Infiernolotudos

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¡¡¡Bang!!! Sonó el disparo… y automáticamente vi como mi alma comenzaba a  separarse de mis huesos. Sentí como una especie de tirón al tiempo que un buen muchachito (un poco flaco para mi gusto) vestido de negro y con capucha, me decía que había llegado mi hora y que por los excesos cometidos durante mis publicaciones no quedaría otro camino, que ir hacia abajo…

¡JAJAJAJAJAJA! Lo que este pobre flaquito huesudo no se esperaba es que le mostrara la tarjeta “Heaven Platinum” que me había dado J.C. una de nuestras tantas noches de parranda… Se puso más blanco de lo que estaba el tenebrosito. Le dije: “- mirá caperucita negra si no querés tener bardos con el hijo del jefe allá arriba, mas te vale que me lleves rápido para el Cielo y que tengas buena música y algo para tomar en el camino.”

Dos horas pasaron en mi reloj, pero a mi me parecieron 20 segundos. Llegamos. Todo el mismo bardo que tuve con Parky (como le gusta que le digan cariñosamente) lo tuve con San Pedro, quien no daba crédito de verme en las puertas del Cielo. No entendía de donde había sacado la única tarjeta que sirve de salvoconducto entre el Cielo y el Infierno. Y trató por todos los medios de evitar mi ingreso al Edén. Completamente inútiles fueron sus esfuerzos cuando llego el pequeño J.C. y empezamos a los abrazos y a las carcajadas, dejando atrás al cascarrabias de St. Peter.

Una vez dentro, salí a recorrer un poco las instalaciones. Intenté divertirme un poco con los distintos personajes que me iba encontrando como ya lo describiera mi estimado amigo Richard Bomur en su nota (click acá para leerla). Pero después de haber dado una linda vueltita, haberle tirado firme a las angelitas que andaban dando vueltas, me aburrí y decidí encarar mi real destino. El sexto subsuelo…

Entro en el ascensor, previo hacerle un carapálida a San Pedro y un guiño a Parky. Presiono el -6 y ahí comienza la aventura… ¡Tlin! Llegué al Infierno. Lamentablemente para mi, no era muy distinto del mundo, pero la parte positiva es que me iba a sentir como en casa. Me entrevisto con una muchachita muy risueña, de pelo violeta, curvas peligrosas y mini falda roja. Me pregunta mi nombre y al tiempo que le decía “Celso Jaker” su cara de incredulidad y asombro iba en ascenso.

“- Señor Jaker, lo hemos estado esperando hace mucho tiempo ¡Qué bueno que al fin haya decidido venir a hospedarse con nosotros! El Sr. Lucifer tiene reservado un lugar muy especial para Ud. y sin dudas está muy ansioso por verlo”.

Pasó un rato, me quedé miroteando los alrededores y en cada lugarcito que veía, encontraba a un amigo, o a algún famoso que saludaba cordialmente como si yo fuera alguien respetado allá. Las dudas seguían revoloteando en mi mente. De repente giro mi cabeza y veo a mi gran amigo ¡Chori Peña! “-Brother que hacés acá si sos más bueno que Lassie atado” le dije.  Me contó que luego de una feroz pelea con Conep y su banda de matones, había perecido, y como no se había confesado esa semana, se vino derechito para acá. Me pareció un poquito exagerado, peeeero. Ni bien me dispuse a tomarme unos fernecitos con él, mágicamente se esfumó…

Sigo caminando un rato más y una silueta provocativa distrae poderosamente mi atención ¡Era ella! Me detuve en seco sin poder quitarle la mirada de encima ¡Erala Damadel Hamster! Su belleza seguía intacta y su agudeza se había perfeccionado, nos miramos como si el tiempo no hubiese pasado nunca y nos besamos como la última vez que nos vimos, antes de que la perdiera. Nuestro fuego seguía siendo el más candente. Comenzamos a quitarnos la ropa y en el momento que cae su pequeña ropa interior, nuevamente se esfuma, como pasó con Chori…

Completamente desconcertado, sigo caminando. Ya me encontraba mas molesto de lo normal. Había algo que no me cuadraba…

Me cruzo con Adela dela Chongay en el momento de siquiera empezar con mi cortejo sus ojos me embelezan y mientras me toma de la mano me invita a pasear por el Averno al tiempo que sus manos comienzan a recorrerme. Me llena de caricias. Pero como ya a esta altura veía como venía la mano, antes de que se esfumara deposité mi mano derecha sobre su nalga izquierda y me despedí con un piquito robado.

Mi camino continuaba la cosa se iba poniendo cada vez mas extraña. Y qué contarles cuando me encuentro caminando de frente con mi archi-amigo  Aureliano Buendía! Cuantas charlas que nos debíamos, lágrimas brotaron de nuestros ojos al reencontrarnos. Un fuerte abrazo, mil historias que teníamos que contarnos y ni bien saca dos cigarros, le ofrezco lumbre y se esfuma con la primera bocanada. Maldigo mi suerte y comienzo a buscar a ese tal Satanás que me tenía guardado ese lugar tannnn especial para mí. Le voy a aclarar un par de cositas al Mefistófeles ese.

Sigue mi camino y nuevamente me encuentro con la curvilínea recepcionista de minifalda roja y pelo violeta. Con una cara de emoción y sonrisa picaresca me pide que la siga. Yo que ya estaba empezando a impacientarme, comencé a cuestionarla acerca del tal Diablo ese que nunca aparecía… Nuevamente me regala una sonrisa se muerde el labio inferior toma mi mano y me lleva a mi habitación.

Curiosamente el número que me había sido asignado era el 666. ¡Qué coincidencia! pensé. Ingreso al cuarto asignado y me encuentro con el mismísimo Belcebú. No hizo falta presentación. Lo reconocí al instante, mientras me recorría una extraña sensación de familiaridad. Me miró a los ojos y con voz moribunda, me puso una capa y me susurró al oído: “- Bienvenido nuevamente a casa hijo mío.” 

Esta historia continuará…

Fuente de la imagen:
ayudawordpress.com 

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 El último adiós a Celso Jaker

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