Juego de placer

Se pusieron de acuerdo. Se trataba de un juego, así ellos dos se lo prometieron desde el principio. Ese juego loco de querer probar algo nuevo. Pero… unir una persona más a su cama ¿era un juego? ¿Iban a soportar lo que eso mismo implicaba? No podían saberlo si no lo probaban. Y así fue.

Solo basto buscar esa chica linda, sexi y sumamente atrevida que quisiera jugar. Desde un principio la idea fue volverlo loco. Aquel hombre que sin dudar lograba lo mismo en nosotras, nosotras y muchas más.

Su cuerpo perfecto, espalda ancha marcada por cada uno de sus músculos, ese tatuaje situado justo debajo de su cuello, sus brazos largos, su torso marcado que solo me hacia querer chuparlo sin dejar espacio alguno. Lo había mirado más de una vez, su cuerpo en forma de V hasta su cintura, y si bajamos…. ¡Por dios! ¡Su trasero! Redondo, duro, divino. Si, ¿atributos? muchos, su sonrisa, su mirada, sus gestos. Era perfecto. Lo conocía, yo conocía a ese hombre. Yo amaba a ese hombre, sabía lo que le gustaba, sabia como volverlo loco, por eso mismo me hundí en su mundo, mundo de un juego raro.

Sin saber cómo, sin saber en que momento, ya se encontraban los tres. Desconocidos (por lo menos algunos de ellos). Comenzaron con uno de esos grupos, si, ese mismo, el de watshapp. Nosotras sedientas, queríamos calmar nuestra sed con su cuerpo, más bien diría yo, ¡nuestros cuerpo! Todo comenzó con un “Hola”, de dos mujeres que se iban a conocer. Y ya como todos sabemos eso tenía que ponerse algo subido de tono. No había mejor manera de hacerlo que hablarnos sucio y mostrarnos. Tal vez sabía que no era la mejor idea, pero en aquel momento ese juego era excitante.

Contarle a ella que cosas quería que hiciéramos, sabiendo que del otro lado él leía. Así me dedique a describir cada cosa, de tal forma que lograba que él se lo imaginara, así tentarlo, a lo cual también sumamos fotos, algo locas, algunas no tanto, muchas, muchas fotos. No tardamos en ponernos de acuerdo el día, hora, lugar. Decidimos hacerlo, decidimos jugar.

Y ahí estábamos. Ella en ropa interior, yo con mi tanga (la más chiquita que encontré) y un corpiño que combinaba perfectamente. Él sentado en esa cama rodeada de espejos, en su puesto de espectador. Algo de música de fondo, y todo comenzó…. Ella, yo. Yo, ella. Un juego de dos mujeres hermosas. Sin darme cuenta mi mano ya estaba tocándola. Le quite su corpiño para tocarles sus pechos, apretarlos, chuparlos. Y la bese, sin esperar, puso sus manos en mi cola. Apretaba cada nalga con fuerza como si deseara más de mí. Pero en realidad, solo queríamos que él nos mirara y nos deseara. Nos besábamos, mordía sus labios, tiraba de su lengua, no dejábamos de tocarnos. Ya nos encontrábamos desnudas y el también. Podíamos ver que mientras nos miraba, se tocaba. Se apretaba, subía y bajaba eso que queríamos dentro.

Ya era hora de incluirlo. Nos acercamos y lo besamos, una primero, luego la otra. Lo tocábamos, juntas le agarrábamos la pija, dura, grande, rica, caliente, y le hicimos una de esas muy nombradas “pajas”. Sin dudarlo y sin esperar más, la metimos en nuestras bocas. Una vez cada una, hasta la garganta. La chupábamos con ganas, el solo gemía.

Ahora nos tocaba a nosotras. Nos acostamos una al lado de la otra, mirándolo. Deposito sus manos una en cada cuerpo. Y tocaba, sus pechos, los míos. Nos tocaba a las dos juntas. Sus manos bajaban recorriendo cada parte. Hasta que llego. Las metió, una entre mis piernas y la otra entre las de ella. Un dedo, dos y hasta tres. Gemíamos mientras no dejábamos de besarnos. Y seguimos, las dos en cuatro. Le metía la pija a una, a la otra, nos hacia gritar de placer. Jugamos, solo jugamos.

Una arriba de él, la otra de espalda dejando su cola a su vista para que chupara. Y cambiábamos. Las dos dispuesta a él.

Duro no se cuanto tiempo exactamente. Pero él lo disfruto. Termino de esa forma rica. Nos acabo en la boca, sentimos su gusto juntas mientras nos chupábamos los labios.

La noche termino. La dejamos en su casa, un beso a cada uno y se fue. Y toco mi turno de irme.

Al saludarlo no puede evitar decirle: “fue solo una locura, me arrepiento, mi amor es mucho mayor, mucho más loco, mucho más movido que una fantasía. Mi amor es para toda la vida”.

Ese juego solo significaba que estaba dispuesta a él, aunque lo único que quería era que me admirara como mujer. No lo supo. No lo entendió. Un beso, se fue, y no lo volví a ver.

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