El día que me mandé por colectora

Suelo ir de mi casa al trabajo por la misma vía, ruta serena y segura que transito dos o tres veces por semana… más dos que tres. Esta ruta es suave, tiene una doble vía amplia que me permite moverme por el carril lento o por el rápido sin problemas. Tiene una avenida que le da color, cuyo pasto está siempre bien cortado y limpio. Incluso en esos días en que se olvidan de podar, la altura de los yuyos genera una sensación esponjosa, distinta, donde tibios olores a humedad alegran el paso. El follaje perfuma la ruta y suele ser placentero detenerse a respirar el ambiente.

Cuando llueve, el perfecto diseño de la vía, hace que se humedezca el pavimento, pero que no se formen charcos, así que uno puede conducir a buena velocidad sin problemas de deslizamiento. Sus suaves curvas, su línea central bien marcada, sus carteles de señalización y la suavidad del asfalto hacen que viajar sea un verdadero placer.

Resulta que un día me encontré conque había ocurrido un accidente. No pude ver la escena en detalle, pero supuse que había sido muy grave, ya que se veía bastante sangre en la ruta y muchos autos estaban parados, formando un tapón. Era imposible pasar, por más que intenté esquivar algunos auto, o incluso conducir por la banquina, el accidente impedía la circulación. No había chance. En uno de mis intentos apareció un policía con cara de malo y me dijo seriamente “señor… hoy por acá no puede pasar”. Le respondí que tenía que ir al trabajo, que era la única vía. Y el oficial, bastante enfadado me respondió “Mire… de última pruebe por colectora”.

La colectora había estado ahí, desde siempre, la conocía a la perfección pero jamás había manejado por ella. Solía hacer ese camino en bicicleta y estacionarla en un costado para admirar los paisajes, sus curvas, pero jamás había penetrado sus augustos misterios en mi auto.

En fin, tenía que ir a trabajar, no solamente lo necesitaba, sino que tenía muchas ganas de llegar rápido al laburo, hacer mis deberes, terminar primero y volverme a casa a dormir, como Dios y La Patria demandan.

Había lavado el auto, lo tenía impecable, así que apenas viré en dirección a la colectora una sensación extraña me invadió… parece que había llovido, porque la calle estaba media embarrada. Pero, como cuando las cosas salen mal y de pronto algo cambia la taba, comenzó a caer una fina garúa que humedeció todo mi auto (y obviamente la colectora, asentando algo de tierra). Por lo menos el polvo no se le iba a pegar. “Llego, le paso un trapito húmedo y lo dejo impecable” pensé mientras comencé a andar.

Era el primero en salir del caos y tomar esta vía, por lo que conduje muy despacio, con precaución, con miedo a pinchar una cubierta o a que se me atore el auto en el barro. Pero fue en vano… por más despacio que fuera, el barro saltaba para todos lados, incluso sentía cómo se iba pegando en el guardabarros de las ruedas. Ya estaba jugado y sin fichas, no podía volver atrás, el auto ya estaba sucio y se me hacía tarde para llegar a la oficina, así que metí tercera y después cuarta y aceleré sin pausas y sin prisa, la quinta no la iba a poner, tampoco soy tan loco.

Aprendí rápido a manejar en el barro mientras llovía, la verdad es que la colectora siempre me había llamado la atención pero nunca había tenido la oportunidad de meterme. Conduje todo el camino un poco tenso, pero luego de un par de kilómetros me acostumbré a la lluvia, a lo resbaloso del piso y sobre todo… al barro. Incluso llegué a poner quinta, sin acelerar demasiado, pero a un muy buen ritmo.

Acabe el trayecto, lógicamente primero. Atrás mío no venía nadie. Cuando me bajé del auto y lo miré me llevé una sorpresa. Casi no estaba sucio, parece que la garúa había hecho su parte. Ojo… por las dudas le pasé el trapito, porque sin dudas algo de fango iba a dejar aquel polvo.

Así fue la primera vez que conduje por una vía alternativa y la verdad es que fue una experiencia bastante entretenida. Incluso hoy en día, cuando estoy medio aburrido, me salgo de la vía principal y, sin que existan accidentes trágicos, me hago un par de kilómetros por colectora. Eso si… el trapito lo llevo siempre conmigo.

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