¿Cómo reaccionan los hombres ante un partido?

Tengo 3 hermanos mayores, podrán imaginar mi niñez jugando a los autitos con ellos aunque siempre me daban esos que tenían las rueditas trabadas o directamente sin ruedas. Si mis papás nos regalaban una pista de autos de esas que venían antes, yo la armaba y jugaba a ver como se le acababan las pilas mientras ellos la usaban.

No me festejaron los 15 sino los 18, no me raparon porque afortunadamente vieron que usaba corpiño ¡gracia Dio!

En fin, ser la única mujer en la casa (obviando a mi mamá) no fue fácil y por consecuencia entenderán que viví mis 22 años viendo los partidos hasta de la lepra. Reconozco todas y cada una de las actitudes y posturas que toman cuando miran un partido. Ante cada derrota y ante cada victoria también.

Los divido en:

  • Los que insultan al árbitro: No importa que el árbitro haya expulsado o simplemente amonestado al jugador de tu equipo porque pega más fuerte que tu viejo el día que se enteró que le chocaste el auto. ¡El árbitro está comprado Siempre! Es un ciego y probablemente un carnudo que no está en las jugadas que vos querés que esté. Nunca cobra penales a favor de tu equipo y siempre alarga 6 minutos más para que pierdan ustedes.
  • Los que le gritan al televisor: Y es así, se indignan con el televisor por cada error que comete el jugador y gritan peor que tu mamá cuando llueve y está la ropa colgada. Les dan consejos al DT como si te pudiera escucharlos “metelo al rolfi la puta que te parió” o “sacá a ese perro y meté a mi vieja que cabecea mejor” y así están los 90 minutos que, con suerte dura el partido.
  • Los que no hablan: Ellos no emiten sonidos ni siquiera gesticulan lo que les pasa por dentro. Se toman el fútbol tranqui y evitan verlo completo. Hacen zapping y cada tanto lo cambian para ver cómo va el resultado hasta el momento. Que pierda o gane su equipo les resulta indistinto porque solo se empapa de los resultados para después no ser tildado de homosexual por sus compañeros de laburo que tienen más cancha encima que Wanda Nara.
  • Los que insultan a todos todo el tiempo: Es solo cuestión de que arranque el doparti para que empiece a putear hasta en arameo al padre, a la madre y hasta al gato de la novia del jugador. Ni hablar si erran un penal, dan un mal pase o cometen una falta innecesaria todo causa suficiente para insultar. Incluso si hacen un gol también lo hace como método de descargo. Pero la mayor parte del tiempo tenés a tu jermu atrás tuyo preparando el palo de selfies que te compraste el sábado para dártelo por la nuca si volvés a insultar delante de tu suegra que estaba de visita.
  • Los que miran la hora: Comienza el primer tiempo y ves que tu equipo está jugando peor que el equipo del PAMI donde juega tu abuelo y comenzás con la cuenta regresiva para ver cuántos minutos faltan para que se termine la tortura. Y te convertís de repente en el que insulta hasta a la mujer que pasó justo frente al televisor y te impidió ver el caño que le hicieron a un jugador del otro equipo. Transpirás con cada corner o tiro libre cerca del área y te arrepentís de haber seguido el equipo de tu viejo que tiene menos puntos que vos en la rodilla cuando te caíste una vez y menos futuro que enfermo de alzheimer robando panderetas.
  • Los cabaleros: Si el día que su equipo ganó 3 a 0 estaba usando solo un bóxer rojo con corazones preparate para verlo en pelotas los 90 y tantos minutos que dure el partido. Pero lo peor resulta si en ese momento estaba solo, ahí prepará las valijas y volvé a lo de tus viejos a menos que quieras ser reconocida como “la mufa” por el resto de tus días.
  • Los que usan la camiseta todo el tiempo: Se ponen la casaca del equipo cuando gana y la usan por la semana completa hasta para ir a la iglesia. Si se acerca la fecha donde tu equipo se va a enfrentar a otro y es un clásico, la camiseta viene acumulando olor a nervios desde hace tres fechas pero vos lo llamás “olor a macho que ama el fútbol”. Y estás más cerca de ser un linyera que durmió al sol con 40 grados de calor que de ser un hincha que ama a su club. Así que hacele un favor a la humanidad y lavala.
  • Los que gritan gol en facebook: Los veo bastante parecidos a los que saludan a los meses y les piden cosas buenas. Si su equipo hace un gol lo pone de estado en facebook y etiqueta a ese amigo (hincha del equipo contrario) y se le caga de risa. A veces no dura nada su felicidad porque a los 10 minutos les hacen un gol a ellos y comienza el Apocalipsis. Se convierte en víctima de lo que él ya hizo y comienza una guerra de comentarios e imágenes poco ilustrativas. Se la pasan más tiempo pensando en qué poner en face que en prestar atención al partido en sí.
  • Los que apuestan: Asado y fernet por acá, asado y fernet por allá. El “cabegol” esto, Gago aquello y perdió tu equipo y te querés matar. No tenés un mango para comprarte ni un pucho para pasar la amargura de la derrota y te diste el lujo de apostar y perder un asado con ese amigo gamba, gauchita hasta que le debés algo. Lo que hacés es optar por “desaparecer” por unas semanas de su entorno e incluso abandonás el grupo de whatsaap que compartían lo que resulta inútil. Son amigos desde que tu única novia era la mano y te conoce más que tu vieja que te parió y te gasta y cobra la deuda hasta el próximo encuentro donde pierde él y las cosas “quedaron a mano”.

Espero haber rescatado alguno de los momentos que pasan los hombres y una gran cantidad de mujeres también cuando ven un partido (me incluyo). ¡Y que viva el fútbol Pisculichi!

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