La mujer de las medialunas auditivas

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Erráticamente este viernes empecé con el pié izquierdo. Esto no sería de relevancia salvo que la noche anterior por no levantarme de la cama a buscar el alicate quise cortarme esa uña con el dedo y me la arranqué por completo. Si, por completo. Donde debía haber un simil hueso había carne al rojo vivo. Con las uñas de los pie tengo  una teoría que en el momento en que uno se las mutila no duele in situ, sino que al pasar las horas o los días el agónico sufrimiento va apareciendo. Yo creo que es porque al estar en el culo del mundo cerebral, por ahí se olvida de mandar las sensaciones.

La cosa que medio rengueando, medio puteando salí del departamento al RapiPago que está al lado del Vea. ¿Qué Vea preguntarán ustedes? Que les importa les respondo yo.

Entro, hago la cola y espero. En este tipo de situaciones en las que tengo que esperar apelo a ponerme los auriculares a volumen nivel Dios e imagino que soy Keith Richard o le toco la guitarra acústica a Zooey Daschanel. Claramente logro despegarme de la realidad que me rodea casi en un 90%.

Avanzo un par de lugares todavía con la música al palo en mis tímpanos hasta que de atrás siento que alguien me toca.

– Disculpame, a ese volumen te vas a quedar sordo.

“Disculpame vos, a ese nivel de meterte en lo que no te incumbe te vas a quedar sola vieja cuarentona que con 2 cervezas te la pongo.” Lo pongo entre comillas porque lo pensé, lo que en realidad le dije fue:

– Ok.

Media vuelta y a seguir con mi mundo. Hasta que…

– Mirá en serio te lo digo, tengo una sobrina que tiene problemas auditivos por escuchar música fuerte y por comer medialunas.

A la mierda. Esto se ponía interesante. Mi nuevo mejor objetivo no era pagar la garcha de Movistar, sino averiguar porque su sobrina quedó sorda por comer medialunas.

– Huy, bueno, le hago caso. Mire como me saco los auriculares.
– Es que te juro, de un día a otro la Mónica dejó de escuchar bien. Ojo, no es por sus treita y pico. La llevamos al médico y dijo que tenía que dejar de escuchar asi de fuerte la música, pero te digo la verdad, yo creo que fueron las medialunas.

A continuación le dije textual:

– Por el amor de Dios se lo imploro, porque cree que las medialunas dejaron sorda a su sobrina.
– La Mónica siempre desayunaba y merendaba 3 medialunas, desde que era chiquita. A mí la verdad que nunca me gustaron las medialunas, porque nunca fui amiga de las cosas a medias. Resulta que un día me pide que le compre las de siempre pero cuando fui a lo del Coco decidí comprarles las de dulce de leche. Cuando llegué a la casa se enojó y no quiso comerlas. A mi me gusta que la Mónica coma bien así que la obligué, no quiso y le tuve que pegar un bofetón en la oreja, y bueno… nunca creí que el palo era de madera tan dura.

A este nivel no sabía si me estaba gastando o diciendo la verdad. La mujer muy seria no se veía entonces pensé en guardarla como una anécdota más.

Me toca pagar.

Paso, me cobran, y al darme vuelta levantando la mirada no tuve otra reacción que la de explotar de una risa a tal punto que un par de mocos se me salieron.

– Mirá nene, ¡acá está la Mónica!

Después me volví, me hice el choto y le saqué esta foto:

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