En una época en la femineidad y masculinidad entran en un terreno borroso o gris, donde los límites ya no son tan claros, por suerte ya no hay profesiones específicas, ni colores que nos definan.
Pero he de destacar un elemento distintivo que finalmente viene a correrse de la línea, la última moda y el tópico de esta nota: la barba.
Marca de hombría en el género masculino y de falta de depilación, o tal vez falla hormonal, en la mujer, la barba ha estado con nosotros desde el principio de la humanidad misma.
Como a todo el mundo le gusta retomar desde la antigüedad, aunque no siempre sea lo correcto, podemos recordar los prolijos afeitados egipcios o por el contrario las barbas tupidas de los griegos, como se puede ver claramente en «casi 300».

Pero si nos remitimos más a nuestra época, casi se extinguió en los 70′, con el pelo engominado y las mejillas suaves, a lo sumo se usaba el «mostacho» al mejor estilo derechosico, en contraste del hippie «muchacho de pelo largo», como decía la canción.
Ahí permaneció latente, en algunos osados o zarrapastrosos subsistió, tímida y despeinada.
Entonces, cada vez con más frecuencia, se lo empezó a ver por las calles, en las redes sociales, mediano y prolijo, iniciado por una tribu urbana conocida como «hipsters».
El fenómeno no paro de crecer y el largo de las barbas tampoco. De esos pelambres cortos y cuidados, comenzaron a proliferar casos cada vez más extraordinarios.
La cuestión no era quien se veía más macho, a quien la testosterona le permitía ostentar ese cabello facial. Ahora el tema pasa por el cuidado y el largo.
Se los puede ver acicalándola, peinándola cuidadosamente, cual Rapunzel a su mágico y largo cabello. Tal vez por eso se los puede oír intercambiando «tips» de belleza, creerán como Sansón que ese es su punto de fortaleza.
Pues si, han descubierto un gran arma de belleza, una alfombra prolija para ocultar todo lo feo debajo de ella, y con unos anteojos modernos arriba ¡listo! la magia esta hecha, el 90% de su cara cubierta. Mujeres les dijo, han dejado en franca vergüenza hasta a nuestros más rebuscados trucos de belleza.

Pero no todos se pudieron sumar con éxito a esta manía, no todo podía ser color de rosas. Vemos peludos que terminan arrastrando un mar de bellos que casi parecen púbicos, pelados que compensan la falta de cabello de arriba con la de abajo o peor, pobres mostachos que parecen de adolescente virgen frustrado.
En el medio del desconcierto, aparecen las «barberías». Emulando las de antes, con un claro intento de hombría.
Ahí se los puede ver, horas retocándose, bebiendo, escuchando música y chusmeando, casi parecen doñas de barrio.
Así queda perdida la barba en las glorias de antaño, una que las recuerda de macho, como leñador salvaje y viril, hasta con un fideo descuidado enroscado.

A las parejas de estos muchachos ¿No les da Matusalén cuando pasa los 10cm de largo? A ellos les digo, que en esta también, el tamaño sí importa y sino los están engañando. Y así término esta nota, asegurando que ni yo me demoro tanto como ellos en el baño peinando.
Antes de despedirme, un llamado a la solidaridad…
Aputosar, que verbo tan lleno de odio.
Mal, o sea, re machirule los muchachos, de no creer, estoy indignade
Fijate que lo escribió una mina, lo de machirulo está de más
Y a la mayoría de las mujeres les gusta una barba cuidada y prolija, hasta a los homosexual es, paula debe ser una de las pocas que no les gusta y es normal, sería muy aburrido que todos tengamos los mismos gustos
De todos modos noto mucho disgusto en que los vagos nos cuidemos la barba, pero se quejan de los desaliñados también, así que es una queja más del montón
¡Es en chiste! Me gustan las barbas y aclaro que me desagradan si están desaliñadas. Me parece simpático verlos interesados en su cuidado, es señal de que se dan licencias que antes no.
No se tomen todo tan en serio y sobre todo ¡gracias por leer!