El peliculón más bizarro que me comí en mi vida

9:00 pm de un día agotador finalmente llegando a casa y haciendo la rutina que hago cada vez que llego: saludar al perro, al gato, ver si tienen agua y relajarme a ver tv. Como tenía la espalda a la miseria y el ibuprofeno me estaba diciendo que necesitaba un calmante para caballos, decidí probar con remedios de la madre natura. Ya me había olvidado del dolorcito de espalda y mirando muy entretenidamente “friends” un amigo me llama para ir al cine:

– ¡Genial! ¿Como en cuanto llegas?

– Y… ponele unos 15 minutos estoy por ahí, pero hacela corta que si no llegamos a ver la película y a mí me gusta ver lo avances

(Si, así de locos están mis amigos).

Puntalmente, 15 minutos: ¡bocinazo!, bajo corriendo la escalera, casi caigo de carompa al piso, pero no paso nada… unas carcajadas y ya estábamos en fila, cuando se le ocurre a mi amigo que tenía ganas de ir al baño.

– ¡Uy Luis justo ahora vas a ir!

-Y bueno no quiero ir mientras este la película, no seas forra, quédate en la fila.

Así que ahí me quede, mirando facebook, WhatsApp, y demás hasta que mi turno llegara, cambie como 3 veces la foto de perfil, me saque fotos en la fila, fotos a la cartelera, a los niños que correteaban, etc.

Cuando finalmente llegó mi turno y compre el pororó mas grande, el vaso gigante de gaseosa y me fui a sentar, mientras mi compañero seguía en la baño, yo hacía equilibrio con las cosas; ahora el problema era extraer el ticket del bolsillo trasero, mientras ambas manos se mantenían ocupadas sosteniendo la bandeja atiborrada de colesterol y triglicéridos, sin embargo un amable señor me ayudo a sostener las gaseosas.

Cuando veo entrar a la gente, a la sala, entran 2 tipos de traje con una barba que me pareció sospechosa así que me puse a tratar de escuchar que decían, la verdad era que no podía escuchar bien. Uno ya me estaba mirando feo.

Yo me empecé a impacientar y mi amigo todavía sin venir, de refilón me pareció escuchar: “si, si ahora… es acá…” ¿Y yo que pensé? Lo lógico: huuuyyy estos tipos tienen una bomba, y yo acá sola mejor me voy, me levante abruptamente del asiento tratando de no hacer contacto visual y salí a al salón principal para advertir a mi amigo del peligro.

Él no venía, y yo pensé lo peor: habían tirado algo en baño y no podía salir, o capaz le pasó algo… Y así, me mente a mil…

Cuando veo un guardia de seguridad me le abalanzo de tal forma que casi lo tiro al piso, le digo que algo raro pasa, que mi amigo no sale, que en la sala hay unas personas sospechosas y que me pareció escuchar que murmuraban algo.

El guardia se lo comunica a otros de seguridad que intentan calmarme, prenden las luces de la sala y hacen salir a todos, los revisan para ver que ninguno traiga una bomba o un arma o que se yo. Fueron unos minutos que parecieron años.

La gente preocupada, y algunos transeúntes que se unieron al espectáculo a ver qué había pasado.

Cuando lograron dilucidar que no había ninguna amenaza dejaron entrar a todos. Inmediatamente radiaron, que aquello había sido una falsa alarma, emitida por una señora, al parecer bastante nerviosa y se retiraron de ahí, ofuscados y molestos.

Yo seguía justificándome, en mi afán de hacerles entender el nerviosismo de mi reacción, pero ellos, si bien no respondieron, intercambiaron unas duras miradas, además de dejar escapar murmullos ofensivos.

Segundos más tarde me llega un mensaje de mi amigo: “boluda, dnd estas? Te vas a perder los avances”.

Yo no entendía nada, y de repente lo entendí todo: Me había equivocado de sala y mi amigo había estado ahí todo el tiempo. Fui con la cabeza gacha a buscar el pororó y las gaseosas que había olvidado y me metí en la sala correspondiente. Llego y él me dice: ¿Che, sabes qué pasó? Vi terrible quilombo afuera.

Lección del día: Nunca más salir fumada al cine.

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