Cuarentena, la sequía sexual de Bulo

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La siguiente sucesión de hechos fue extraída de la bitácora de nuestro amigo Aristóbulo Oquiolafleccha, “Bulo” para todos nosotros. Esperamos que San Pedro te abra las puertas del paraíso después de todas las cargadas que te mandaste Bulo querido.

Para los que no lo conocían, Bulo era un tipo común, aunque la noche lo tenía un poco descarrilado. Estudiante de economía al día, trotamundos de bares a la noche, sus  compañeros no comprendían cómo podía sacar tan buenos resultados en los exámenes. La Arístides era su lugar de fechorías, más de la mitad  de los bares lo rechazaban. Bulo era propenso a embriagarse y arrojar bebidas en todas las direcciones, lo que fastidiaba a todos los presentes. Por eso sus amigos intentaban alejarlo del alcohol, tarea en la que fracasaban casi siempre.

Un quince de Marzo, hace ya unos meses, se declaró la cuarentena por la presencia del COVID-19 en el país, este desafortunado hecho nos tiene padeciendo hace meses. En un principio sólo pidieron que nos quedáramos en casa, pero luego la situación empeoró y se nos obligó a permanecer en nuestros hogares por la fuerza. Lamentablemente muchos no resistieron, no por el virus en sí, sino por el encierro y la falta de satisfacer necesidades básicas; como realizar ejercicio, asaltar un supermercado chino o asistir a los lugares de trabajo.

A continuación dejaremos a su disposición la desgarradora historia de Bulo, en una libreta anotó todo lo que ocurrió con él durante esta oscura etapa de nuestra historia, ésta tenía una nota que rezaba:

“A mi barman y amigo Pericles:

Ya no soporto más este tormento, en caso de que pase algo quiero que te quedes con esta bitácora. Espero que la conserves para que mis memorias sean eternas. Si estoy exagerando no te preocupes, ya nos vamos a tomar hasta el agua de la acequia cuando termine esta tragedia, prepara los chupitos y las pintas, porque me hacen falta dos cosas: sexo y escabio.

Como sé que es difícil que me des sexo, garantizame el alcohol, no seas vigilante, hijo de puta.

Bulo.”

Bulo querido, es por eso que vamos a mostrar tu historia, para que todo el mundo la conozca. Este es nuestro homenaje para vos hermano.

Bitácora de cuarentena

Día 1:

Llegué ayer de la facultad y nuestro Presidente nos pide que nos quedemos en casa, es comprensible esto, aunque no sé cómo mierda van a mantener la economía estable, ese es otro tema.

Mi vieja está un poco paranoica y ayer fue a llenar el auto de mercadería, quince lucas decía el infame tiquete, pero ella dice que prefiere tener todo lo necesario. No sé dónde vamos a meter tanto papel higiénico.

Día 2:

Me puse a arreglar algunas cosas, mi vieja me vio “muy tranquilo”, según ella. Tuve que cortar el pasto, arreglar las pérdidas del surtidor y bañar al gato. Me arde todo el brazo, la puta que te parió, Garfield.

Me escribió Lucía, me dijo que estaba un poco caliente, pero sé que no puedo salir. Dicen que hay riesgo de contagio, pero de última me voy a contagiar ladilla en el peor de los casos.

Mi vieja me golpeó la puerta del baño, dice que tres horas adentro es mucho y que otros tienen que usarlo, no puedo mirar Instagram ni vídeos de chinos haciendo helicópteros de bambú tranquilo. Ya van dos días y tenemos el primer roce.

Día 3:

Tengo más ganas de ponerla que de respirar, quise salir y la señora de enfrente está mirando todos los movimientos por la ventana, al parecer hay un número para denunciar a los que salen. Manuela va a ser mi única compañía en este momento.

Me estaría cagando en el chino que se tomó la sopa de murciélago esa.

Arreglé el calefón, pero sigue perdiendo gas. Mi hermano me deliró, le dije que no soy gasista.

Fui a buscar fernet y me quedan cuatro botellas, la situación se está poniendo dura.

Día 4:

Me estaba afeitando las bolas y me lastimé con la máquina, arde un poco el huevo izquierdo, pero no hay nada de qué preocuparse.

Todavía nos mandamos fotos hot con Lucía. Comienzan a sospechar que me quiero escapar, tienen razón.

Sospecho que mi hermano se comió la milanesa que dejé en la heladera, ya no se puede confiar en nadie.

