El día que me candidatee pa’ sheina

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Porque me guuuusta el arte y me gusta bastaneeete la literatura voy a contarles esa historia que, a los pocos que me conocen, vengo prometiéndoles hace meses. A cualquier chica le hubiera gustado ser reina de la vendimia y no por el levante (porque no somos hombres) sino por los vestidos, los zapatos y claramente por el chupe. Bueno, la cosa fue que con mis 21 años me animé, ahí les voy:

  1. Cómo me anoté: Pertenezco a Rodeo de la Cruz pero me mandaron a otro distrito porque TONGO. Me anoté y juro por la virilidad de mi ex que me sentía una re diosa y ya me veía ganadora tirándoles melones a Paco Pérez.

  2. Cuando se lo conté a mis viejos: ¿Vieron que dicen que para los padres sus hijos son lo más hermoso que hay? Boe, mi papá se llevó esa materia a Marzo porque se negaba a disimular que yo tenía alguna chance de ganar. Y mi mamá que es más linda que dormir la siesta me quería comprar un vestido decente para la noche de la elección, porque como linda y buena minita el único vestido que tengo es el de mi cena de egresados y tiene más tajos que tu vieja. Punto para ella.

  3. Cuando se lo conté a mis amigos: No fue fácil. Si mi viejo (que según mi mamá fue el dador de la mitad de mis genes) no cree en mi belleza exótica, imaginen al grupo de choborras de mis amigos cuando se enteraron. Nos juntamos una noche a ver unas pelis y mientras les proveía de sustancias alcohólicas (para evitar recuerdos al día siguiente) les conté de mis sueños y de la decisión que había tomado. Conclusión: Les importó un carajo que estuvieran tirados en el living de mi casa, (algunos en cuatro porque pintó el descontrol) nada, absolutamente nada iba a ser más patética que mi presentación esa noche. ¡Tenían razón! Lloro shampoo plusbelle de manzana les juro.

  1. Cuando conocí a mis rivales: Nos citaron por teléfono, a las cinco de la tarde teníamos que presentarnos en la delegación de ese distrito y yo estaba más nerviosa que pedófilo en guardería. Bueno, finalmente fui a conocer a las que serían mis contrincantes, llegué y escuché la voz de otra chica. No pronunciaba ni las eses así que deduje que no iba a ser competencia. Entré, la miré ¿y a qué no saben qué? La conocía, y no sólo eso sino que vive a dos cuadras de mi casa. Además de mal hablada, no es del todo agraciada pero tiene ojos verdes que me iban a romper el rosquete de una. Al rato llegó otra chica, linda, lindo pelo, hermosas uñas, alta, todo muy lindo peeeero no hablaba. La verborragia se la olvidó en el útero de su madre. Ella estaba acompañada por su mamá y yo me sentía más sola que loco malo. Punto para ella. Después llegó otra de las chicas, rubia y bonita y finalmente llegó la última, tenía cara de quinceañera recién desvirgada, no le presté atención porque además de ser más fea que pisar caca descalza, se había jugado al truco el requisito “medir más de un metro sesenta” porque estaba más cerca del suelo que del marco de la puerta. Al último les di mi Facebook, ellas los suyos y claaaro que hubo stalkeada.

  2. Se bajaron dos: Cuando ya tenía más asumida mi derrota que Nico del Caño, nos enteramos (mediante un grupito de whatsaap que armamos) que dos chicas se bajaban de elección. La última que les nombré, porque se hizo daño en el pie practicando una pose del kamasutra o en natación, no me acuerdo bien y la segunda porque estaba convencida que la chica rubia iba a ganar. Imagínenme a mí, estaba más contenta que testigo de Jehová en fábrica de timbres porque se reducía a tres el número de posibilidades de ganar.

  3. Nos volvieron a reunir: Teníamos que grabar nuestra presentación entonces nos pidieron que volviéramos a ir a la delegación, pero vestidas con ropa cómoda. Ese mismo día nos comunicaron de manera oficial que dos de las chicas habían desistido de participar de la elección y que les habían encontrado reemplazo.

  4. Conocimos a las nuevas: De repente y mientras digería la noticia apareció una morocha, metro ochenta y encima la lunga se había puesto tacos de quince centímetros, lo que me hacía ver como uno de los enanos feos de blancanieves (y nadie quiere a los enanos). Tenía olor a cebolla recién pelada pero pensé que para la fiesta se iba a bañar. La segunda chica era más bajita que yo pero tenía cara de Vicky Xipolitakys post coito. No tenía el secundario completo y tampoco estaba en sus planes completarlos. La subestimé.

  5. La noche de la elección: Fue a fines de Octubre pero el día estaba más ciclotímico que Conep, así que hacía más frío que en la cancha de Racing. Yo me puse un vestido color coral mientras me hacía la diosa porque no conocía la autocrítica. Después de ver descoordinados bailes, llegó el momento de los votos. Empezó ganando la chica rubia, segunda iba la alta con olor a chivo y yo… bueno, me quedaba lindo el vestido. Pero la votación se dio vuelta y empezó a ganar la piba que olía mal y segunda iba la que no había terminado el secundario, todo muy hermoso. Finalmente ganó ella y yo para ese instante me quería cortar las tetas con una medialuna de manteca. Porque perder con una chica linda y culta bueno, pero con una que apenas conoce el agua y el jabón no.

Después me volví a anotar para otro distrito (ya les dije que no tengo dignidad) y volví a perder. No hay remate.

#NoVotenPorMíYaEstoyMuerta

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