Las cuatro novias de mi adolescencia

Hoy me crucé con varias cartas y recordé a cada una de mis novias.

Algunos dicen que para tener una relación hay que saber llevarla. Otros que eso se aprende justo en el momento en que uno llega a entender a las mujeres. En fin, una relación por más corta o larga que sea es una relación.

Aquel verano del 97´va a ser inolvidable para mí. Mis aburridas vacaciones en lo de mis primos (como cada año) se convirtieron en un antes y un después, segundos más tarde que me presentaran a Micaela, nueva vecina que vivía pegado del lado derecho de la casa. Simpática, inocente, con pecas por toda la cara. Esa típica sonrisa con pocitos en los cachetes me hacían viajar a otra galaxia. Me contaba historias increíbles mientras nos tirábamos en el pasto a formar recuerdos imborrables. Pero el verano terminó y ella se volvió a su lugar natal demasiado lejos de acá. Prometimos esperarnos, pero eso fue imposible.

El tiempo pasó y curó grandes heridas. Supe guardar un gran afecto para con ella y sus recuerdos. Bueno, en realidad Martina me enseñó. La conocí casi por casualidad en una de esas ofertas educativas en donde intentamos ver que hacer de nuestras vidas. Ojos celestes como el cielo y una voz que inspiraban tranquilidad eran sus puntos más fuertes. Como cuando Micaela se reía y se les macaban esos pocitos en los cachetes… que linda Micaela. Martina me invitó a pasar las vacaciones a la costa con toda su familia y fue inolvidable. Por primera vez pasaba por mi cabeza armar planes a futuro junto a una persona. Y eso me hizo crecer mucho, como cuando nos dimos el último beso con Micaela, que a pesar de no decirlo, sabíamos que iba a ser el último. Pero las vacaciones terminaron y Martina ganó una beca para estudiar biología marina en el sur. Una nueva despedida.

Esta vez necesité mucho más tiempo para reponerme. Extrañaba de manera distinta, quizás con dolor y angustia. Pasaron casi 8 meses hasta que apareció Luisina. Siendo compañeros de la facultad, compartíamos el grupo de estudio, y otras cosas más. Me hacía reír mucho, era muy graciosa. Lograba captar mi atención de manera muy fuerte. Como cuando Martina me miraba fijo con esos ojos tan intensos que mareaba. Que lindos recuerdos con Martina. Si es verdad que la independencia de Luisina logró que viviera cosas más intensas con ella. Con ella fue la primera vez que me quedaba a dormir toda una noche y amanecía junto a ella. Sentía que con Luisina si podría armar planes a futuro, como con Martina. Que linda Martina… ¿Qué será de su vida? Bueno, si algo aprendí en esta relación que hay veces que dos personas, por más compatibles que sean, pueden no tener las mismas ideas. Quizás por eso Luisina no llegó a tomarse del todo serio nuestros caminos, como sí lo hubiera hecho Martina, por ejemplo. Así fue que decidimos alejarnos y probar por un tiempo a ver si teníamos necesidad de volver a vernos.

Los meses pasaban y nada surgió para un re encuentro. Por su parte decidió seguir intentando con otras relaciones y por mi parte decidí enfocarme en mi nuevo trabajo. Trabajo que me llevó a conocer a Valentina. Que linda Valentina. Tenía unos rulos en los que podría vivir enredado en ellos sin importarme. Su risa particular despertaba la atención de varios y era imposible que pasara desapercibida. Distinta era Luisina, que uno nunca se enteraba si estaba o no, salvo yo que ella captaba toda mi atención en más de una clase. Pero Valentina tenía un carisma diferente. Su personalidad y seguridad prevalecían ante cualquiera. Con ella aprendí a reconocer cuando una chica es interesante. Como Valentina por ejemplo, ella si era interesante, solamente que en esa época no lo sabía. Luisina tenía muchos objetivos que compartía conmigo, pero no con la realidad. Y un día se sintió agobiada y necesitó escapar. Escapar de la rutina, el trabajo, su familia y claro, de mí. Tomó los ahorros que tenía y viajó a Europa para comenzar una nueva vida. Me dolió mucho, pero no me sorprendió, porque Luisina era así. Nada ni nadie iba a impedir que lograra sus objetivos. Siempre me pregunté qué hubiera pasado si Luisina lo hubiera hecho.

Quizás esto sea más común en las relaciones hoy en día. Una vez leí algo así como “el síndrome de la teta ajena” o para ser más básico y lineal, darse cuenta que es lo que uno tiene hasta que  lo pierde.

La vida me enseñó que hay veces que los recuerdos siempre deben ser recuerdos, y debemos aprender a traerlos cuando corresponda. Hay lugares y situaciones que no son necesarios.

Igual, las extraño a las cuatro.

PD: eeeeeeeeeeeeeee mentira, si nunca estuve de novio

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