El día que Celso Jaker llegó al cielo

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¡Bang! Sonó el disparo… entonces no sintió nada. Miró a su alrededor… estaba todo tal cual. Se llevó las manos a la cien y palpó la herida… no había nada, no había herida. Desorientado Celso Jaker se puso de pie… y fue ahí cuando se dio cuenta.

Su cuerpo inerte estaba en el suelo, con un agujero de una Smith & Wesson calibre 44 que ardía en la cabeza de aquella bolsa de carne y huesos. De pronto se vio a él mismo ahí tirado, poco a poco comenzó a levitar. Miro sus manos semitransparentes y lo entendió todo… era un espíritu.

Casi por inercia miró hacia arriba, cuando todo su entorno poco a poco comenzaba a oscurecer. Apareció la fatídica luz blanca al fondo.

– De haber sabido que esto era así hubiese escrito “los tunelotudos”, hablando mal de todos los paparulos que dicen ver esta estúpida y freak luz… ¡que flash! – murmuró Celso al tiempo que ascendía del piso hacia la luz.

El viento golpeaba sus cabellos, la brisa le ponía la piel de gallina, estaba cada vez más cerca de la luz. De pronto todo se comenzó a aclarar, la luz lo empezó a enceguecer, todo se tornó blanco y radiante, ardiente a los ojos…

– ¡Como no me traje los Luxuriator Style la puta madre! – se lamentó Celso al tiempo que frotaba sus ojos.

Y de pronto hizo pie, en algo aparentemente firme, pero que se ablandaba con el caminar, como estar pisando algodón, como en una nube.

– Bienvenido al purgatorio – se escuchó como un eco de fondo.

– ¿Purga que? ¡Si no alcancé a darle ni tres dinks al Johnnie Walker, man! ¿Qué me vas a purgar?– contestó agresivo Celso.

– Purgaremos tus pecados hijo – dijo la voz y de pronto de materializó en un gordo algo parecido al Ángel Gris, grandote, pelado, con cara de bonachón y ojos llameantes – Soy San Pedro.

– ¡ What that fuck! ¿me estas jodiendo Peter? – Exclamó Celso.

– No, señor Jaker. No le estoy jugando ninguna treta, es en este lugar donde purgaremos sus pe… – de pronto San Pedro miró extrañado las hojas que traía en las manos – Espere un segundo… ¿usted se suicidó señor Jaker? – preguntó San Pedro admirado.

– Estemmmm… mirá rocker, te voy a ser sincero… más allá del corchete o no, no se si he hecho tan bien las cosas en vida, por ahí te ahorro esfuerzo y ¡clang! Mándame en un Mirage al subsuelo – le dijo convencido Celso.

– Se nota que usted no tiene mucha idea de este sitio… ni del “subsuelo” al que se refiere – contestó San Pedro.

– Dejame entrar five minutes man, pirobear un rato, despilfarrar algo de cobre, cargarme unas joyas y algunas pieles y vas a ver como te traigo en cuatro hojas de Word un resumen titulado “Cielotudos” que te caes de culo – dijo socarronamente Celso.

– Mire Celso, usted parece que no entiende… ¿de que religión es? – Preguntó San Pedro.

– Capitalista, de centro derecha, con un touch de liberalismo… onda hippie chic, pero no de Palmares, sino de Palermo ¿la ves tigre? – Contestó firme Celso.

– No estimado, usted no entiende. Al cielo entran los buenos, al infierno se van los malos, previo a ser juzgados en esta sala, pero los suicidas… los suicidas no son juzgados. Los suicidas directamente van al infierno, lo siento – comentó apenado San Pedro.

– ¿Pero Peter? ¿Qué onda? Tirame una juzgadita al menos. Además no sabes ni siquiera porque me suicidé, si supieses me dejarías entrar – le dijo Celso.

– ¿Y porqué se suicidó? – Preguntó San Pedro.

– Bueno, la historia es simple. Resulta que…

De pronto un joven barbudo irrumpió en la sala y Celso se calló automáticamente.

