Enseñanza semanal del Maestro Mayor de Obras

Gente estimada lectora de El Mendoloudo, pero no por eso inferior y de menor calaña cósmica que yo. Estoy aquí, aquí solita, pensando en tí comiendome la cabeci… esperen que apago el pasacaset que Marta Sanchez me tiene harto. Estoy aquí, y he venido porque me obligaron, así que les vuelvo a dejar una frase para que la piensen e inunden su alma de sabiduría. Antes que nada voy a contestar a Roberto Mamani que me preguntó ¿como hago la empalizada?

Querido Roberto debes realizarla procurando siempre que esta arme tu vida y sostenga tus sentimientos.

Ahora vamos a la frase:

El cine ayuda a soñar. La televisión a dormir.

Leela con la suavidad de la caminata de un gato montes (sin tacos obvio). Retenela en tu memoria, masticala (estamos hablando siempre de la frase).

El cine lugar maravilloso en el cual entrás siendo una persona normal y salis siendo un monigote de la talla de Iron Man, Thor, un hobbit o alguno que en tu fantasías tengas. Seguramente más de una vez saliste del ioping queriendo largarte por las escaleras pensando que realmente podías tener la agilidad de un Power Ranger. ¿Quien de ustedes no salio pensando en ser Chatrán? Pero ojo, tene claro que sos un simple menduco… lo héroes de las películas, como el bigote de Mur, son un mito.

También podes ir acompañado y soñar lo que tus manos lujuriosas y sudadas van a hacer cuando arremetan contra el pedazo de carne con habla que te acompaña (recomiendo que calmes las ansias previamente) ¡Pero no es lugar! No seas rata y garpa algo digno.

La mayoría de las veces esperas ansiosamente toda la gris semana, ahorrando peso por peso para poder pagar la astronómica entrada, así poder deleitar los sentidos. Pero cuando apenas transcurren 15 minutos de película empezas a bufar por el bodrio que pagaste para ver y en tu mente aparecen las cosas que podrías haber hecho con esa plata (no mucho, tal vez un chori que seguramente habrías disfrutado mas). Recomiendo no ver nunca una saga de más de tres películas ni ninguna sátira yanki, menos china.

Concluimos entonces que es cierto, el cine te ayuda a soñar (puede ser un sueño hermoso, una pesadilla o uno húmedo dependiendo del critico en el que confiaste). Porque aunque esté pésimo lo que observas, al menos da lugar al flasheo.

En cambio en la tele ves todos los días el mismo cuento como cuando eras chico, solo que el «gato con botas» se trasformo en varias gatas que lo único que usan son botas, que caperuzita roja ya no usa su caperuzita y también te das cuenta que no solo la nieve es blanca.

Y después, terminado el cuento, vos con una sonrisa te dormís.

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