Típicas situaciones que te hacen ser un impuntual

 

Quiero creer que si le preguntaran a mis familiares y amigos, al menos podrían recabar unas dos o tres virtudes que tengo como persona… definitivamente, la puntualidad no sería una de ellas. Si también es tu caso, seguro te ha pasado algo de lo siguiente:

La maldición de vivir cerca del lugar de destino

Una persona que en su set de características no cuente con la impuntualidad como una de ellas, podría llegar a pensar que vivir cerca del lugar a donde uno tiene que ir asiduamente (colegio, trabajo, club) es una ventaja para llegar temprano. ¡Error! Cualquier impuntual incurable sabe que es sólo la oportunidad de quedarse durmiendo 15 minutos más, de dar más vueltas antes de salir de la casa,  o peor aún, es una desventaja por invalidar excusas tipicas del impuntual que nombraremos más adelante.

El dilema de la hora real

El reloj en teoría es un instrumento creado para simplificarnos la vida, indicándonos la hora exacta para facilitar el manejo del tiempo. En la práctica de un impuntual, el reloj es un instrumento que ayuda a mantener al cerebro a tono, en base a buena memoria y repaso constante de sumas y restas permanentes. Para saber la verdadera hora, al reloj de la cocina le tenés que restar 5 minutos, al de pulsera 7, al reloj de tu celu tenés que sumarle dos, y el de la computadora te parece que está en hora, pero nunca pudiste estar seguro. ¿Ayuda la táctica de adelantar los relojes a un impuntual empedernido? No. En absoluto, al contrario, especulás con los minutos que está adelantado el reloj y terminas llegando más tarde.

Experiencia en ocupar lugares del orto

Tu impuntualidad seguramente te ha enseñado, a base de experiencia: a estacionar en el último lugar disponible de la playa de tu laburo, o directamente tener que estacionar afuera. A escuchar las clases de la facu desde el último rincón del aula, al que para llegar tuviste que decir “perdón” 50 veces, y deslizarte entre todas las lineas de bancos llenas. Ha desarrollado tu habilidad de entender las películas ya empezadas y mirar la pantalla del cine desde el asiento fila 2 (tortícolis incluida). Y obviamente, la última y no por ello menos importante, el lugar más incómodo de todos, que es enfrente de la cara de orto de tu novia/o que te tuvo que esperar nuevamente.

La ley de fucking Murphy

La vez que decidís llegar temprano, o estar listo para la hora que te dijeron que te pasaban a buscar, llegás al trabajo y tu jefe ese día justo no iba, o quien te iba a pasar a buscar se retrasa y cae media hora más tarde. En cambio el día que llegués más tarde que nunca, es clavado, con 95% de probabilidad de ocurrencia, que te cruzás a tu jefe en la puerta o te vió hasta el de la limpieza. Y claro, te tenés que comer el comentario del “¿se nos hizo tarde hoy?”

Las excusas

El tráfico, que estaba imposible. El despertador, que no sonó. El micro, que no pasó. La luz que se cortó y desconfiguró la hora del celular. Una llamada que tuviste que atender. Te dijeron mal la hora. Hubo un accidente en el camino. Tuviste que llevar a tu mamá/hija/hermana/prima/perro al doctor. Todas excusas más gastadas que las fosas nasales de Maradona. Sabés que podrías haber llegado más temprano, pero eso habría implicado no nacer con el gen de la impuntualidad incurable que te tocó de destino.

Uno hace el intento, por razones varias lo intenta. Le dura dos días, o tres como mucho, y vuelve a caer en el viejo vicio de llegar tarde a todos lados. Se dice a si mismo que va a cambiar, se trata de ordenar, y les doy la clave para logararlo, la clave es:… Uhhh… la puta madre, ya son las 23hs, y la peli empezaba 23.15hs… chau, los dejo, ¡se me hizo tarde!

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