El fantasma del tacho de basura, las bandejas voladoras y el auto que anda solo

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Una tarde mendocina de frio que hiela hasta los huesos y estalactitas de mocos. Se decidió en un consenso unánime de no tomar la típica coca-cola, aunque últimamente andábamos medios sanos y tomamos  Levite, e ir a tomar  un café a algún lugar, para amortizar la helada invernal.  Esto si fue motivo de conflicto, con una decisión, dividida, terminamos en Mc Donalds.

Los conflictos no terminaron ahí, continuaron y agravaron. No sabíamos cual Mc, pasamos por el de calle Las Heras, hasta el ocote y había muchos chinos, Bort les tiene fobia. Nos fuimos al de calle San Martin, no sabíamos si comprarlo en Mc Caffe o directamente a Mc Dondald, se decidió por esto ultimo. En lo que si no hubo conflicto fue en la orden, capuchino con tostado. Tratamos de distraer al que nos atendía haciéndonos los gay, que por alguna razón nos salía muy bien, y así se le pasaban los 60 segundos y combo gratis, pero no era gil el tipo.

Con los cafés en la mano  subimos para arriba, doblamos a la izquierda y nos acomodamos en una de las mesas hacia la derecha. Mientras degustábamos esos cafés insípidos, sin importar la cantidad de azúcar le pongas, y comíamos esos tostados chiclosos, a los que Bort pregunto si eran light, y al unísono delirábamos a los dos infelices que se le había ocurrido ir ahí. Debatíamos cosas como la situación de la bolsa en Grecia, lo buena que esta la película “La bala que doblo la esquina”, que cómodos son los calzones largos para el invierno, el pedorro pin del barco Belgrano que se compro Paris, no le duro ni una hora pues se le partió y lo barato que nos divertimos pues Bort se puso a jugar al barquito hundido, y demás cosas de chiquilín, no tuvo infancia. Otro tema de arduo debate fue porque los kiosqueros no te quieren dar monedas, como así también si era mejor ser invisible o poder volar, nunca llegamos a un acuerdo.

Todo color de rosas hasta que la puerta del tachurin se abrió sola de la nada, nos miramos con miedo, pero automáticamente dijimos no debe trabar bien, y el Paris la cerró de nuevo. Seguimos hablando de las proporciones que debía tener un buen café con leche, no llegamos a ningún acuerdo. Se volvió a abrir la puerta, la cerró una de las encargadas. Las aperturas y cierres de la misma comenzaron a ser mas frecuentes, mas violentas, se escuchaba un “muajajajaja váyanse de acá”, comenzó a hacer mucho frio y se escuchaba la música del padrino de fondo. Pero como a todos nos la soba lo paranormal, no le dimos bola.

Aun así, por más macho que seas, hay cosas que no se pueden dejar de lado. Las bandejas que estaban sobre el tacho comenzaron a volar para todos lados, a mi una me paso rosando mi bello rostro y casi me caga la carrera de modelo. Otra le dio en la nuca a una señora gorda grande y golosa, provocándole una caída estilo escorpión embarrando todo su rostro en un pedazo de Selva Negra que había comprado, estaba de re chupete. Braiton, audaz y sagaz como siempre, agarro la bandeja que casi me pega y la utilizo como escudo, logrando de esta forma que no nos golpeara ninguna. Se acabaron las bandejas, dimos un respiro de alivio.

Pero no todo acabo ahí, del frio intenso se pasó a un ambiente viciado en donde costaba respirar, las luces comenzaron a titilar, las mesas a vibrar, se escuchaban gritos estridentes de dolor y llantos de agonía. Estábamos temblando del cagaso, transpirábamos en frio, no sabíamos que hacer, no sabíamos donde ir, las piernas no respondían, Bort lloraba como niña bajo la mesa, cuando veo un mensaje escrito con sangre chorreando en la pared:

“Pelotudos no tomen café acá que da terrible cagadera”.

Yo ya no daba mas, Bort estaba catatónico, Paris tenía la vista perdida, Braiton ayudaba a la gorda a levantarse y para el colmo, sumando mas terror del que ya había, paso un autito andando solo.

Fuenta imágenes:
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