Después del fútbol y la carne: ¡Paja para todos!

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Como madre de un varón de cinco añitos, a veces su carita me enternece…. Pienso que cuando sea viejita, me va a cuidar él a mi, me va a llevar a pasear los domingos a la tarde (para dejarme en el asilo de vuelta a la noche) y me va a comprar los antidepresivos, antireumáticos, antiinflamatorios, antihistamínicos, antialérgicos; en fin, todo los anti que se necesitan para soportar la puta vejez.

Sin embargo, como soy muy viva, se que entre la carita de ángel que tiene ahora y la de hombre templado de su madurez, va a existir una etapa -dura, si las hay en esta vida-, en la que van a reinar los granos en la frente, los pelos ralos en la barbilla (y en otros lugares de su anatomía), el pelo grasiento, el olor a pata y una indefectible expresión de pelotudo….Y si, no le va a escapar a la adolescencia el vago….

En esa etapa, quisiera poder trasmitirle toda mi sabiduría y experiencia. Quisiera que no sufriera como sufrí yo los cambios de mi cuerpo sin poder hablarlo ni compartirlo con nadie….En una palabra, quisiera decirle que lo único que se le va a poner duro durante su adolescencia no es la vida, y que en muchos momentos, no le va a quedar otra que arreglarse el solito (porque dadas todas las características que describí antes -y que con mi ojo de madre clínico veo venir, es decir, granos y otras asquerosidades- no creo que la ponga hasta los 19 o 20, cuando se le acomode un poco la trompa…).

En ese sentido, me gustaría poder decirle de frente manteca, aunque más no sea con un cartel en la heladera: “Hijo, tu padre ha salido a hacer horas extras, como todo los días, para pagar a las profesoras particulares de inglés, física, química y matemática. Yo me voy a gamba al supermercado, a comprar 34 paquetes de salchichas para que tengas de cenar durante la semana. Vamos a volver en dos horas, más o menos.  Así que quedate en casa, y no vayas a jugar a la play o a invitar amigos, aprovechá el tiempo para clavarte dos o tres buenas pajas. Bueno, me voy… ¡que la pases lindo!”.

¿Qué? ¿Les parece muy zarpado? ¡Por favor! Si yo no hubiese tenido la fortaleza mental que me caracteriza hasta ahora y me hubiese gustado mas usar las manos para hacer pulloveres al crochet que para autosatisfacer mis necesidades corporales…. ¡Hoy estaría psicótica! ¡Y por ningún motivo voy a dejar que eso le pase a mi bebé! Paso a relatar mi triste y larga historia.

Todo empezó cuando a los 14 añitos, se me dio por descubrir a Dios. Como era medio psicobolche, empecé con el control mental, pero me dormía  y nunca veía el aura, el alma ni una mierda. Pasé luego a una iglesia evangélica, pero desistí porque me daban un poco de miedo los gritos y demás invocaciones a Dios ¡para ser salvo, amén!. No me quedó otra que pasarme a las grandes corporaciones y saqué mis cuentas: en la musulmana estoy cagada (soy mujer). En la judía también (no tengo un mango). Por tanto, me fui a nuestra vieja y querida iglesia católica.

Al principio todo bien. Eran medios pavos los pibes, pero nos divertíamos con el cancionero y siempre había un cumpleaños donde pasar el sábado. Los domingos mi casa era tan deprimente que prefería ir a misa (¡Imagínense el panorama!).

El problema fue cuando el cura nos dio una charla de sexo. Como para esa época era mas virgen que la mismísima María, fui absolutamente confiada de que conmigo iba a estar todo bien. Nunca he cometido un error tan grande en toda mi vida. Cuando terminó de darle con un hacha a las relaciones pre matrimoniales (porque era seguro que te ibas a casar), siguió con la masturbación. Ví que un par se apoltronaban incómodos en sus asientos y me quedé tranquila: no iba a sospechar sólo de mí…

Y entonces empezó el sermón más perverso que haya escuchado jamás. El orden de ideas era el siguiente (perdón si se me escapan algunos detalles, pero como fue la última vez que fui al grupo, no pude evacuar las dudas con nadie): mi cuerpo es sagrado porque Cristo vive en mí. Si me masturbo, profano mi cuerpo. Si profano mi cuerpo, enojo a Cristo: Pero lo mas terrible no es el enojo celestial, sino que estoy profanando al Cristo que está adentro, porque…. En una palabra…. ¡lo estoy masturbando!

¡Santo Dios! (A Cristo no podía invocarlo, dada la vergüenza que tenía por todo lo que le había hecho). ¡Que impresión! ¿Yo le había hecho eso a nuestro señor? ¡Ay, Dios mío! Casi me desmayo….

Estaba en una encrucijada: o dejaba la religión o dejaba la paja. Juro que lo intenté con todas mis fuerzas, pero como dice Sambayoni, dejé todo, pero no pude dejar la paja….

Así que pasó el tiempo. Mi ateísmo, la paja y yo nos llevábamos de mil maravillas y por lo menos, no tenía que andar rezando ni pensando que las cosas tenían sentido en el plan de dios ni otras boludeces cristianas y mi cuerpito, entre los chocolates que me comía y los sofocones que me pegaba, desbordaba endorfinas que hacían menos miserable mi vida de adolescente intelectualoide y gorda.

Pero siempre, lo bueno dura poco….

Allá en 4° año, teníamos una materia que se llamaba psicología evolutiva. Vimos al feto, lactante, deambulador, niño, etc….Cuando llegó la bolilla de la  adolescencia la profe nos habló del descubrimiento del cuerpo y toda la sarasa pertinente. Cuando habló del tema hormonal, nos dijo que la masturbación era normal. Hasta ahí, genial. Pero remató: “Por lo general, se entiende que es normal masturbarse hasta los veinte o veintiún años, luego de esa edad, se considera patológico”. “¡Zas!” Pensé yo, esto tiene fecha de caducidad, después de eso, soy una enfermita…. Bueno, cuando llegue el momento me preocuparé, por ahora….¡a disfrutar se ha dicho!

Pasaron los años, el viaje de egresados, el preuniversitario, primero y segundo año de la facultad y con veintitrés añitos, lo único que no se pasaba, eran las ganas de hacerme la paja. Menos furiosamente y mas espaciadas, pero las ganas estaban ahí, intactas como el primer día.

Entonces pensé: “Bueno, quien dice 20 o 21 años, dice 22 o 23”. Y pasó. Claro, el problema vino a los 24. Entonces dije: “No soy una enferma, tengo el metabolismo lento, seguro que se me pasa en un año o dos”. Vinieron los 25, 26, 27. Me recibí:  a los 28, mis desvelos laborales y profesionales ocuparon toda mi mente. Por tanto, literalmente pateé el tema y me dije: “Cuando resuelva mi situación económica, me voy a ocupar seriamente de saber si soy un monstruito,  ahora entre el laburo, el gimnasio  y la nutricionista (ya no era gorda, pero tenía que hacer mis esfuerzos), no tengo tiempo de nada.”

Luego vino mi hijo (y mi marido con él). ¡Imagínense el trabajo que da un bebé, un marido, el laburo, el gimnasio y la nutricionista! Menos tiempo todavía (para pensar, porque para hacerme la paja, siempre había un lugarcito.) Pero el niño ya tiene cinco añitos, mi cónyuge aprendió a hacer bifes a la plancha él solito,  trabajo menos y gano un poco más y me quedan tres kilos para llegar al peso que quiero.(Bueno, cinco kilos…)

Por tanto, en mis cuarenta flamantes años, me pude sentar en el patio de mi casa, prenderme un pucho y pensar en lo que había pateado tantas veces para adelante…. Luego de dos pavas de mate con chuker, llegué a una conclusión, que me alivió y me dio luz y fuerzas para seguir adelante…. ¡La profesora de psicología no sabía nada de nada!¡Era una imbécil! ¡Y era una garca de derecha! ¡Su postura develaba la opresión de la oligarquía y el capitalismo salvaje a los derechos mas inalienables de los seres humanos!

¡Hasta la paja siempre, comandante! ¡Podrán cortar todas las manos, pero no podrán detener la paja! ¡La paja al poder! ¡Yuuuuuuuuuuuujjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjuuuuuuuuuuuuuuuu! ¡Soberanía política, independencia económica y libertad de pajearse! ¡Paja: ni un paso atrás!

Como furiosa kirchernista, puedo asegurarles que en este país nunca han existido niveles de paja tan altos y sostenidos como ahora. Por eso  milito para Cristina, porque el programa “Paja para todos” es mi granito de arena al modelo nacional y popular…..No se olviden el 23 de votar al “Frente amplio de la paja”, la colectora más transversal y democrática de todas las alternativas.


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