Quédate hasta el día…

Él  conocía a Cristina sólo de vista. Ella era la hija del portero del edificio donde vivía un amigo, por lo que la  cruzaba de vez en cuando por los pasillos. Sabía que ella y su amigo se conocían, pero nunca intentó un acercamiento. Fue en un “asalto”, esas reuniones que estaban de moda por aquellos años, donde coincidieron por primera vez.
Y nuestro chico  se enamoró.

Creyó  que esta vez  no era como esos amores anteriores, fugaces, imposibles, no correspondidos. No se equivocó, ella le había devuelto una sonrisa. Él definitivamente había sucumbido ante sus encantos.

Cristina había enamorado a un poeta. Había despertado una inspiración casi surrealista. Y como no podía ser otra manera, él le escribió una canción.

Un conjunto de palabras , tan perfectas  y poéticamente escritas, que inmortalizó no sólo a Cristina, sino a todas las “Cristina” de todos los “Luis” del universo.

Sí, Luis. Luis Alberto era el poeta que se había enamorado de la hija del portero, de esa “Muchacha ojos de papel”.
Una canción que logra atravesar el alma de cualquiera que la escuche, y que más allá de que la música es universal,  perfectamente resume ese sentimiento de amor.

Años más tarde, el Flaco, escribiría un manifiesto al que tituló “ Muchacha ojos de papel : Desintegración Abstracta de la Defoliación” donde desglosa un poco las frases de la canción, explicando el  significado desde la filosofía y otras hierbas. Ahondar en dicho manifiesto es , a mi parecer, quitarle algo de mística. Aunque después de ese análisis “Spinetteano”, Muchacha sigue siendo una canción de amor puro, adolescente, surreal.  ( Si gustan pueden buscarlo y leerlo, y releerlo hasta que lo entiendan. A mi me costó un poco, pero ya sabemos de mis capacidades intelectuales limitadas)

Me gustaría ir terminando la nota con algo que cuenta Luis y que claramente, demuestra lo que una canción puede generar en otros. Hubo una noche específica, una noche que coronaba un día en el que él y Cristina habían discutido.  Aún así, ella se mezcló entre los asistentes al concierto. Parado frente al micrófono , sus dedos se deslizaban sobre las cuerdas de su guitarra y soltaron los primeros acordes de la canción inspirada en Cristina. El público se emocionaba de a poco y a medida que la melodía avanzaba, las lágrimas no tardaron en llegar. Esa misma sensación que Luis estaba teniendo al ver lo que estaba provocando en el lugar. Alegría que se iba mezclando con un halo de tristeza por ver cómo su musa se iba yendo por los pasillos del teatro. El Flaco lloraba, y un “ No corras más” detuvo la huida. Algo le decía a ella que debía volver y así lo hizo. Volvió para quedarse e inspirar muchas canciones más..  ¿Pueden imaginar el dramatismo y lo romántico del momento?

Debo confesar una cierta emoción al ir leyendo, investigando, viendo documentales y escucharlo a Luis. Es que se lo extraña.

Se  extraña oírlo hablar, cantar poesía y verdades abstractas. Poesía y verdades como las que dibujó con el color que le robó a la muchacha con piel de rayón.

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