– ¿Qué pasó? – Le preguntó San Pedro al barbudo. – Estoy en audiencia.

– Nada… mi viejo. Está re caliente, quiere verte ya. Dice que…

El barbudo se quedó callado en el momento justo que miraba a Celso, como recién percibiendo que había alguien más en el purgatorio.

– ¿Celso? ¿Celso Jaker? – preguntó el barbudo.

– ¡Warrior! ¿¡Qué haces acá championship for ever Young!? – le dijo contento Celso.

¡ Foreeeever young, I wanna beeeee, Foreeeeever young, Do you really want to live foreeeever, Foreeeeever, Foreeeeever young! – Cantaron al unísono mientras reían.

– ¡Amigazo Warrior! ¡Fenómeno de masas! – gritó Celso al tiempo que abrazaba al barbudo.

– ¡Cumpa mío! Sshhhhh… hacela canuta, acá no me conocen como Warrior, sino como Jesús. Nada de win derecho, ni compa de zapartu, after ni poper – le susurró al oído Jesús.

 – Ustedes… se… ¿se conocen? – Preguntó dubitativo San Pedro.

– ¡Yeaaa maaan! Estemmm… perdón, si San Pedro, hace un tiempo bajé y me hice amigo de este atorrante – Le dijo Jesús a San Pedro. – ¡Pero vieja! ¡Te hacía dentro de sesenta años!

– Cosas de la vida – se limitó a responder Celso. – ¿Qué onda allá adentro? ¿Hay movida?

– Veni master of the universe, acompañame un toque que te muestro. – Dijo Jesús.

– Pero Jesús…

– Tranqui darling, el boncha está conmigo. – Calló Jesús a San Pedro.

– ¿Darling? ¿Boncha? ¿Qué esta pasando? – se dijo San Pedro y se quedó con cara de poker.

– ¡Bye mono! – Le dijo Celso más canchero que nunca a San Pedro… ¡no podes tener conocidos en el cielo!

– Resultó gorra el Peter, Warrior. – Le dijo Celso a Jesús.

– Es un choto bárbaro – le respondió Jesús, mientras entraban juntos al cielo… al paraíso.

Ahí dentro pasaron dos meses, hasta que nuevamente Celso fue citado al purgatorio…

– Nos vemos nuevamente estimado. – Le dijo San Pedro.

– Si rocker, ¿Qué pasó? ¿para que me citaste? – le preguntó Celso. – Hacela corta que me esperan unos minones infernales.

– Que ¿qué pasó? Pregunta… que ¿qué pasó?…. ¿usted está loco? ¿no se ha dado cuenta acaso? – Le preguntó indignado San Pedro.

– No man… ¿vas a largar el veneno o me mudo de tu room? – cortó en seco Celso.

– Mire imberbe, se la voy a hacer corta. ¿Cómo me pregunta que pasó? ¡Es un caradura!… desde que llegó este lugar es una locura. Primero hizo una VIP dentro del cielo, como si acá hiciésemos diferencia. Dejó entrar a quien quiso, transformando ese lugar en un antro donde renacían antiguos pecados, ¿no se da cuenta que Jim Morrison y Luca Prodan ya estaban curados? ¿Cómo se le ocurre juntarlos con Ray Charles? ¿Para que emborrachó al Ringo Bonavena y a Monzón y se fueron a levantar mujeres? ¿Le parece bonito andar floreándose con Marilyn Monroe por todos lados cuando era una pecadora conversa? ¿Y eso de dejarle ser dealer al turco Abraham? ¿Es loco usted? – le gritó enojado San Pedro.

– ¡Eeeee! ¡Relax arruga! Te va a dar un paro – le dijo tranquilo Celso.

– ¿Relax? ¿Relax? Relax voy a tener cuando usted se vaya de acá… ¿no se das cuenta del kilombo que ha metido corriendo con Fangio y Senna por las calles del cielo en Lamborghini, Ferrari y Bugatti? ¿Cómo si esto fuese una pista de autos locos? ¡Que tiene que andar dándosela de artista junto a Andy Warhol comentando pavadas y aspirando porquerías! ¿Usted es desquiciado? ¿Qué locura es esa de quedarse toda la noche jugando al poker con Rockefeller, Marlon Brando y Onassis? ¡Encima anda aspirando nubes por todos lados! ¿usted es tarado? – le dijo re caliente San Pedro.

– Bueno man… no te arrebates que lo llamo al Ringo. – amenazó Celso.

– Mire, usted el Ringo, Senna y Marilyn se pueden ir bien al carajo. Lo que rebalsó el vaso fue la que se mandó con Rodrigo, ¡escaparse de caravana, ir en una lancha a lo Miami Vice por todos los lagos del Cielo, implorar que venga Cerati, cansarse de tirarle huevazos y piedrazos a Nestor, sobornar arcángeles para que suban a Elvis y a Kurt Cobain!…

– ¡Bueno, bueno Munra! ¡Baja un cambio! – Dijo Celso.

– ¡Es que podría seguir toda la noche! El otro día anduvo fumando puros con el Che y se terminaron agarrando a piñas en el medio de la Plaza Celestial, también le quiso pegar a Camilo Cienfuegos. Le dio éxtasis a Janis Joplin y se puso a blusear en un antro de mala muerte. Anda todo el día haciéndose abanicar por hawaianas doradas por el sol, de lentes, de farra, de joda. ¡Hasta se la anda dando de tanguero con Gardel y Santos Discépolo! ¡No para Celso, no para! Farra, joda, fiesta, falopa, chupi, autos, motos, lanchas, minas, tipos…

– ¡Epa epa! Eva con Adán, man ¡eh! No me vengas a confundir a mí, que ese es mi amigo Freddy – increpó Celso.

– ¡Otro! ¿Qué anda de fiesta con Freddy Mercury? ¡Tiene sesenta años el tipo! Y dale nomás, dale matraca, ¿no ve que lo habíamos salvado ya? – Le dijo enojado San Pedro.

– ¿Salvado? ¿Salvado de que? ¡Si esto era una grasada apestosa y aburrida cuando llegue! ¿no has visto lo felices que están ahora? – Preguntó Celso.

– Usted esta loco, ¿sabía que Jesús está en una clínica de rehabilitación por su culpa? – Respondió San Pedro con otra pregunta.

– ¡No es mi culpa si el Warrior es flojito! – contestó a las risotadas Celso. – Fue solo unos culitos de whisky que lo pusieron del culo.

– Mire señor Jaker, el Señor me ha encomendado una misión… y consiste en desterrarlo del cielo. De forma urgente. Usted es persona no grata en nuestro sitio. – Sentenció San Pedro.

– ¿Desterrarme? ¿Estas loco? ¡Si este lugar es un golazo! Además… ¿dónde me vas a mandar fattyboy? – preguntó preocupado Celso.

– Es corta… tiene dos opciones. No solemos hacer esto, pero puede elegir… por ser amigo de Jesús. Usted puede volver al mundo o descender a los infiernos. En el primer caso inventamos un milagro, en el segundo baja derecho. – Sentenció San Pedro.

– ¿Bajar a la Tierra? Naaaa… vos estás loco. Encima que me pegue un corchazo porque…

– Jaker… no entiende. Cuando el jefe manda, todos le hacemos caso. No me importan sus motivos de suicidio, debe elegir que hacer ¡y debe hacerlo ya mismo! – Gritó San Pedro.

– Ok, ok… al mundo no vuelvo ni empastillado, además me tienta el calor, las pecadoras, los excesos y un jefe piola, corrupto, maquiavélico y garca… infiernoooooo ¡aaaaallaaaaa vamooooossss yuuuuhuuuuuuu! – Dijo a los gritos Celso…

Y así, Celso descendió a los infiernos.

Fuente de las imágenes:
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