La anécdota más bizarra de mis noches de partuza

Era una noche normal. Previa, boliche y toda la fauna típica de un boliche en el que, por ser el único del pueblo, tenía ese antro como único lugar de encuentro los sábados. La noche transcurría normal, tiré perros por todos lados sin tener éxito siquiera con la gorda Guada, que de vez en cuando para no irnos a casa solos, nos hacíamos “compañía”.

Ya eran las seis de la matina, estaban sonando los primeros lentos (si, es muy de viejo) y mi calentura sumado al alto nivel etílico hacían que ronde la pista en busca de algo (o lo que sea); cuando me agarra del brazo el Tincho y me dice: “Haceme el aguante” mientras me ponía cara a cara con una hermosa rubia de ojos verdes, amiga de la flaca que se estaba chamullando él. Un par de tragos más, cruzamos los nombres y mirando la hora, mas un guiño cómplice con el Tincho decidimos irnos del boliche con las chicas.

Lo paso a dejar a mi amigo con su chica por la casa de ella y aprovechando que mis viejos estaban de viaje y tenía la casa sola partimos hacia allá. La flaca ni se inmutó. Solo atinaba a darme unos besos en el cuello mientras ya empezaba a asomar el sol matutino. Llegamos a casa y beso va, beso viene no llegamos a la pieza y arrancamos en el sillón del living. Le entramos duro y parejo como rengo que acaba de robar hasta que pude terminar (en pedo cuesta el doble) y acto seguido ocurrió lo peor: ¡descubro que el forro se había roto!

Se me vino el mundo abajo, y encima, del susto se me empieza a pasar el escavio y caigo en la conclusión de que la hermosa rubia de ojos verdes pesaba 120 kilos seca y desnuda. A su favor, tengo que reconocer que era linda pero tenía un par de ollas populares de mas.

Prendiéndose un pucho y mientras se vestía se lo dije.

– Mirá, hubo un problema… el forro se rompió.

Y sin dejarla ni reaccionar seguí.

– …pero quedate tranquila que ahora voy y compro una “pastilla del día después” y lo arreglamos.

Me miro y me dijo:

– Noooo… ¡que cagada! Bueno ya esta, no te hagas problema, soy niñera y me encantan los chicos así que nada de pastillas, quiero tener éste bebé, siempre soñé con ser madre.

Solo les pido que se imaginen mi cara. Bueno, multiplíquenla por diez. Mi mandíbula toco el piso y aparentemente mi cara dijo todo.

– ¡Quedate tranquilo! Dijo ella, con toda frescura… no te voy a pedir nada, ni siquiera que te hagas cargo.

Y ahí comenzó mi sanateo. Pedirle por favor que tomara la pastilla, que recién nos conocíamos, que un bebé era mucha responsabilidad etc. etc. cuando larga su terrible secreto: estaba enamorada de mi desde hacia tiempo.

Chan. Ya está, no me faltaba nada. Tuve que sacar mi labia barata y chamullarla.

– ¿En serio? Yo también te venia viendo desde hace tiempo. Me gustas mucho pero no creo que sea una buena forma de empezar así. Empecemos una relación, conozcámonos y si todo va bien, mas adelante podemos ser padres como corresponde.

Y así fue que la convencí. Nos fuimos de casa, pasamos por una farmacia por la bendita pastilla, después paré en un drugstore y compré una botellita de agua para que la tomara delante de mí. Ya eran las 11 de la mañana y la deje en su casa con la promesa de volver a verla esa misma noche (en realidad para que se tomara la segunda dosis, los que hemos usado esa pastillita salvadora sabemos de que hablo).

Tipo 23 partí para la casa del pichón de mamut. Llego y toco un bocinazo, sale ella y detrás su mamá:

– ¿Vos sos Amigato? Pasá, hice unas empanadas…

¡Sí! La vieja ya sabia mi nombre… quería hacer un pozo ahí mismo y enterrarme.

– Muchas gracias pero estoy trabajando, si termino temprano paso un ratito.

– ¡Pucha! Rezongó la señora mientras se iba adentro.

Salude a mi chica cuál Romeo a Julieta y saqué una botella de agua que traía en el auto para que tomara la otra pastilla. Lo hizo y mis pulsaciones bajaron a la normalidad, aunque no tanto.

Por la siguiente semana la vi un par de veces más, escudado en el laburo y la facu; hasta que me llama el viernes y me dice que vaya a verla que tenía algo para mí. Llego, la saludo (a todo esto siempre fuera de la casa) y saca una pulsera de oro con nuestros nombres del bolsillo. ¡Alto regalo! Mientras me lo daba me dice:

– Tengo dos noticias para darte. Una buena y una mala. ¿Cuál querés primero?

– La mala.

– No, mejor te doy la buena primero…

Y entonces para que me preguntas gorda chota (pensé).

– La buena es que renuncié de babysister y conseguí laburo en la tienda que queda en la misma cuadra del local donde vos trabajas. ¡Nos vamos a ver todos los días mi amor!

– ¡Qué bueno mi amor! (dije, ya ni sé con que cara) ¿y la mala?

– Me vino. Así que no vamos a ser papas…

Créanme que esa noche me junté con los muchachos y me tomé los porrones que más disfruté en mi vida, obviamente sin ponerme en pedo, ese riesgo no lo corro más.

Escrito por Gat Hero para la sección:

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