Consentida… un relato que te va a incendiar

No era perfecto. Tal vez no era el más lindo, ni el más alto, pero a mí me gusto. Era perfecto para mí, y estaba en el mismo bar que yo.

Tomamos algo juntos, tenía una banda y 35 años. No teníamos nada en común, solo unos pocos conocidos y las ganas de irnos de ese lugar.

Nos fuimos a la mitad de la noche, tipo 3:30 y nos subimos en su auto negro, (no se mucho de autos…). Me senté de su lado y me sentía una diva.

– ¿A dónde querés ir?, Dijo.

– Sorpréndeme, le dije. Trataba de medirme con lo que hablaba, no quería quedar como una nena caprichosa o que el uso de mis palabras hiciera notoria la diferencia de edad.

– ¿Jacuzzi?, preguntó, y se me ilumino la cara, nadie me había llevado a un telo caro, y ¡menos con jacuzzi!

– ¡Sí, vamos! Dije, tratando de disimular mi emoción.

Caballero de años y con varios telos encima, pidió para nosotros la especial. Guardó el auto en el box y hasta no cerrar las cortinas no baje. Abrió la puerta de la habitación, tenía dos sillones, una mesa alta con dos sillas altas, una iluminación lujosa, una cama hermosa, y el jacuzzi. Mientras el preparaba el agua yo inspeccionaba como una nena el resto de la habitación, maravillada con todo, y creo que eso le gustaba.

Sentado en los escalones del jacuzzi, y yo parada en frente de él, me tomó por la cintura y me besó el abdomen, fue un gesto muy cariñoso mientras yo le acariciaba ese fino pelo negro y dijo:

– Al fin solos…

Me alzó. Crucé las piernas por su cintura y me llevó a la cama. Me sacó la remera mientras su manos me recorrían entera; me saco el corpiño y se detuvo a mirarme… le sonreí y se abalanzo sobre mí, dejando su cara entre mis pechos, besándolos como si fuera ésa nuestra única vez juntos… Siguió besando mi contorno y comenzó a descender me desprendió el pantalón, me dejo unos besos de entrada y me lo sacó. Mientras terminaba de sacarme la ropa, yo me giré en la cama para que me mirara la cola… la miró y se mordió los labios… Me apretó con mucha fuerza y posó sus besos donde desaparece la bombacha… me giró violentamente, le facilité la tarea sacando mi ropa interior que estaba empapada… se quedó mirando unos segundos otra vez… me encanta esa mirada previa a comerme toda… me excitó… ¡Cómo se movía esa lengua!… era un conjunto de todo, esa barba rasposa de días ahí, de hombre despreocupado rozaba mi piel sensible, creando nuevos placeres dentro del sexo oral… se deleitó conmigo un rato y tuve que frenarlo o acabaría ahí mismo.

Me tocaba a mí. Lo tiré a la cama, le besé la boca con todos mis sabores en él todavía… y bajé por su cuello, su torso desnudo y bajé hasta su bóxer negro… lo mire con una sonrisa y mirada vampírica, se lo saqué y la vi… era perfecta, hermosa muy cabezona, llamándome… quería que me la comiera toda…y en ese momento supe que quería ahogarme con esa pija… Le chupé la cabeza como si fuese un helado del más rico, jugaba, la mordía. La miraba una y otra vez, hasta que lo agarré desde la base y me lo metí hasta el fondo, bien profundo, me la devoré miles de veces… como me gustaba escucharlo disfrutar… Al cabo de unos minutos más tarde, aún colorada y con los ojos llenos de lágrimas, subí cansada hasta su lado y entre jadeos le dije:

– ¿Vamos al agua?

El se metió sin pensar, para mi gusto, el agua estaba caliente y me distraje un poco pero me tomo de las piernas y me deslizó hacia abajo, no puede evitar hacer alguna cara pero a él le gustó y me pregunto preocupado si estaba bien, a lo que yo le respondí que sí. Me sentó de frente sobre sus caderas. Yo estaba fascinada con todo, y en mi cara se reflejaba mezcla de felicidad pero con mirada turbia y una mueca perversa. Me mordía los labios mientras hacía fuerza con las rodillas apoyadas en el fondo del jacuzzi y gemíamos juntos. Su pija entraba con fuerza, y luego yo me alejaba hacia arriba con un ligero movimiento circular de caderas haciendo que saliera todo su tronco pero no la cabeza, y me sentaba con fuerza otra vez. El agua salpicaba nuestras caras y mi pelo se mojaba haciéndome sentir sexy…

Me dispuse a salir de esa posición para ponerme en cuatro y con las manos tomándome del borde, dejando mi culo fuera del agua, a su vista para que me penetrara bien hasta adentro, bien profundo. El agua salpicaba más y más, incluso mojamos algunas prendas que habían quedado tiradas en el suelo. Me manejaba desde mi cintura con mi torso bien abajo y cada tanto una mano suya jugaba con mi clítoris o me apretaba los pechos… Me puse en vertical, sintiendo su pecho peludo en mi espalda, nuestros cuerpos emanando el calor que evaporaba las gotas de agua. Me saboreó desde la oreja a la nuca, me giré y nos fundimos en un beso eterno…

Ambos nos sumergimos con el agua hasta el cuello y uno de los hidrojets quedó muy cerca de mi vulva, masajeándola como solo el agua lo hace, me quedé ahí unos segundos y los dos nos reímos lo que dura una mirada. El estaba acostado con su brazo y pierna derecha hacia arriba, y yo igual por delante de él como si fuéramos a hacer cucharita. Me llevó desde mi cintura hacia su pelvis y con fuerza entró en mi otra vez; después, y sin sacarla, puse mi pierna derecha sobre su pierna derecha y mi pierna izquierda entre sus dos piernas y seguimos disfrutándonos… como me gusta esa posición… la pierna que quedó sobre mi clítoris me estaba sobre-estimulando, así que le dije que quería que acabáramos en la cama. Sin demasiadas charlas y limitándonos a solo preguntarnos si nos gustaba, salimos del jacuzzi.

Contagiando al resto de la habitación de la humedad de nuestros cuerpos, llegamos a la cama. Los movimientos eran cada vez más intensos… las gotas de agua se desaparecían y los escalofríos eran cada vez más seguidos… Mirándolo desde arriba veía el blanqueo de sus ojos anunciando el momento de su final… y en un segundo de suspiro, nos unimos en gemidos y fluidos, exactamente en el mismo momento, y sentirlo latir adentro mío fue alucinante…

Juramos nunca más volver a vernos. Demasiado bueno para ser real.