La mina que potenciaba mis pajas

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Soy un pajero empedernido. Ya me cansé de masturbarme en la intimidad, ahora me gusta hacer parte de mi paja a otras personas. Es por eso que me meto a páginas de encuentros sexuales y trato de enganchar una que otra turra que me caliente y que quiera pensarme mientras pongo caras de pelotudo cuando le hago el amor a mi mano.

Tengo suerte. Generalmente logro juntarme con ellas, las llevo a mi departamento, me curo bien curado y les hago cosas que recuerdo días después. Sé que puedo levantar flacas, gordas, feas, hermosas, pobretonas y caretitas. Nunca vas a escuchar un “no” salir de mi boca y es por eso que cuando despierto rezo antes de abrir los ojos y ver qué cuerpo hay a mi lado.

Encontré una, pero era diferente. Hicimos de una costumbre hablar de sexo, masturbarme mirando sus fotos e imaginar morder sus pezones se transformó en un habitué. Empezamos enviándonos fotos. Yo le regalaba mi miembro duro, venoso, mientras que ella me enviaba un pezón duro, rosadito, pecador.

Lo confieso. Había dejado de disfrutar masturbarme, pero esta mina potenciaba mis pajas.

Siempre pensé que no iba a juntarme con ella. Lo lindo de las fantasías es que, justamente, sólo son fantasías.

Pero hace un par de sábados ella me escribió, me invitó al Parque y acepté. Si hay una mujer con un fernet es difícil que yo pueda negarme. En los veinte minutos que me demoré en llegar pensaba en que esa noche me la iba a chupar, sin alternativas, Betty me la iba a chupar, carajo.

Antes de pasar la rotonda de Regatas, me encontré con muchos especímenes mendocinos. Un wachiturro me regaló a su amiga diciéndome: “Mira guasi, se quiere ir con vo´ la rusa”. Puse tercera y me alejé esquivando motos. Me encontré con tres familias Ingalls, pero en versión negra, desde el pardo de tres meses, a la abuela sentada en la butaca de la camioneta que habían sacado del rastrojero y puesto en la calle. “Mierda” pensé, “¿tantas huevadas voy a ver antes de ver a la tetona esta?”.

Llegué y vi a Betty. Reconocí esos ojos verdes, el pelo rubio y la piel bien blanca. Miento si digo que no le relojeé las gomas cuando la saludé. A medida que se me secaba la garganta de hablar tantas pelotudeces, la iba humedeciendo con largos tragos de fernet que fueron embobando mi lengua y calentando mi cuerpo. Por momentos solo me dirigía a ella y ahí me di cuenta que tarde o temprano me la iba a chupar.

Tenía que buscar el momento y el lugar para estar solos. Aunque estábamos con su hermana, su cuñado y una parejita de amigos, les propuse ir a tomar algo a la Taberna.  Aunque a ella no le pintó la idea pero vivimos en democracia, votamos y la mayoría apoyó la moción, nos separamos en 3 grupos y partimos rumbo al lugar.

Llegamos, pero antes de bajar le atiné. “¡Que se cague!” me dije,  “tampoco estoy tan mal peinado, barbudo y huesudo”.

Aceptó mi beso, pero antes que se separara agarré su mano y la puse en mi bulto ya duro. Me quise hacer el gavilán, le agarré la nuca y le susurré: “Betty, abrí esa boca porque me la vas a chupar”. Ya era una obsesión que me la mamara, pero cuando comenzó a desabrochar los botones se me empezó a dormir. Es un momento de mierda. Botón a botón sentía mi pija más flácida. Cuando me bajó el bóxer, en mi entrepierna tenía más huevos que verga. Un panorama desolador.

Pero Betty sabe qué hacer y se la metió en la boca. De a poco se me fue endureciendo, de pija papelonera pasó a un vergón y, sinceramente, tuve la sensación de que la iba a ensartar tipo anticucho y que mi cabeza le iba a salir por su nuca. Sin embargo, amigos, no les puedo mentir. Ella me dijo que tengo la pija estándar y juro que les mintió. La tengo chica, me hago cargo y no me importa.

Para colmo, tenía ganas de acabar. Quería que se hiciera de día y que Betty continuara con mi garcha entre sus labios, pero sentir que llegaba el momento de la ducha hizo que me reprimiera.

-Che Betty, deberíamos parar un toque.

-¿Qué? ¿Te venís flojito? – y su cara de burla fue instantánea.

-Sí, boluda, ¡aflojále un poco, por favor!

-Andá a mear. Después de que lo hagas vas a estar como nuevo.

Que se yo. Repito, ella es la que sabe. Bajé del auto y me puse contra un árbol, de frente a Betty para que mirara cómo se deshinchaba la verga. Detrás de mí pasaron un par de pibes borrachos, un tipo con una caja de vino en el casco buscando desesperadamente su moto y una parejita que se quedó a metros de mi espalda mirando los peluches expuestos en la vidriera. Les comenté que con Nativa te hacen 10 % de descuento y 12 cuotas sin interés, pero al ver que les hablaba con la japi entre las manos prefirieron escapar de mí y de mis consejos económicos.

Después volví al auto y sí, me sentía mucho mejor. Ella continuó con su mete-saca y aunque se trató de uno de los mejores petes de mi vida, intenté llevarla a mi departamento, pero mis propuestas siempre chocaron con sus “no” y su mirada de petera emputecida. Finalmente acabé. Enojado porque no pude acostarme con ella, no le avisé que me venía. Tampoco recibí algún tipo de reclamo de su parte.

Ahora tenemos que volver a juntarnos por dos razones: primero porque al final no tomamos el fernet por el que habíamos ido y, segundo, porque prometió superar la bienvenida que me dio al Staff del Mendolotudo.

Nota: al cuñado de Betty que quedó “traumado”, le agradezco el consejo de polarizar los vidrios. Estoy en eso.

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El año pasado escribíamos:
¡Gracias Mendolotudos!

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