El diablo se viste a la moda: de compras con mamá

Odio salir a comprarme ropa. Cuando lo hago opto por el comportamiento de la minoría; ¿me gusta?, me lo llevo. Tengo conductas que difieren del común de las mujeres, lo mismo hago cuando entro a un baño público, meo, me limpio y salgo, no me quedo escribiendo el Re Nuevo Testamento. Admiro a las mujeres que entran al toalett cuando se les está por explotar la vejiga y accionan de la siguiente manera:

Tienen el balance perfecto para no contactar sus culos con el inodoro; si el pasador de la puerta está roto la sostienen con una mano mientras tienen en el mismo brazo un bolso de 5 x 5 metros (que incluye celular, llaves, billetera, lima, esmalte, quitaesmaltes toallitas desmaquilladoras, toallitas femeninas, labial, pastillas “anticonceptivas, antidepresivas, ansiolíticas, antidiarreicas, antipsicótica”, las manos de Perón, la pierna de Sofovich, etc).

En un baño público si te querés largar un pedo no lo hacés por miedo a que alguien de afuera te escuche, entonces meas y fruncís el orto para que no suene la bomba de Hiroshima, eso es lo menos. Cuando estás en esa posición de Emily Rose te suena el celular que obviamente está en la cartera y nunca llegás a atender, terminás, buscas papel, no hay (obvio, nunca hay), pero más temprano te sonaste la nariz con pañuelitos Kleenex y lo dejaste en el bolso, lo sacás y te limpias con esa porquería de los mocos tu sexo. Cansada de hacer tanta fuerza para mantenerte en la posición perfecta y no apoyarte en el fucking inodoro, te abren la puerta, la empujan y decís: ¡Ocupado, la concha de tu madre! En el intento de cerrarla te caes de lleno en la taza, listo, ya tenés todas las enfermedades venéreas que no te contagió el sucio que te garchaste la semana pasada, porque usaste forro.

Me colgué mucho me parece… bueno, a lo que iba es que es tedioso ir de compras, siempre te vas a encontrar a la vendedora odiosa y pesada que te persigue por todo el local como si fueras una cleptómana (dejame ver la ropa tranquila, negra y la puta que te parió) y sus preguntas tontas, a saber:

– ¿Te quedó grande “NEGRI”? ¡Si lo lavás se encoge un poco la tela “GORDI”, eh!

– ¿Te quedó chico negri? ¡Si lo lavás se estira un poco la tela gordi, eh.!

 – ¿Que andabas buscando negri? – Un arma para matar a una vendedora.

– Hola negri, ¿te puedo ayudar en algo? – Si, quisiera saber cuál es el sentido de decir todo el tiempo la palabra “negri”, yo no te digo a vos: – ¡Estaba mirando tu hermosa ropa, negra del altiplano!

– ¿Querés probarte algo negri? Sin compromiso. – Sin compromiso te tiraría a un pozo con 5 gorilas en cautiverio, negri.

De todas formas son situaciones que una puede pilotear si sale sola o con una amiga, pero ¿qué pasa cuando salís de compras con tu vieja?: se complica todo para el carajo, pero ella es sincera para decirte las cosas:

– Te queda increíblemente espantoso, pareces Emili Disi

– ¡Apurate que tengo que pasar por el Pila (mi verdulero) a comprar calabacines!

– ¡Mirá esto, que divino, probatelo! (no tengo ganas de probarme la ropa de la temporada Otoño/Invierno de 1956; si estuviera vivo Gianni Versace y me ve, no lo asesinan de nuevo, se suicida)

Si tenés una personalidad sana y equilibrada podés seguir piloteándola. Ahora le redoblo la apuesta: ¿Qué haces si salís con tu vieja y ella es la receptora de la compra? Situación contra natura si las hay:

– Curty, voy al shopping a comprarme ropa, ¿me acompañás?

– NO

– ¡Dale, vamos! ¡De paso ves alguna cosita para vos!

– OK

15 hs: Entramos al Mendoza Plaza Shopping

15:15 hs: Salimos del Mendoza Plaza Shopping (caro, muy caro)

16:30 hs: Mientras me sacaba los mocos estábamos caminando por la Peatonal mirando vidrieras. ATENTIS, mi vieja se encuentra a su primer conocida del día:

 – ¡¡¡¡Hola Carmeeeeennnnn!!!! ¡¡¡¡Tantos años!!!! (se escuchó hasta en Angola el grito).

Carmen es la típica señora de 50 que nunca tuvo pareja, no se le conoció ningún hombre en su vida, por ende no tiene hijos, secretaria de famoso médico mendocino, fumadora de 3 atados de cigarrillos por día y bebedora (asidua) de vino en cartón. Yo quería levantar con un palito una baldosa y esconderme bajo ella. Charlaron unos minutos, yo con el humor que me define parecía una estatua viviente, parecía Sebastián Estevanez, era un ente.

17 hs: Me hizo entrar a un local donde vendían ropa para  “Señoras Muy Hippies”, la vidriera estaba compuesta por unos maniquíes (gente falsa si las hay) que eran una mezcla de Margaret Thatcher y Paul Newman vestidos con: camisas y pantalones con lentejuelas, tachas, animal PRIP (según mi vieja; debe ser ropa auspiciada por nextel), y remeras con estampado camuflado. Bueno, la loca descompensada se quería comprar todo. Iba a parecer la hermana mayor de Marta Munijín.

17:30 hs: Caminamos hacia un local contiguo. Se enamoró de una remera, listo, la compra y volvemos a casa. Gritó desde el probador:

– ¡Hija! Me quedé trabada dentro de la remera.

Por supuesto que no faltaron las palabras de la vendedora:

– No tenemos de tu talle madre.

Buenaaaaa, Kate Moss Argenta, es mi madre, no la tuya, gata. Y si no tenés de su talle HIJA, no le hagas probar nada que me la ilusionas como a una niña.

Tenía ganas de ser sorda e irme, pero me dio pena, abrí la  cortina del vestidor y ahí estaba ella, una orca  atorada en una remera de seda fría pidiendo auxilio. Con suerte Greenpeace la hubiera sacado más rápido que yo.

18 hs: Un poco triste porque no encontraba nada de su gusto, desistió por unos minutos.

– Curty, ya que estamos cerca acompañame a sacar un turno al médico, y ya seguimos buscando ropa.

Se encuentra a su segunda amiga del día:

– ¡Marieeeeeeeeeelaaaaa! ¿cómo estaáaassss? ¡Que olor a enfermo que hay en este lugar! jajajajaja (todo lo reprodujo gritando, como es su estilo).

Su amiga me miró, me saludó muy cordialmente mientras me hacía la siguiente pregunta:

 – ¿Vos venís a sacar turno al psiquiatra? ¡No es muy bueno el de acá eh!

– ¿Sabés qué no es muy bueno acá Mariela? Que mientras vos estás sacándote turno para hacerte una tomografía porque estás cagada de neuronas, tu marido debe estar mandando mensajes de CULEAR a una mujer que no sos precisamente vos.

Punto para mí, sacó el turno mi vieja y seguimos viaje.

18:30 hs: Ya no solo seguía con la idea de comprar ropa, ahora también quería zapatos. Una vez en la zapatería:

 – Hola zapatero, quería que me mostrara esos stilettos que están en la vidriera pero en color rojo, con una pulsera para que me sostenga el tobillo, sin la florcita de arriba y con taco chupete.

El zapatero la miró como diciendo:

– ¿Es una joda, no? Comprate un bote Atlantis Enterprise, te va a ser más fácil encontrarlo.

El señor le dijo que lo más parecido que tenía a esos zapatos eran unos de los años 30.

– ¿Que numero lo desea señora?

– 39 y medio (TREINTA Y NUEVE Y MEDIO, o sea, que pedo)

¿Conocen a Carl Griffiths, el hombre con los pies más grandes del mundo? Bueno, se los presento, mi vieja podría ser la abuela.


Me hizo acordar a Bob Patiño.

Mientras esperábamos el modelo del calzado divisamos a una nena de aproximadamente 3 años jugando en el local, canasta de rulos castaños y ojos verdes, una princesa. Se le arrima una señora muy gorda, piel muy oscura, muy desalineada y reprende a la criatura por saltar un unos sillones: – ¡Julia quedate quieta por favor!

Como vieja no se puede quedar callada un segundo le dijo:

– ¡Que hermosa que es Julia! ¿Sos su niñera?

– No señora, soy su mamá

Mi vieja no puede concebir que una mujer oscura tenga una hija blanca por más que el padre lo sea. Pero bueno, la discriminación es como los negros, no debería existir.

19 hs: Salimos de la zapatería, se encuentra en la vereda con su tercer amiga (desconocida por mí). Forrest Gump era Steven Hawking al lado de esta señora: 200 kilos, lentes con mucho aumento, pelo corto como hombre con pelo corto, unas tetas gigantes que no le permitían ver el hermoso color del piso, y nada, para mí que le faltaba un golpe de horno. No sabría decirles que patología tenía pero que le faltaban o sobraban cromosomas, de eso estoy completamente segura. Hablaron, se despidieron y mi vieja me relató solo un poco de su biografía.

– Esta mujer va a bordado en cinta conmigo, pobrecita es media tonta me parece, el otro día estaba bordando un mantel y lo vomitó todo porque comió de una tarta que llevé para la media tarde. ¿Cómo no se va a aguantar el vómito hasta llegar al baño? ¿Ah?

Deseaba que me pasara por encima una Zanella roja después de una salidera bancaria. A todo esto seguíamos sin comprar nada, por supuesto.

19: 30 hs: Me dice mi vieja rezongando…

– Curty ¿tomamos un helado? Estoy cansada.

– Odio los helados mamá.

– Bueno hija, no te gusta nada, acompañame por lo menos y lo tomo yo sola.

– OK.

Se compró un barquillo gigante con 3 gustos, pedazos de frutas, bañado en chocolate, pero le di lastima, me compro un helado de agua de limón (un palito). Yo solo quería autoflagelarme. El pericote más chico que había en esa heladería era un pichón de velociraptor.

20 hs: Por fin encontró una vidriera que le gustó, ella quería lo que tenía puesto el maniquí, vamos entrando al lugar y la empleada le dice:

– Señora no puede entrar comiendo.

Venía la golosa comiéndose un paquete de galletas porque con el helado no le había alcanzado. En vez de guardar sus alimentos en la cartera, se fue a la vereda, las siguió comiendo y a que no saben ¿quién LE TUVE que comprar todas las cosas? Sí, mi mismísima alma.

Salí con una bolsa gigante y le dije:

– Loca tenés 58 años, no 8. Ponele pilas a la vida, así no es la cosa.

20:30 hs: las dos sentadas en el sillón de casa, ella con su nueva camisa animal PRIP en las manos, yo sin haberme comprado nada y extenuada por haber hablado 5 palabras seguidas en un día.

Escribo esto porque sé que lo vas a leer mamá, no me rompas los huevos cuando salimos juntas. Si yo fuera la compradora de prendas saldríamos a las 16 de casa y estaríamos de vuelta a las 17 30 hs como máximo. También te quería decir otra cosita querida: hacia mucho que no compartíamos un lindo momento juntas, solas, libres, locas. No sé con mucha precisión que es, pero tenés algo que me hace sosegar el alma. Tenés un brillo en la mirada que por más que estés enojada o no, me hace brillar el corazón. Sos mi razón, mis alas, mis suspiros, mi vida, mi cuerpo, mi vaivén, mi cara, mi mirada y mi armonía cada vez que me desvelo. Gracias, no por ser mi mamá, ni por haberme tenido, gracias por ser la causa de mi vida. Te amo 25 veces al día vieja.

“Las manos de mi madre

parecen pájaros en el aire

historias de cocina

entre sus alas heridas

de hambre…”

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