Empecemos por dejarte querer, loca

Quise intentar pasar la cuarentena de alguna manera productiva, así que me dispuse a escribirles una vez más, a modo de «compañía para solos y solas».

Una vez escribí una nota sobre «La paja de volver a enamorarse» y hoy con veintisiete añitos muy bien llevados encima, tras releerla, sentencié que si tuviera que volver a escribirla lo haría pero de una manera diferente. Las cosas que hace la evolución con uno, ¿no? En fin, a lo que vinimos…

No hace mucho tiempo me separé de mí segunda ex «pareja» y me sorprendió la forma en que, de un día para el otro, desapareció en mí el deseo de revolearle ceniceros por sus extremidades con la inimputabilidad de Susana Giménez. Pero bueno, habiéndolos puesto en contexto y con el corazón re sano, me descubrí pensando en «el ahora». ¿Qué onda ahora? ¿Qué se supone que sigue? Porque las personas que me conocieron, aunque sea un poco, saben que toda mí corta e inexperta vida he sido una «Susanita» que soñaba con el casorio temprano y con no menos de dos bendiciones del mismo padre de ser posible. Con tener mí casa propia con un jardín lleno de rosas, un perro y ser la ama de casa que todo hombre sueña. Dicho en criollo: una chota, de preferencia sorda y muda. Y me di cuenta que era muy caro el precio que debía pagar para tener el privilegio de pertenecer al sector élite que ya hizo lo que debía. Yo no quiero hacer sólo lo que debo.

Un pensamiento me cacheteó suavemente el cerebro y una de mis decenas de neuronas inactivas despertó a la otra (dormida de tanto intentar detener mí juventud) y entonces una sinapsis brillante me permitió ver más allá. Me rehúso a creer que son los golpes duros los encargados de nuestra madurez, pero los hechos últimamente me están demostrando que sí. Entonces, casi por completo, mi vida, o lo que esperaba de la misma, ya no se parece a lo que antes quería.

¿Por qué tengo que tener mí vida resuelta antes de los treinta? Si el espejo me dice que me veo hermosa con mí soledad. A veces siento que yo misma he sido mí mejor compañía. Y me encanta creerlo así, porque ahora disfruto lo poco o mucho que me pasa de otra manera. Soy más feliz y paradójicamente tengo menos (por ahora).

Esas ganas locas de conocer a un príncipe de ojos profundos para que me rescate de algo que hoy disfruto, han desaparecido. ¿Por qué tengo que ir por la vida dispuesta a enamorarme? ¿Por qué no puedo estar ya enamorada de mí y ser mí mejor proyecto? Ahora, pensando así, las cosas y personas que han llegado a mí vida lo han hecho porque han querido… ¡Y me encanta!

Está bueno disfrutar más y cuestionarme menos. Obvio que sigo queriendo un amor, pero ésta vez no tengo ganas de adaptarme a alguien para entrar a su vida sin cuestionamientos. Quiero ser yo, con toda mí esencia y en total libertad. Y quitándole el peso del ayer a quien desee conocerme con todos mis demonios y la suma de todos mis pecados, lo disfruto más. Estoy siendo feliz. Me amigué con el pasado y hasta un poco más que eso, porque lo dejé pasar y hasta le preparé un café. Después de charlar un rato nos perdonamos. Yo entendí que merecía también un crédito por todo lo bueno, por todo lo olvidado y lo dado. Porque soy todo lo que fui, pero también he sido lo que ya no seré.

Por suerte, o desgracia para otros, ya no me conformaría con migajas ni lucharía por merecer más de lo que doy y mucho menos que el karma me devuelva un poco de lo que le cobre a alguien más.

Quería contarles en primera persona que ser feliz después de un daño enorme es posible. Tal vez hubieron sucesos que colaboraron con la resiliencia, pero también es cierto que esos hechos le dieron más condimentos y los agradezco porque por ellos me siento más liviana.

¿Es una paja volver a enamorarse? ¡No! Siento que depende de vos y de lo segura que estés de cada cosa que manifestás. Quitale peso a conocer gente, desmitifiquemos eso de que al principio todos somos perfectos. Mostrate como sos, reí inoportunamente, poné caras locas, sé más vos. Pero no sientas que fracasás, hay gente que ni siquiera lo intenta. Ponete linda para salir pero hacelo por vos.

Así que si ustedes estuvieron o están ante la misma situación que quien les escribe, déjense querer. Por vos, por otros, pero dejate amar loca. No hay que cargar a nadie con la responsabilidad de completar la parte que nos falta. Mejor pongamos nuestra atención en no dejar ir a quien ya nos estaba viendo. Siempre hay alguien que te veía más que vos misma. Por eso, dejate querer y que pase lo que tenga que pasar porque otro apocalipsis más aún podrías aguantar.

Para ustedes, una vez más, mi corazón. Nos leemos la próxima.

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