotadas, yendo y viniendo con elementos que mejoren la ingesta, como pipas y narguiles, y la tos crónica los ataca durante el día, despertando a todos, entre risas y ojos rojos.

El asadero: el loco es el Roberto Carlos del complejo. Tiene cientos de grupos de amigos y con todos hace asados, el ácido úrico lo deben tener por las nubes de tanta molleja, tanta entraña y morcilla. Desfilan amigos con bolsas de carne por lo menos cuatro días a la semana… entre semana. Una de las parrillas es de él, la compró y la puso en un costado para no joder a nadie. Vos llegas a tu casa a comerte un arroz integral y el loco te está clavando un martes al almuerzo un costillar de cerdo a la llama… te la queres rebanar en juliana y prender fuego tu casa.

El psicópata: la cara lo delata, si no ha matado a nadie, está por cometer un asesinato en masa… probablemente en tu edificio. El psicópata se viste de yoguin, tiene el pelo rapado con heridas extrañas en la cabeza, conducta suicida y mirada mala leche. El loco saluda nada más que con la vista, camina solo, mira todo y nadie sabe en que anda, donde va o de donde viene. Pasa semanas encerrado o días desaparecido, sin que nadie sepa de su paradero. No tiene familia ni amigos, solo él y su mochila, donde seguramente esconda bombas, armas o bebes mutilados.

La picante: por lo general es una mujer solterona. La señora es idiota y mal agestada, pero a diferencia del viejo ocote, habla… y demasiado. Está todo el día quejándose, peleando y fomentando la discordia. Espera que uno se mande media para cagarlo a pedos, retarlo, gritarle y llamar al conserje. Basta que se suba uno de más al ascensor, que se te escape un ruidito fuera de horario, que claves medio palito después de las 22 o que tengas la tele fuerte, para que la vieja picante arme escándalo y se pare a los gritos en la puerta de tu depto a retarte. Eso si, al disck jockey no le dice nada porque ya está harta de que le haga “oídos sordos”, valga la redundancia.

Sr. Y Sra. Violencia: los años y la rutina han hecho la ruina de esta pareja. Ella es discutidora, punzante, mal agestada e “igual a la madre”; él es gritón, machista, egoísta e “igual al padre”… o al menos eso es lo que se gritan todo el tiempo. Mínimo tres veces por semana los Violencia se cagan a gritos, se tiran cosas, se fajan, se cachetean, se pelean y se aman. Toda la chusma se fagocita con los culebrones diarios y mientras los Violencia pelean, los vecinos se miran risueños. Varias veces la cosa ha pasado a mayores y ha habido que llamar a la policía. Ellos dos se matan y a la horita están bien, mientras los guachos lloran o juegan indistintamente según su estado de ánimo.

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