Típicos empleados bancarios y personajes de las colas

Llegué temprano al centro, tardé doscientas horas en estacionar, mientras bajaba del auto el viento me voló las catorce facturas que vencían hoy que tenía que pagar, corrí como un paloma por media cuadra la puta boletita de Edemsa. De paso controlé que el cheque de mi sueldo esté en el bolsillo. Esta con fecha al día, tengo solo 12 pesos en la billetera… ¡gracias al cielo voy a cobrar hoy!

Llego entusiasmado a la puerta del banco, con toda la bola de boletas a pagar y mi reluciente cheque al 6 de noviembre y ¡chan!… puerta cerrada. Le pego un pechazo fuerte y nada… dentro no hay nadie… solo un puto papelito pegado en la puerta que dice “cerrado por ser el día del bancario”… día del bancario y la re contra madre que lo parió.

Ahora, con 9 pesos en la billetera (por haber pagado 3 de tarjeta), rememoro con bronca a los tiernos personajes que nos encontramos dentro del banco:

Empleados del banco:

La “empleada estatal”

La señora tiene todas las características de una empleada estatal de municipio. Se toma su desayuno y corta, colación y corta, media mañana y corta, segunda colación y corta. Encima si la apuras te mira con una cara de ortísimo ensayada de “señor, estoy trabajando no me apure ni me grite” que asusta. Suerte de mal garchada recalcitrante que hace que tu estadía en el banco sea un infierno. Se viste de azul y se maquilla de verde, le gusta que le acaben en el pelo.

La “superbombasexual”

La mina es re contra inútil, no tiene la mínima experiencia ni siquiera en cómo se prende una calculadora solar, está cursando una carrera que nada que ver, como ecología o canto, y la tenes ahí metida. Todo por sus súper tetas y su cara exquisita. Cada vez que aparece viene la primavera al banco. Preguntarle algo y que te conteste cualquier barbaridad es una música celestial que te hace agradecerle a la vida. Eso sí, más que material masturbatorio no te soluciona nada.

El “eterno cajero”

El viejo desde que vas al banco está en la caja, los viejos que llevan años en el banco son amigos de él. Él es amigo de todos, se sabe los nombres y apellidos de todos los clientes y no le pide DNI a casi nadie. Te saluda por el nombre y es ultra buena onda. Tiene casi más llegada que el gerente zonal. Lo que no se entiende es porqué nunca escaló en la jerarquía de la empresa.

El “aporteñado”

Es imposible que no exista este personaje. Suerte de jovenzuelo afrancesado, con título universitario, pelo largo cuidado y afeitado a pelo. Tiene presencia jovial y se hace el canchero para hablar. Es odioso y se la da de simpático, pero te guste o no, en el fondo es el motor financiero del banco, así que lo tenes que respetar. Es engreído y charlatán, habla fuerte y mucho, pero tiene contactos y te soluciona problemas. Tranqui… la tiene chiquita seguro.

El “seguridad”

Nunca logras entender bien el papel de los muñecos de seguridad en el banco. Son caritativos y buena onda, ayudan a las viejas con los cajeros, ubican las colas, ordenan a la gente, te dicen dónde se saca el turno para tal trámite, te comunican con el gerente, miran raro a los malosos, acomodan las sillas, cierran las puertas y atienden a los empleados. Son robustos y morochones y las chicas pálidas y con caras de serias. De lo mejorcito del banco.

El “gerente pintado”

Desde que los bancos pasaron de ser emprendimientos provinciales autónomos a ser cadenas mundiales con oficinas centrales en Puerto Madero, los gerentes zonales están pintados al óleo. Los tipos son unos losers que no te pueden solucionar el más mínimo problema, para cada paso tienen que pedir autorización y no pueden decidir por sí solos si pueden tomar café con dos o tres cucharadas de azúcar. Estan en el banco del banco y no sirven para nada. Son flacos y pelados.

Personajes de las colas bancarias:

El “conocido”

Este detestable personaje entra y recorre toda la cola bancaria, hasta que siempre, pero siempre, se encuentra con ese hijo de mil puta de amigo que le da charla y lo mete al lado suyo, garchándote olímpicamente el lugar. Se la da se simpático y se duerme a toda la cola. A veces suele aparecer el defensor del pueblo que, muy cordialmente, le dice que se vaya atrás o lo asesina.

El “inútil”

El tipo se para frente al cajero automático como vos ante el nivel 455 del Candy Crush. Es un desafío físico y mental para el muñeco, estresante y agobiante. Al loco le suenan sirenas por todos lados, le rebota cuanto papel intenta introducir en las ranuras, le come la tarjeta sin lugar a dudas y se desespera buscando alguien que le tire un salvavidas. Toca botones, le pega a la máquina, pone mal los códigos y hasta se olvida el DNI. Se olvida del importe que metió dentro del sobre o del importe del cheque que ya le trago la gilada. Es eyaculador precoz y llorón.

El “bufador”

El tipo desde que entra hasta que lo llaman al cajero se está quejando, con una cara de orto atómica y un aspecto de caballo cansado atroz. Pero nada de eso molesta tanto como su incansable y sonoro suspiro de búfalo en matiz de su calentura por estar en un banco. A nadie le gusta ir al banco, no es una experiencia agradable, ¿pero hace falta bufar como un nene caprichoso cada dos minutos para que todos sepamos que la estas pasando como el orto? Tienen aliento a cenicero mojado y papada.

El “mufa”

El mufa es cliente usual del banco, anda siempre apurado, exasperado, con cientos de trámites que realizar, boletas que pagar, cheques que depositar y guita que meter o sacar. El tipo llega con su maletín y su camisa desarreglada y se para en la punta de todas las colas. Mira desde la de no clientes hasta la de plazos fijos y se decide por la cola con menos gente, con tanta, pero tanta mala leche que siempre pasan todas las demás personas de las otras colas antes que él. Es mufa y todos lo sabemos.

El “charlatán”

Lo ves venir de lejos y pensas “la concha de la lora viene para donde estoy yo”. El charlatán siempre comienza hablando del tiempo, que que calor, que que frío, que que viento, para después contarte todos los pormenores  de su espectacular / insufrible vida (es indistinto). Siempre se va a quejar de “la yegua de la presidenta” o de “estos negros de mierda”, haciéndote dar un poquito de asquito. Es cansador, sus palabras son huecas, densas y aburridas. Te dan ganas de matarte, no sin antes matarlo a él.

El “violín”

El violín tiene todas las características de un asesino psicópata. Es callado, serio, formal, sigiloso, lento, no se ríe, tiene cara de póker y mirada inquisitiva. El violín se para en la cola y fija su atención en cualquier cosa, hasta que aparece una mina rica. Entonces le salta el psico-chip y la desnuda con la mirada, no puede parar de mirarla, de desearla, de tratar de cogérsela con la vista. La mina se siente observada y acosada, pero esto al violín ni le caliente en lo más mínimo, él sigue con su disfrute. Es raro y agradeces no encontrártelo de noche.

Y como epílogo de esta nota le dejo las palabras textuales de una empleada del banco:

No se si salimos aprendiendo a usar la calculadora, pero que salimos sommeliers en alientos mañaneros ni lo dudes.

Aportes imprescindibles: