Un Mendolotudo en el Lollapalooza 2014

En la primera semana de abril tuve la suerte de asistir al festival más importante de los últimos años. Por primera vez llegaba el famoso Lollapalooza a la Argentina y tenía que hacer todo lo posible para no perdérmelo. Este evento significaba la primera vez de muchas bandas en nuestro país, bandas que difícilmente visitarían la Argentina sin ser parte de un show de esta magnitud. En esta nota te cuento cómo me fue y te dejo una reseña del evento tal como el Mendolotudo te tiene acostumbrado.

Día 1: Olvidate de ir siquiera al baño

En mi opinión, los mostros que organizaron el evento podrían haber dejado unos diez minutitos entre banda y banda, como para poder cruzar de un escenario al otro sin necesidad de atropellar adolescentes o perderte las últimas canciones de una banda para llegar al comienzo de la otra y no tener que estar a cien metros del escenario. En el primer día, tenías que estar a las corridas constantemente para no perderte momentos importantes de los shows.

Como llegué a Buenos Aires muy sobre la hora, me perdí los primeros grupos que tocaron el martes. Lo que más lamenté fue no llegar a ver a Onda Vaga, que si bien son de venir a Mendoza, siempre me dio paja ir a verlos. Este era la ocasión ideal para ver uno de sus shows, pero con la cantidad de gente que había en la cola para entrar, no llegué ni a ganchos. De hecho, llegué casi al final de la presentación de Portugal The Man, otro de los recitales que tenía ganas de ver. De todas maneras, alcancé a ver uno de los shows que esperaba más ansiosamente: Capital Cities. La banda yankee demostró que poco puede ser mucho sobre un escenario. Si bien es un grupo de apenas un puñado de músicos, quedó en claro que actitud es lo que les sobra. Hicieron bailar, literalmente, a cada uno de los presentes con los mejores temas de su disco y cerraron con su famoso “Safe and Sound” para permitir que el público explote de emoción. Los vocalistas de la banda le pusieron toda la onda y el flaquito de la trompeta se destacó en casi todos los temas. Apenas sonaban los últimos acordes del tema  con el que cerraron el show, salí disparado al escenario alternativo para presenciar el recital del joven maravilla inglés: Jake Bugg. Hacía ya varios meses que venía escuchando los discos del oriundo de Nottingham y era otra de las presentaciones que más curiosidad me generaba. Al igual que para los chicos de Capital Cities, era la primera vez en Argentina para Jake, a pesar del show que había dado la noche anterior en un teatro de Buenos Aires. Comenzó con varios temas acústicos y cerró bien arriba con sus canciones más explosivas. Algo que me llamó la atención fue su frialdad para con el público, apenas un par de palabras. ¡Y eso que estaba lleno de minitas que le decían de todo! Apenas terminó el inglés, me arrimé al escenario principal donde Julian Casablancas (cantante de los Strokes) presentaba algunos temas de su nuevo disco solista. Como aun me queda pendiente ir a algún recital de los Strokes, escuchar a Julian representaba un tipo de consuelo. Lamentablemente el sonido dejó mucho que desear en esta parte del show, ya que por algún motivo las voces no se escuchaban bien y los graves saturaban demasiado. Una pena, porque quería escuchar lo nuevo de Casablancas. Por lo menos tocaron Reptilia, un clásico de los Strokes, lo que hizo valer la pena el estar haciéndole el aguante hasta el final. Mientras iba escuchando los últimos acordes de este tema, tuve que tomar una difícil decisión: Imagine Dragons o Lorde.

Por algún motivo, los organizadores habían puesto a estos dos pesos pesados en el mismo horario y había que elegir, dado que los escenarios estaban muy lejos entre sí. Finalmente me terminé decidiendo por Imagine Dragons, ya que había escuchado que eran muy buenos en vivo. Luego de presenciar el tremendo show que dieron, estoy seguro que fue la mejor elección. Era la primera vez de la banda de Las Vegas en la Argentina y dejaron una imagen impresionante. Desde el primer minuto, el carisma y simpatía del líder del grupo contagió a los presentes quienes los acompañaron saltando y cantando hasta el final. Se ve que algún vivo le dijo “tenés que decirle a la gente que haga pogo”, dado que para determinado tema le pidió al público que le enseñaran de qué se trataba eso. Se armó un quilombo bárbaro y me causó gracia ver a las pendejitas salir atemorizadas frente tal manifestación de energía y violencia. En fin, la banda cumplió con las expectativas del público, quienes no tuvieron pudor al demostrárselo al cantante cuando se arrojó sobre la multitud para que lo llevaran en andas de aquí para allá. Cuando los genios de Imagine Dragons terminaron con su show, mientras volvía al escenario principal, pude ver el último tema de Lorde. Algo es algo.

 

A las 19:15 era el momento Phoenix, la banda francesa. Definitivamente era uno de los grupos que ansiaba ver, dado que nunca había tenido la chance de asistir a algunos de sus shows. Por algún motivo pensé que iban a dar un recital tranqui y con poca emoción, típico de la gente nacida en Francia. Evidentemente, estaba muy equivocado. Arrancaron bien arriba tocando sus temas más conocidos desde el principio, activando rápidamente al público que terminaba de contagiarse al ver al vocalista corriendo de acá para allá y parándose sobre las vallas que lo separaban de la gente. ¡El tipo estaba como loco! Tal así fue que corrió hasta la torre de control de sonido y se lanzó hacia los espectadores, quienes con sus brazos volvieron a llevarlo hacia el escenario. Muchísima actitud y entrega por parte de Phoenix, quien se ganó al público y lo hizo rugir hasta el cansancio.Luego de disfrutar del show de los franceses volví al escenario alternativo donde se presentaba New Order, una de las bandas míticas del rock alternativo. Al ver el rango de edad de la gente que había ido a ver a Imagine Dragons, me sentí un poco más joven al compararme con la mayoría de los que esperaban por New Order. Considerando que al mismo tiempo, en otro escenario, tocaban los Nine Inch Nails, la mayoría del público presente se terminó segmentando entre estos dos recitales.

Si bien estaba disfrutando bastante la presentación que los New Order estaban dando, tuve que abandonarlos varios temas antes de que terminaran para conseguir un buen lugar en el recital que cerraría la primera noche: Arcade Fire. La banda liderada por Win Butler y su esposa serían los encargados de poner el broche de oro a una jornada excepcional, brindando un show impresionante de principio a fin. Si bien es cierto que durante los primeros quince o veinte minutos la gente no parecía contagiarse de la energía que transmitía la banda de origen canadiense, poco a poco el público fue cediendo ante la avasalladora actitud de la banda de forma tal que al finalizar cada tema aclamaban por más. Hicieron un recorrido por sus temas más emblemáticos, interactuaron con el público y cerraron la primera fecha del Lollapalooza con explosiones de papelitos perfumados y colores psicodélicos. Sin dudas, Arcade Fire fue uno de los platos fuertes del festival y dejó a todos muy satisfechos.

La vuelta desde San Isidro a Palermo fue una odisea. Imaginen miles de personas esperando un bondi que pasaba cada media hora. ¡Una locura! Después de esperar un par de horas y al ver que directamente no paraban porque venían llenos, comencé a caminar con unos chaqueños que conocí en el hostel. Después de patear varias cuadras, dimos con una remisería trucha en la que nos pusieron en una lista de espera. Pasó más de una hora y finalmente nos tocó a nosotros subirnos al próximo auto que llegara al local. En definitiva, terminamos llegando a eso de las cuatro de la madrugada al hostel en condiciones lamentables y hechos mierda.

Día 2: Los Red Hot contra el resto del mundo

Después de un primer día agitadísimo, decidí descansar un poco más de lo previsto para llegar en las mejores condiciones posibles al cierre del evento. Si bien desde las doce del mediodía estaban programadas varias bandas, preferí comer algo antes de entrar y caer al predio bien descansado. Los precios dentro de las instalaciones eran una locura: 30 pesos la botellita de agua y 40 mangos una hamburguesa pedorra, por mencionar algunos.

Llegué justo para ver la última media hora de Johnny Marr, guitarrista de The Smiths y Modest Mouse. El británico brindó una presentación impecable, recorriendo temas propios y algunos de las bandas que lo consagraron a lo largo de su carrera. Al finalizar su recital, crucé el predio para ver con qué nos deleitaba la australiana Ellie Goulding. Si bien la gente no se copó mucho con su show, la rubia le puso bastante onda y mucha sensualidad a su actuación. Muchos de los presentes se prendieron cuando interpretó sus temas más conocidos y en definitiva terminó siendo una presentación bastante prolija. En simultáneo, Bauer, el creador del Harlem Shake brindó un show impresionante en el escenario alternativo, con mucho punchi y pastillitas por doquier.

Cuando promediaba la tarde fue el momento de Vampire Weekend. Esta banda en ascenso, ganadora del Grammy al mejor disco alternativo por su “Modern Vampires of the City” ofreció una presentación descomunal. Los chicos se encargaron de mantener la energía siempre bien arriba y consiguieron la participación del público durante todo el show. Si bien es una banda que apunta a un público juvenil, lo cual se podía ver reflejado en su audiencia, mantuvo a todos expectantes y disfrutando del recital. Mención especial a la campera de jean que usó el cantante, la cual tenía parches de “Babar, el elefante”. Al finalizar el show de Vampire Weekend, la cita obligada era con Pixies. Esta banda ícono del rock alternativo brindó un recital soberbio, digno de su reputación. Si bien muchos aprovecharon para tirarse un rato en el pasto y descansar las piernas de cara a los platos fuertes de la noche, no perdieron de vista lo que Black Francis y su grupo tenía para entregar esa noche. El momento cumbre de su show fue cuando tocaron “Where Is My Mind?”, uno de los últimos temas que hicieron esa noche. Al terminar Pixies, era el momento de tomar las decisiones más difíciles de la velada. Al mismo tiempo y en tres escenarios distintos teníamos a Soundgarden, Illya Kuryaki & The Valderramas y The Bloody Beetroots. Era uno de esos momentos en los que puteabas a los organizadores por poner grupos tan interesantes al mismo tiempo. Yo opté por Soundgarden, pero me contaron que los muchachos de The Bloody Beetroots la rompieron con su electro house característico y que Illya Kuryaki & The Valderramas dominó el escenario como solo ellos saben hacerlo. De todas maneras, los muchachos de Soundgarden, liderados por el mítico Chris Cornell, brindaron un show digno de poner en un cuadrito. Demostraron que los años permiten alcanzar un nivel musical notable y que están más vigentes que nunca.

El cierre de la noche y del festival estaba a cargo de una de las bandas que quedará por siempre en la historia del rock y en los corazones de la gente: Red Hot Chilli Peppers. Anthony Kiedis, Flea, Chad y Josh brindaron un show vibrante de principio a fin. Es cierto que mucha gente duda de las habilidades en vivo de los Red Hot pero yo encontré el show muy acertado y con mínimas falencias, principalmente por parte del cantante. Fuera de eso, nos regalaron sus mejores canciones y brindaron un show cargado de emociones. Si bien no es fácil mantenerse vigente después de varias décadas de trayectoria, sobre todo en el mundo de la música, los californianos demostraron que están más vivos que nunca y dispuestos a brindar un show de primer nivel. Tocaron por casi dos horas y la gente se fue muy satisfecha con lo vivido.

Al terminar el festival, la salida fue un caos aún mayor que el del primer día. Por suerte, yo ya sabía que tenía que repetir la fórmula de la noche anterior para volver relativamente temprano al hostel. En resumen, el festival dejó conforme a la mayoría de los que asistieron. Paralelamente a los recitales, habían distintas actividades y sectores para interactuar, lo que hizo que la experiencia fuera mucho más agradable. Salvo algunos detalles, principalmente relacionados con la accesibilidad, transporte y precios dentro del hipódromo, el balance fue positivo. La realización del Lollapalooza 2014 en Argentina demostró que es posible contar con shows de primer nivel en nuestro país. Desde la productora prometen que en el 2015 habrá una nueva edición del festival en la Argentina, por lo que mantendremos los dedos cruzados para que así sea.

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