Juego de Placer II: Solo un juego

Antes de leer esta nota lee su primera parte: Juego de Placer…

Después de esa noche, terminé rota (en todos los sentidos si lo queremos pensar así).

Vi al hombre de mis sueños en manos de otra mujer, y si, el lo había disfrutado, y yo, yo lo había aceptado, aunque después de eso no lo volví a ver. Dicen que el tiempo cura algunas heridas, y así lo es. Habían pasado casi dos años, mi vida siguió, trabajo nuevo, personas nuevas. Nunca imagine que alejarme cambiaria tanto mi vida y mi punto de vista con respecto a todo, en especial en el sexo.

Pero la vida nos juega de forma traicionera. Fue entonces cuando lo volví a ver. Esa mañana un día normal de oficina (normal hasta ese momento). Ingresaba un nuevo empleado, pero eso no lo hacía distinto. Jornada laboral como cualquier otra, hasta que lo vi. Habían pasado casi dos años de la última noche, nada nos había vuelto a juntar hasta ese momento.

Fue suficiente una simple mirada para darnos cuenta que la atracción era la misma que el primer día. Mi corazón se aceleró, ¿como podía pasarme esto? Era como retroceder unos doscientos escalones. Soy demasiado profesional como para demostrar esa sensación rara, así que mi actitud fue un simple “hola” y seguir con mi trabajo. Pasaron los días e intente no cruzarlo, no hablarlo, pero no tardó en darse cuenta de que yo mantenía algún tipo de relación carnal con mi jefe. Y por supuesto mi jefe se dio cuenta de que algo había tenido con él (era evidente). Por lo que una de esas tardes me lo pregunto:

– Veo miradas raras entre él y vos ¿Tengo que saber algo?.

– Es mi ex, hace años que no lo veo, no hay de qué preocuparse. – contesté.

No entendí el porqué pero lo vi entusiasmado. Los siguientes días me encontré con situaciones donde mi jefe y mi ex hablaban. Me di cuenta del juego que se traía entre manos. Me propuse los siguientes días vestirme algo más ajustada, provocativa, mi falda tiro alto apretada al cuerpo, esa camisa blanca que dejaba ver de una forma muy sensual mis pechos. Me dedique a provocar, pasar por su lado, contornear mis caderas frente a ellos. Sabía que les gustaba, escuchaba comentar a mi jefe cosas como: “mira esas piernas”, “¿te gustaría probar esa cola?”.

Una tarde, casi noche, terminaba el día de trabajo, ya preparada para irme a mí casa, mi jefe me pide que me quede un ratito más. Ya todos se habían ido de la oficina por lo que pude imaginarme lo que venía, mi jefe y yo y un nuevo encuentro sexual. Mientras esperaba que el terminara de ordenar sus papeles me dirigí a la cocina para servirme un vaso de agua.

Cuando entré lo vi, estaba mi ex, ¿que hacia él a esas horas todavía en la oficina? Nos miramos un instante y no sé en qué momento nuestros labios ya estaban pegados, nuestras lenguas locamente entrelazadas. Me agarro de la cola, una mano en cada cachete y me subió a su cintura, enrede mis piernas en su cuerpo. Me tocaba el culo con ganas, me apretaba contra la pared para poder sentir lo duro que estaba. No dude en meter mi mano en su pantalón. Desabroche el cinturón, deprendí el botón, abajo cierre y me di lugar para meter mi manos hasta abajo, así podía agarrar sus huevos, tocar con la punta de mi dedo bien atrás, ahí donde ninguno se deja. La palma de mi mano rozaba todo, la subí y agarre su pija, bien por el medio. Movía mi mano como recordaba que a él le gustaba. Lo tocaba y el besaba mi cuello, mis hombros, mi boca. Sin darnos cuenta alguien nos miraba… ¡Mi jefe! Lo raro fue que no se veía enojado, más bien excitado. Tenía la mano metida en el bolsillo del pantalón y la movía de una forma rara. Se estaba tocando.

Nos quedamos mirándolo y él solo respondió un alentador: “¡sigan!”.

Se acercó y ya me tenían los dos. Había comenzado un nuevo juego de placer.

Me desbordaba la calentura. Tenía dos hombres impresionantemente hermosos para mí. Sus cuerpos eran perfectos. Abdominales, músculos, brazos grandes, y muy bien dotados. Estábamos ya desnudos, tardamos solo unos minutos en sacarnos todo (obviamente ellos se encargaron de desnudarme a mi), yo apoyada en la pared, ellos frente a mí. Ambos dos bien duros y enormes. Los agarre uno con cada mano y empecé a masturbarlos. Me arrodille y mientras tocaba a una, chupaba la otra. Una vez cada una. Que delicia.

Mi jefe se acostó en el piso y me le senté arriba. La metió de manera brusca, el sabia que así me gustaba, y empezó a cogerme mientras yo no dejaba de chupársela a mi querido compañero de hacia años. Uno me metía su enorme pedazo de carne y el otro me agarraba del pelo y me metía el suyo en la boca empujándome hasta chocar con mi garganta. Cambiamos de posición, me coloque en cuatro, mi ex se arrodillo detrás mío. Me la metió toda, se movía, entraba y salía, fuerte rápido, sentía como sus huevos al moverse me rozaban la parte de abajo de mi concha. Me agarraba de las caderas fuerte con sus manos y me empujaba contra su cuerpo para que entrara toda. Disfrutaba el gran placer de sentirlo después de tanto tiempo. Los dos me hicieron vibrar. Los dos me tocaron, me chuparon cada parte del cuerpo. Fue espectacular. Placer por todos lados. Mientras uno hacia, yo le hacía al otro.

Acabaron los dos en mi cuerpo.

Nos vestimos. Como si nada hubiera pasado. Mi jefe salió, me miro y me dijo que me esperaba en el auto. Yo terminaba de vestirme y antes de irme mi otro hombre me agarro, volvió a besarme con demasiada pasión, como si quisiera robarme el alma en ese beso. Me miro a los ojos y me dijo:

– Perdoname por no volver, hoy me di cuenta que sos perfecta y no quiero verte nunca más con otro hombre. Hoy entiendo lo que sentiste hace dos años.

– Solo se trató de un juego, una experiencia, aquello que en algún momento existió ya no está, el tiempo se lo llevó – le dije mirándolo fijo.

Di la vuelta y me fui, era él quien ahora debía luchar con el fastidio de verme todos los días. Lo había amado pero la vida nos enseña a superar, y a no cometer dos veces el mismo error.

Sépanlo… Si vas a incluir a alguien más en tu cama, solo debe tratarse de un juego. Un juego de placer.

 

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