Día 5:

Ya tengo mi plan listo, me voy a escapar esta noche por los techos, Lucía me espera en su departamento, sólo falta ver la movilidad. A esta altura voy corriendo en ojotas a verla, mis amigos con pareja me están empezando a gastar por mi falta de sexo.

Vinieron los testigos de Jehová, salí y les tosí en la cara para que se fueran, dijeron que si rezaba iba a ser inmune al virus. Es una buena opción, pero no creo en la castidad. Que la chupen.

Día 6:

El plan fracasó, la señora de enfrente me vio por arriba de los techos y llamó a las autoridades. Esto confirma mi teoría, eran las cuatro de la mañana, la doña está todo el tiempo en la ventana. Debo mejorar mi estrategia.

Hubo reunión familiar y discutimos fuerte, creían que era un delincuente y la policía casi abre fuego. Mi madre teme por mi vida, me trató de inconsciente, no entiende mi padecimiento.

Descubrí que mi hermano se robó la milanesa, lo confesó en la discusión. Ya me voy a vengar.

Día 7:

No hay mucho que contar, me maté a pajas y Lucía está enojada, dice que la dejé plantada. No me quiere ver más.

Tengo depresión por el asunto.

Día 8:

La cosa se puso jodida, hoy el Presidente salió en cadena nacional y declaró toque de queda, los casos han aumentado. Si te encuentran en la calle te devuelven a tu casa, previa patada en el culo por idiota.

Estoy planeando escaparme otra vez, pero tendré que cuidarme de la vieja bisagra y de la policía. La cosa está más complicada.

Día 9:

Me atraparon.

No me puedo sentar, tengo un moretón enorme en la nalga, el borceguí del oficial era bastante pesado, y parece que el maldito estaba entrenado.

Le pedí disculpas a Lucía, le conté que iba a ir a verla y me trató de estúpido, parece que a ella también le agarró la paranoia.

Me doy cuenta de que no llego a las mesas de mayo, ponerla se ha vuelto mi prioridad.

Los pibes me dijeron “alambre de escoba” en el grupo.

Día 10:

Hoy cobré venganza, le robé los chocolates a mi hermano, estoy comiendo un poco más de lo normal.

Ya no hay página pornográfica que no haya visitado, a lo que llega la necesidad. Me masturbé con una revista Rumbos de hace cinco años, con una foto de Lali Espósito. Mi mamá me descubrió. Qué vergüenza.

Día 11:

Comenzaron las alucinaciones.

Veo vaginas en las paredes, la necesidad es muy fuerte, comienzo a sentir atracción por la vieja que vive enfrente.

Cuento los días para que termine esto.

Día 12:

Me tomé un cafecito y respiré profundo, faltan tres días.

No sé qué hacer con la pija, hoy le puse tinta azul en la punta y escribí estas líneas.

Traté de aplastarla con la tapa del inodoro, la situación es crítica.

Se acabó la dotación de fernet anoche, tanto que la hice durar.

Lucía no quiere hablarme, sigue enojada conmigo. Me quiero matar, pero si me mato va a ser a pajas

Día 13:

Todo está bien.

Día 14:

Lucía me escribió, me disculpó por fín. Estoy caminando por las paredes.

La vieja denunció a mi vecino, el Jota. Le hice señales obscenas por la ventana y discutimos, intervino Gendarmería.

Me quiero cortar las bolas.

Día 15:

Por fin se termina la tortura, ya arreglé con Lucia y mañana voy a su casa, ya no aguanto más, tengo las bolas como un tiki-taka.

Hoy me largué a llorar de la emoción, mañana me voy a levantar temprano, voy a salir a correr y voy a coger, por fin.

Día 16:

El gobierno extendió la cuarentena por 15 días más.

Coronavirus y la puta que te parió.

Estas fueron las últimas palabras de Bulo, un infarto de miocardio terminó con su vida después de autosatisfacerse durante un tiempo, indeterminado por los forenses, pero lo suficiente para reventar su roto corazón.

Su velorio fue a cajón cerrado y tuvo poca concurrencia debido a la pandemia. Nadie pudo borrar su cara de satisfacción, mezclada con dolor y lágrimas, que no dejaron de brotar de su rostro, incluso después de muerto. Una extraña protuberancia fue agregada en el cajón, en la zona donde aparentemente estaba la entrepierna.

Bulito, te extrañamos, un caído más por la ingesta indiscriminada de sopa de murciélagos, descansa en paz, querido.

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