Habemus papalotudo 3: el retorno del rey (The End)

Para aquellos que recién se enganchan con esta nota les digo que es la tercera parte de la saga “habemus papalotudo”, leyenda donde se cuenta sobre un viaje que emprendí en busca del mesías del mendolotudo en compañía de Bairoletto. Un viaje que nos llevó hasta Cartagena en Colombia y donde aquí voy a empezar a contarles como termino esta fantástica aventura, si no les gusta, se pueden ir a la puta madre que los pario (por cierto, léanlo como un cuento infelices, usen la imaginación un poco, emulen al señor de los anillos para encontrarle sentido a la nota).

Ya llevábamos dos noches más tratando de llegar a esa cueva que habíamos visto desde la playa, debo reconocer que parecía mucho más cerca la verga esta y sinceramente me tenían los huevos llenos los mosquitos, las arañas, el calor de mierda de la selva colombiana y el jugo de maracuyá apestoso. Mi compañero Bairoletto había dejado la silla de ruedas y caminaba como un zombi de la serie esa del Fox mientras balbuceaba palabras en idiomas incaicos raros, yo solo podía seguirlo… que por cierto me tenía las bolas llenas también andar como choto detrás del salame este.

De repente, al amanecer del tercer día, Bairoletto entró como en colapso epiléptico y detuvo su marcha, giro hacia mí, me miro fijo y pensé que se había vuelto puto y me iba a besar, pero no… el muy culiao me empujo al piso justo al mismo momento que una lluvia de balas se desprendía de los fusiles de asalto de las FARC… ¡la concha de mi hermana, lo que me faltaba san concha de Dudamel! No tuve más opción que entregarme, me levantaron me pegaron dos cachetadas y uno de ellos me dijo:

– Ole cabrón, ¿qué ta haciendo un blanquito como tú en nuestra selva? – me pregunto el guerrillero con ese tono a Juan Luis Guerra a capela.

– Voy a la cueva vieja… – Le dije haciéndome el torito cojudo.

– ¿Cómo que la cueva?, ¿la que ta en la montaña? – pregunto el colombiano haciéndose el Chichí Peralta y generándome ganas de bailarle salsa en el escroto.

– No, la de concha de tu hermana cafetero del orto – ¡tuuushhh! Me asestaron un culatazo en el medio de la chupa por bocón.

– Que ta bien loco faltarme así el respeto mi pana, bien chévere mi mompirri – dijo el Colo y no sabía si estaba retándome o cantando una bachata el muy cajetudo.

– Seeeee culiao voy a la cueva de la montaña vieja, aflojen con la paliza que me van a aflojar el comedor – Les dije en modo de imploro sobándome las muelas.

– Bueno no tienes pinta de delincuente ni de agente secreto, bacán y no asustas a nadie. Así que pues puedes irte a buscar la cueva con tu amigo el raro este… son más inofensivos que una bolsa de gatitos jajajajajajajaa – rieron todos los narcos a coro y yo creí que se ponían a bailar merengue y a esnifar merca ahí mismo… pero no.

Así que sin hacerme más el pícaro, porque ya me habían sacudido los mofletes a golpes, lo agarre a Bairoletto y partí cantando bajito, a la pasada le chorie a uno un pelpa así que con eso nos fuimos empolvando la ñapia y revocando las fosas nasales con yeso alucinógeno hasta que llegamos a la puerta de la puta cueva.

Llegamos duros como rulo de estatua, trabados como las rodillas de Stephen Hawking. A mí se me cruzaban los dientes como a Lambetain y Bairoletto largaba movimientos sexuales de esquí al viento sin parar constantemente, era extremadamente peligroso pasarle el culo por delante, si lo hacías te lo destrozaba en el acto.

Adentro de la famosa caverna no había una chota, nada más que murciélagos, arañas, piedras, un olor a bolas rancias y un estanque con agua que hacia burbujas, así que agarre y me arrime al agua y vi que Bairoletto estaba re mugriento y aproveche para lavarle la cara un poco. Estaba como esos nenes moquientos de las villas miserias, aún a los tiritones, los mandibulazos y las risotadas faloperísticas.

Justo cuando lo moje empezó a sacudirse todo el lugar a la mierda, un terremoto de la puta que lo pario, el suelo se abrió y apareció un rio de gilada ardiente abajo, ¡para que te cuento! un desconche bárbaro. Mire a mi amigo y me quede atónito al ver que estaba sufriendo una metamorfosis increíble, como cuando se muere el malo de Terminator 2, gritaba, tiritaba, se agarraba la cara, se rasguñaba, se reía, decía malas palabras, se tocaba el pito, gritaba la palabra “guita”, “putas”, “chacras” y “dalvian” como loco. Yo empezaba a reconocer en que se estaba transformando, su rolex, sus cadenas de oro puro, su jean kevingston, su perfume importado, ¡era él!…es…es

Y no vengo a pisar un sorete de murciélago pego la patinada y me mande al precipicio como viento, justo antes de incinerarme los pelos del orto, una mano salvadora me sujeto fuerte yo lo mire y él me dijo:

– ¡Satanás! Casi quedas out my dear partner ¡jajá!, vamos a festejar con ladyes pagas y champan del bueno que he vuelto.

Y así me rescato y juntos emprendimos el regreso a casa… feliz de haber encontrado al mesías del mendolotudo… señores: ¡CELSO JACKER HA VUELTO!

También podes leer:
Habemus papalotudo – Episodio 1
Habemus papalotudo – Episodio 2

El año pasado escribíamos:
Mi gato el Peronista 

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