Cómo sobrevivir a las vacaciones y no morir en el intento

Luego de un tiempo de estar desaparecido, característico de mi persona, no yo sino mi otro yo, es desaparecerse en esta época del año, he vuelto. Como típico mendolotudo, intentando tener unas vacas “normales”, imposible son para mí, sin una que otra peripecia. Paso a contarles:

Proyecto pesca marítima

Siempre sentí la curiosidad de pescar ¿cómo se hace? ¿Qué es lo que se siente? Fui a un local de pesca para comprarme una caña, reel y todo lo que se necesite para ir a pescar (anzuelo, carnada, plomo y un dato interesante es que se tiene que armar un paquetito con hilo elástico para que no se desarme por el movimiento del agua, un gran problema).

Ya armado hasta los dientes, “agarrence peces”, me fui a un lugar que me recomendaron los de la casa de pesca. Me puse a armar la caña, coloco el reel, desenredo la tanza, primera galleta. Desarmo la galleta, logro colocar la línea, anzuelo y plomo. Empiezo a armar la carnada, luego de pelear con la cola de la anchoa y el anzuelo, las siete insertadas en los dedos, estaba todo listo para lanzar. Me pongo en pose, largo el cañazo y “piiiiiiing”, corte todo; me olvide de sacar la traba del reel, segunda galleta.  Vuelvo a armar todo, reduzco las ensartadas del anzuelo a 4, lanzo, 4 metros de largo el lance. Luego de un rato decido traer para ver que onda, tercer galleta. Ya no me estaba gustando para nada, pero le di otra oportunidad.

Luego de un par de lances, traídas y decepciones, último intento. Fui invadido por una nube de mosquitos Tero-dáctilos, eran tan grandes que los sentías apoyarse, ni te cuento el piquete. Con medio litro de sangre menos logro traer la línea, se me traba, pego el cañazo corto todo de nuevo. Con una furia asesina agarre todo como podía, me fui a la mierda y vendí todo. Todo un pomo de Caladril me gaste en las picaduras.

El ataque del pájaro

Un día de caminata por unas playas vírgenes, yo haciéndome el fotógrafo, capturando cosas como para después ganarme un par de comentarios en face, acompañado de una amiga que recolectaba caracoles para no sé qué, no le preste atención.

En un momento, entre unos arrecifes, creo así se llaman, es decir, unas piedras gastadas por el agua bien al lado de la orilla. Me cuelgo mirando un pájaro, pequeño de tamaño casi como un Gorrión, estaba chillando y nos rodeaba, cuando de la nada pega una caída libre kamikaze hacia mi amiga, la cual se salvó porque justo se agachó a recoger un caracol, a dos centímetros le pasó. Le digo “creo que ese pájaro nos está atacando”, ella grita “los huevos”, salimos piantando del lugar.

Seguimos caminando lejos de la orilla, el pájaro nos rondaba sin hacer ruidos. Nos volvimos a acercar a la orilla y nuevamente los ataques kamikazes, cada vez más violentos. Salimos corriendo de regreso, esquivando sus ataques cada vez más bajos y violentos. Hasta que luego de 3 o 4 ataques, espero se acerque, pego una voltereta en la arena, agarro un puñado, se lo tiro, lo cegó por un instante, agarro a mi amiga que estaba tirada cuerpo tierra cubriendo su cabeza, y corrimos. Así fue como nos salvamos de esa feroz ave, luego vimos a los Aguiluchos con una sonrisa en su rostro burlesca hacia nosotros, fue decepcionante.

Deporte extremo: Kayak marítimo

Día playero de mucho claro, el mar era un piletita. Yo sentado bajo la sombra de la sombrilla observaba a mucha gente entrar y salir lo más campante en Kayak, dije no debe ser muy difícil. Fui para averiguar el precio de alquiler, resultó ser barato, pago, me pongo el salvavidas, arranco hacia la costa. Al momento de entrar recordé algo de esperar pasar la ronda de olas, espere, no vi ninguna y encare. De la nada se armó una ola que me tiró el kayak hacia arriba, yo desparramado caí de espalda al agua. Luego de la tercer caída paso la rompiente, era espectacular ver todo desde el mar, empecé a remar como loco, de un lado al otro, chocaba con las ondas del agua, quise ver que tan rápido iba y clack tirón en el hombro derecho. Masajeándome, el sol comenzaba a golpear fuerte en mi cabeza, calor y sed por todo el esfuerzo al pedo. Trato de mojarme la cabeza, me balanceo y se me dio vuelta el Kayak, al agua pato. Luego de varios intentos logro subirme nuevamente.

Emprendo el regreso, lento y adolorido, llego a la rompiente. Espero se calme y arranco a media velocidad, lo suficientemente lenta para ser alcanzado por la otra tanda de olas, sobrevivo a la primera y segunda, casi me revienta la tercera, la cuarta me levantó la cola del kayak obligándome a tirar un clavado en medio metro de agua. Con toda la cara raspada, incinerado y el hombro roto devuelvo el kayak y no pienso volver a subirme a uno en mi vida.

Vuelta en micro: él bebe llorón y la señora locomotora

Un par de días previo al día planeado de regreso, voy a la terminal a comprar mi pasaje y específicamente pido una butaca en la cual no este ocupada la contigua, restaba esperar no compraran la otra, en vano.

Llega el día, voy con mis tres bolsos de equipaje más el de mano, subo, me siento y no ocuparon el otro, por suerte.  Pasaron toda una peli, una parada y seguía vacío. Segunda peli, otra parada y para mi pesar sube una señora con un niño pequeño. El crío venía durmiendo, hasta que el hambre lo despertó, agárrate Catalina. La leche que traía la madre estaba fría, no la quería, seguía llorando. Le pide al oficial a bordo le traiga agua caliente, el recipiente estaba vacío, lo llena, él bebe sigue llorando. Esperando se caliente el agua, ya gritaba y pataleaba, recibí algunas. Logran hacer la leche, la toma, se calma. El dolor de cabeza me continuó unas tres horas y todavía siento un “piii” en el oído derecho. Se bajan al anochecer, un rato solo de tranquilidad.

En la noche se subió una señora mayor. Yo venía torrando como los mejores, no me había dado cuenta de esta nueva pasajera hasta que siento el sonido de un tren de locomotora a carbon toda oxidada que me despierta, la señora roncaba como ninguna. Trato de seguir durmiendo, imposible. Veo que había despertado a todo el micro, un viejo me hace seña de zamarrearla, me daba cosa, empiezo chocando su codo que lo tenía en el apoya brazos y me hago el dormido, nada. Le golpeo su pierna con la mía, nada. Hago que me suene el celular cerca de su oreja, nada. No quedaba otra que zamarrearla, apoyo la mano en su hombro la sacudo un poco, el trompadón por acto reflejo que me dio ni les cuento, recule y me la di contra el vidrio, quede estúpido por un tiempo, todavía tengo un poco morado el ojo. Lógicamente no intente hacer nada más, siguió roncando como las mejores, sin dejar dormir a nadie, hasta las 6 de la mañana que se despertó, a las 7 se bajó.

Así fue como regrese a los pago mendocinos, con mini-desgarro de hombro, chichón en la frente, perforadas las manos por los anzuelos, leve sordera del oído que a veces me afecta el equilibrio y el ojo morado. Cual mendolotudo no podía esperar unas vacaciones “normales”.

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