La noche te trae sorpresas en llamas

Era un sábado a la noche normal, de esos en los que no hay mucho por hacer, las ganas no faltaban, el dinero acompañaba por ser principio de mes, pero los planes brillaban por su ausencia. La tarde fue pasando y nada aparecía, así que me compre un par de cervezas, ya empecé a vistear que películas mirar y me fui acomodando en el sillón de mi casa… siempre con la esperanza de que llegase un mensaje salvador… y llegó. Me suena el cel, un mensaje del flaco Alberto que decía: “compadre ponete pituco que tipo una te paso a buscar con dos amigas, vamos a bailar”, miré mi reloj, eran las doce y media así que ni tiempo de pensarla, agarre viaje.

Una y cuarto llego el flaco, cuando me subo al auto pispeo a ver qué onda, la mina que lo acompañaba al flaco estaba tremenda y la que venía atrás… por Dios, re contra híper, super, mega tremenda, una bestia de 1.75mts, morocha, pelo largo, el cuerpo tallado por el mismo Zeus… naaaa una cosa de locos, típica mina que no está a mi alcance ni en dos vidas y no por tirarme abajo la chaucha, sino por sincero, hay cosas que están más allá de donde a uno le da la vista.

Apenas me subí, note que la mina me miro como diciendo: “uhh hoy me toca bailar con el feo”, la puta que lo parió, era un punto en contra esa mirada. O empezaba a sumar con la simpatía y la caballerosidad o iba derecho al plantón, porque de físico no había arrancado bien.

Bue, llegamos al boliche, entramos, yo tratando de hacerla reír, de que la pasara bien, en realidad no quería que se fuera y me dejara como un gil, así que estaba poniéndole onda, toda la posible, pero sin quedar como un jeropa alzado, cero filos, siempre correcto, muchas veces (y esto está demostrado) cuando menos interés pones a la mina más le llama la atención, más cuando son ese tipo de mujeres que se saben lindas y que están acostumbradas a que las encaren toda la noche y les lluevan los elogios.

Yo trataba de mantenerme firme en mi postura de caballero, acompañando los pasos de baile, compartiendo el momento, tirando un chiste, se hacía difícil a veces con semejante dama delante mío, pero la llevaba bien, hasta que un momento me pregunto:

– Discúlpame, ¿no te gusto?

– Si, me pareces una mujer muy atractiva por donde se te mire – le dije de inmediato sin perder la línea.

– ¿Y entonces porque no has intentado avanzarme ni nada? – volvió a preguntarme con esa boca roja que estaba para soldarla a besos.

– Bueno, básicamente por respeto y principalmente porque ya estoy grande para el rebote – le dije cometiendo un sincericido atroz.

Antes de que pudiese modular otra palabra me comió la boca de un beso… y para que les cuento. El resto de la noche fue puros movimientos pseudosexuales e intercambios de saliva que hacían subir la temperatura a niveles veraniegos, ya me incomodaba el pantalón.

Por supuesto que al volver le pedí que se quedara en mi departamento y gracias al cielo accedió, porque hasta los feos tenemos nuestra noche de suerte. El camino del living al cuarto solo sirvió para ir casi arrancándonos la ropa, chocando contra la heladera, la mesada, la mesa, lo que fuere, gemidos y respiraciones aceleradas era lo único que sentía en el lugar. Cuando entramos al cuarto, la apoye de frente al placard, de espaldas a mí. Sujete sus dos manos con una de las mías, haciendo valer mi fuerza de hombre, rozaba mi miembro entre sus glúteos y con mi otra mano acariciaba sus pechos y bajaba lentamente a su vagina para tocarla suave, mientras mi boca besaba su cuello con destino al tatuaje en su espalda. En un momento, no sé cómo, ella cayó a la cama boca arriba dejando su naturaleza completamente desnuda a mi merced, fue entonces que mis más morbosos y pecaminosos instintos afloraron. Las cosas que pensaba hacerle no son fáciles de escribir, pero llegó a pedirme por favor que la penetrara, que no daba más, me coloque el preservativo (cosa que jamás olvido) y me pidió estar arriba, se movía tan bien y conocía su cuerpo tan bien que en un momento hasta quise aplaudir. La sentí terminar algunas veces, entonces me relaje, había hecho bien mi parte, ahora podía terminar yo, cuando me predispuse a hacerlo me miró y me dijo…

– Es injusto que tengas que terminar dentro del preservativo, con todo lo que más hecho sentir y en la forma bestial en la que me has cogido.

– ¿Y que queres hacer? – le dije.

– Acabame en la boca – respondió endemoniada.

Me paré, me saque el forro y empezó a hacerme el mejor sexo oral que había tenido en mi vida, no me interesaba donde lo había aprendido, ni cuanto lo había practicado, en ese momento era para mí. Al momento de acabar yo, se movió un poco hacia atrás y vi como mi néctar le caía por la boca, el cuello y los pechos. Otra vez tenía ganas de aplaudirla, entonces le ofrecí quedarse a dormir, me dijo que no y sin dejarla pensar demasiado, imaginando con el tipo picante de mina que estaba, le pregunte:

– ¿Queres ser mi amante?

– Sí – Respondió sin titubear con una pícara sonrisa en su rostro.

Nunca hablamos de tener algo más, somos de mundos diferentes, de edades diferentes y de pensamientos diferentes, pero de vez en cuando pasa por el departamento, generalmente un ratito antes del amanecer y cogemos como si estuviésemos condenados al infierno, las cosas que nos hacemos y el vocabulario que usamos no es algo que usarías con alguien que amas o pretendes amar, pero nunca se queda a dormir. Y a mi me pasa de soñarla cuando no está. Todo el tiempo.

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