Verano: el calorcito, los hombres y sus piropos

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Hoy vamos a analizar: el calorcito, los hombres y sus piropos.

Está comprobado científicamente que cada cambio de estación provoca en el ser humano una revolución a nivel hormonal.

¿Será cuestión de mostrar más piel lo que ocasiona en el sexo masculino la alteración de su vocabulario cotidiano?

“Mamita, ¡Qué rrrrica que estás!”: Piropo carente de creatividad, si los hay. El análisis psicológico de esta filosófica frase data de un interlocutor con un complejo de Edipo grandísimo como el mismo sonido de las “rr” saliendo de entre sus dientes.

Firmemente, pienso que esos tipos tienen problemas mentales. Directo y conciso: ¿Cuál es la necesidad de andar gritando que te gusta el culo de la señorita que va caminando por la vereda?

“Hermosa, te lo dejo florecido”, frase muy primaveral, propicia para esta nueva estación. Pero que me encrespa hasta el más minúsculo nervio (y no de excitación precisamente). Y si una no tuviera miedo a que el imbécil hablador sea un violín, sostengo que devolvería a gritos una puteada de esas que nacen de las entrañas “¡¿Pero qué te pasa, pelotudo?!” (Mujeres, que quede solo en la imaginación, la vez que lo hice, me siguió hasta mi casa con el “topi” afuera).

“Vos con tantas herramientas y yo trabajando a mano… cosita lenda, chiquita… ” y zarta de boludeses más. “Papito” así nunca vas a llegar a carpintero. Vas a lavar a mano, darle a la maniavela, limpiarás tu propia tubería, pulirás el casco del soldadito, te peinarás, tocarás las maracas, soltarás a la cobra, rasparás el fosforito, le cantarás a Doña Manuela, matarás neuronas, tocarás el contrabajo, cargarás la escopeta, desplumarás a tweety,  tocarás la zambomba, y cuanta maniobra de auto-satisfacción comprenda, SOLO.

Pienso si esto de escuchar piropos subidos de tono fuese una normalidad en la vida de una. Si fuésemos al verdulero y nos dijera: “Buenos días Juana, le pongo en la bolsita los 2 kilos de naranja y acá tengo una banana para chuparse los dedos, eso va de yapa”. ¡Imaginen la cara de mi vieja… o de la tuya!

Constantemente me pregunto, las mujeres se preguntan, me preguntan, en fin, nos preguntamos, si alguno de estos especimenes, alguna puta vez en la vida se ganó a una mina diciendo alguna estupidez de esas. Lejos, lejísimos del halago, espantan hasta las de más baja autoestima.

Aunque no es de profesional meter a todos en la misma bolsa, también están esas a las que les simpatiza que les digan guarangadas. Esas que zarandean el culo como pandereta, que llevan tatuado en la piel el jeans que usaron en el bautismo, esas que llevan las tetas de collar… (mujercitas a las que dedicaré un próximo apartado).

A las que les gusta, felices y dichosas de disfrutarlo. A mí, me cae como la misma mierda. A los caballeros que gozan en decir piropos, os recomiendo comprar un diccionario, googlear “distintas maneras de cortejar a una dama” y hacérselas poner por un burro. Fin de la sesión.


El año pasado escribíamos:

Pymes Chorros y su nuevo corte de difusión