Un sorbo de angustia y dolor

Dolores, angustias, desazones suelen ser los sentimientos atrapados en los propios hogares. Así saben ser esos lugares llenos de historias y anécdotas, a veces de amor, de lejanías, encuentros y desencuentros, pero esta vez solo hay mucho dolor y tristeza.

Era obra del destino… aquella noche cubierta por una lluvia tenue, dándole paso a un clima con nubes pintadas de grises y un cielo con sutiles pinceladas azules, como si el mejor artista se hubiera inspirado. La luna en su máxima expresión acompañanaba la velada. Estábamos los tres sentados en ese lugar, esa mesa llena de charlas y anécdotas cuyo silencio se adueñó de las voces de Juan José, Lilian y Gustavo esa vez.

Tazas cargadas con un mar de palabras… pero ninguna que pudiese consolar a sus dueños. Solo el silencio se encargaba de hablar por todos, expresando lo que las palabras no alcanzaban a describir. Solo resignarse por la amarga y dura noticia que revelaban los resultados para Juan José: un cáncer terminal…

Gargantas encadenadas con nudos herméticos del dolor que sentían, no dejaban esbozar palabra alguna. Ahogadas en resignación y desconsuelo. Solo había miel en la mesa para transitar el mal gusto, dulce alimento… pero no era suficiente, no alcanzaba.

Aquella luna radiante, bella en su máximo esplendor encandilaba toda la sala. Un dolor profundo la devastó como si tocase la fibra más sensible de su ser. Sus ojos llenos de lágrimas transmitían lo que su boca no lograba decir. Lilian estaba destrozada por la noticia de su esposo. Absurdo buscar una vía de escape en aquellos sorbos de té, no encontraron una explicación. No había refugio, ni escape. Solo afrontar lo inevitable: el tiempo en este mundo.

Así es la vida, un largo y arduo camino, con un final que tarde a temprano a todos nos llega. Pese a todo, lo importante es estar juntos, como familia, unidos… “no hay nada mejor, no hay nada mejor que casa…”

ETIQUETAS: