El misterio de la Dama del Hamster

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Corría Agosto del 2011, llovía como pocas veces en nuestra querida ciudad, aunque en honor a la verdad, seria más sensato decir que el cielo se rajaba lloviendo. Los truenos retumbaban en todo el departamento, todo giraba, y me sentí muy débil. Las piernas se me aflojaron y me quede tiesa. Una gota de frío sudor rodó por mi frente y entendí que llegar al sillón iba a ser una tarea imposible, por lo que decidí recostarme sobre el suelo del baño, y desde la ventanita sobre el inodoro, a través de la gruesa cortina de agua logré distinguir una cegante  luz roja que se imponía en el cielo .Y en ese momento no pude hacer otra cosa que recordar aquel encuentro con  el Ingeniero Conep cuando me entrevistó para ingresar al Mendolotudo; en mi mente solo resonaba su gruesa voz que en un tono algo temeroso me anunciaba:  “Puedes entrar a nuestro staff, pero ten presente que ellos vendrán a buscarte”. Paulatinamente el estridente sonido de su voz se fue desvaneciendo, pero la luz se torno cada vez más brillante y noté como se acercaba hacia mí y solo supe quedarme inmóvil.

Por el balcón vi una nave estacionarse, era algo redondeada, alargada, pero mis ojos llenos de lágrimas me impedían enfocar aquel extraño objeto. Sentí terror, recordé todos los momentos felices de mi vida, a mis seres queridos y apreté el rosario que siempre llevo colgado en mi cuello, pidiendo simplemente misericordia. Sorpresivamente mi cuerpo se torno liviano como una pluma y sentí suavemente como mi piel iba perdiendo contacto con la alfombra. La gravedad ya no funcionaba sobe mi, y me elevé hacia los cielos mientras las suaves gotas rozaban mi cuerpo y aquella luz roja me iluminaba pura. Ese es mi último recuerdo nítido y cercano a lo que conocemos como real.

El planeta H-123 es un lugar inhóspito y tenebroso, pero increíblemente después de cinco meses respirar esa densa atmósfera con cierto tono cloroso se tornó simplemente hermoso. Las residentes de aquel lugar, todas mujeres, eran amables, simples, y hermosas. Todos posaban a mi alrededor con cara de asombro, no se si por fea o por rara, pero sus ojos turquesas parecían salirse de tanto observarme. De una delgadez fina y elegante, blancas como lavados con ala, y con un pelo enrulado, castaño, sedoso-casi como una lucape- me parecieron muy amistosos y los recuerdo con felicidad porque a pesar del cariño que nos tuvimos, entendieron con el tiempo que debía volver al planeta tierra a donde pertenezco.

Es difícil para mí tener que recordar lo sucedido y pido disculpas por no saber explayarme mejor, pero si algo aprendí durante mi viaje espacial, es que este planeta y el Mendolotudo, son mi hogar, por eso para mi primer cumpleaños con ellos, el universo quiso que volviera.

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Pie de nota:

Imposible que llueva en Mendoza, la gruesa cortina era…como decirlo…de humo de cannabis sativa, la luz roja era el cartel del Sheraton que siempre veo sobre la ventana. Conep no tiene voz gruesa (y jamás la tendrá) y  la “entrevista” para entrar al Mendo que recordaba fue en La Guanaca y el que iba a ir a buscarme era Bomur.

La atmosfera de cloro, era porque por fin me había dignado a lavar el baño(con demasiada lavandina) que Doña Conchita me había vomitado la semana anterior,  y claramente con los efectos de la macoña me pego mal.

Los seres extraños y amistosos eran multiplicaciones en mi mente de Srita Dipietro quien como buena roommate intentaba despertarme mientras llamaba desesperada a la Doctora Li para reavivarme.

El universo no quiso nada, simplemente mis viejos me mandaron de una patada en el culo a rehabilitación cuando se enteraron de mis problemitas de adicción y recién ahora me dan el alta. Solo espero no recaer, y seguir con uds… o por lo menos dejar de pegarme semejantes flashes.

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