La tonta re culiá

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Hace dos semanas que me levanto los jueves y espero (lo admito, espero ansioso) que se hagan las 9 de la mattina, para prender la compu, abrir Hotmail y mandarle mi nota al Ingeniero Conep o al Doctor Bomur quienes la van a subir cuando se les cante el orto con la foto que se les chifle. Sin embargo, hoy me levanté caliente.

Cuando digo caliente no me refiero a cachondo, más allá de que todas las mañanas tengo que esperar que mi mamá salga de la pieza para disponer a levantarme porque las erecciones matutinas significan mi orgullo pero frente a mi madre es una verdadera vergüenza. Me refiero a enojado. Con odio. Con ganas de cagar bien a trompadas a alguien.

Es que los sueños son una extensión de nuestras aspiraciones y anoche soñé con ella. Si. Después de tanto tiempo volví a soñar con la tonta re culiá.

Las mujeres tienen el poder. Es corta. Ellas hacen con nosotros lo que quieren, lo que se les ocurre, somos ratas de laboratorio intentando encontrar nuestro camino y ellas son las que experimentan con nosotros para ver si algo aprendemos, se ríen y hasta le causamos ternura cuando nos equivocamos agarrando el budín electrificado una y otra vez.

Creemos que las seducimos pero ellas manejan los tiempos, las citas, las ganas. No somos nosotros los que atinamos, fueron ellas quienes nos abrieron el camino para que el medio metro de distancia que nos separa no sea tan difícil de avanzar. Después nos gusta hablar de nuestra promiscuidad, de nuestra hija de putés, de “estoy con quien quiero” pero todos sabemos que estamos incompletos.

“Todos tenemos un amor que nos complica la vida” reza una canción de la banda compuesta por cuarentones que se creen veinteañeros pero que actúan como quinceañeros. Pero es verdad. Todos tenemos ese amor que nos rechazó una y mil veces y que, aunque hoy no nos vuelva locos, somos capaces de hacer cualquier cosa para que nos sonría y nos diga “gracias”.

No importa cuán Casanovas seamos, cuánta seguridad emanemos ni cuánto la hagamos reír. A ella se le cantó la cachufleta no hacernos felices. Y es por eso que a vos, tonta re culiá, te escribo esto:

Como cuesta. Cuesta ganarme tus manos, tus ojos, tu cintura. Cuesta conseguir tus caricias, tus verdades, tu ternura.

Me gustás pero te miro con rencor. ¿Qué no tengo yo que si tienen los otros?

Pero te sigo, soy perseverante. Que me cueste un ojo, que me extirpen el otro, que sin anestesia me saquen algunas muelas, que golpeen mi rostro con palos filosos.

Con una pinza lentamente sacaré mis uñas, clavaré clavos en mis piernas, masturbaré frenéticamente  un palo con astillas y con él acariciaré el hueco de mis ojos.

Con un cuchillo escribiré en mi pecho: “Mirá princesa lo que hago, es amor lo que siento”. Con vidrios dibujaré sonrisas en mis brazos, con mierda engominaré mis cabellos, con una lija me depilaré los huevos.

Mi cola de mujer la filetearé con un hacha, reiré sin saber qué me pasa, romperé mi cabeza contra la pared y en el piso…destrozado te recordaré.

Algún día, con dos cabellos sobre mi cabeza, con los dedos marchitos, sin piernas ni piel, sin conciencia, ni esencia, ni presencia, sin visión, ni precisión ni ilusión, vos me volverás a mirar.

Te acercarás orgullosa por lo que has logrado, entenderás por fin que debés estar a mi lado. Besarás mi frente leprosa y acariciándome me dirás “te amo”.

Recibiré tu beso y me alejaré para no volver. Con mi boca marchita intentaré sonreír.

Y así todo habrá terminado. 

Es así. Todos tenemos a alguien que nos marcó la vida. Todos tenemos una tonta re culiá.

Fuente de las imágenes:
http://elltimoviajedezaratustra-jacquespr.blogspot.com.ar
http://blogs.opinionmalaga.com 

 

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Ingresar por la puerta de atrás (Primera parte)

El año pasado escribíamos:
No me depilo más

 

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