Los amores de mi amiga

Hace un tiempo les conté la historia de una amiga en un relato titulado “Mi amiga y su amorío apasionado” (click para leer). Se trataba de ella y su amante. Me confeso su doble vida con un café de por medio.

Esta vez el trago con el que acompañamos nuestra charla fue ron, coca, limón y varios atados de puchos. Eran aproximadamente… no se, las dos de la mañana cuando mi celular no dejaba de sonar. Yo salía de bañarme, obviamente ese sábado y a esa hora recién estaba por empezar mi noche. Le grite desde el baño como si del otro lado fueran a escuchar “voy, voy”, y envuelta en el toallón agarre el teléfono sin mirar quien llamaba. Medio agitada contesté

– Hola

– Colo, hola. Decime que no estas ocupada, necesito que nos veamos – Dijo una voz llorando del otro lado de la línea. Medio sin entender, dije que si, obvie los planes que tenía y como buena amiga pase a buscar a la loca que me llamaba a las dos de la mañana llorando.

Llegue a su casa allá por Las Heras, y cuando la vi me di cuenta de que algo no andaba bien. No pregunté nada. Subió al auto y fui directo a la San Martín sur.

Rotten era el barcito perfecto para poder hablar tranqui, cada quien en su mundo, rock sonando de fondo, si, era ideal. Una vez en la mesa, pedí lo que íbamos a tomar: Cuba libre para dos y empezamos.

– Bueno nena, contame ¿que paso? ¿Otra vez te peleaste con el gordo? – dije.

– Descubrió todo, me vio, nos vio – y rompió en llanto. Por dentro pensé, ¡hasta las manos!, pero me guarde el comentario. Deje que me contara con detalles (ya saben que soy fan de ellos, mas si son sucios). Tenia que contarle a alguien y Mérida era de las amigas ideales para esto, nunca te juzgaba, ella trataba de buscar la mejor salida a todo caos. Estaba destruida, perdida, no sabia que hacer. Le dió un sorbo largo a su trago y empezó a relatar.

– Estaba en casa, el gordo al ser fin de semana trabajaba desde temprano hasta tarde. Se iba tipo siete y solía volver a las cuatro de la madrugada. Me quedaba sola, entonces cuando ambos podíamos nos veíamos. Hacia un par de semanas que no nos encontrábamos, su mujer últimamente estaba mas atenta, por lo que debíamos ser mas precavidos. En la tarde le escribí y respondió un “si, hoy si”.

La misma hora de siempre, ya estaba lista a la espera de que avisara que estaba afuera. Cuando tocan el portero. Abrí y era él, Iván estaba parado en la puerta con una sonrisa picara a mas no poder. No me dio tiempo de hacer nada, entró, cerro con un empujoncito la puerta, me agarro por la cintura, me apretó contra su cuerpo y pude sentir lo duro que estaba. Nunca habíamos estado en mi casa y lo perverso de la situación nos había encendido como nunca. Lo separe de mi cuerpo, lo miré fijo y con una seña sexi con mi mano le indique que me siguiera. Me dirigí directo a la habitación. Se sentó en la orilla de la cama, me pare justo frente a él, me desvestí completamente mientras me miraba, y cuando ya estaba desnuda me acerque , desprendí su pantalón, lo bajé y ya con ese tronco duro, tieso esperando que me subiera encima, comenzamos a coger como tanto nos gustaba.

Ya estaba húmeda solo con pensar que lo hacíamos en ese lugar prohibido. Me subí sobre él, le agarre la pija y me la metí. Sentía como su piel bajaba mientras entraba cada vez más. Empecé a mover mi cintura, apretando mis labios cada vez que me deslizaba hacia delante. Sus manos en mi nalgas, me las apretaba, y acompañaba mi movimiento. Cada gesto que hacia me invitaba a hacerlo gozar mas. No dejaba de mirarme, tocaba mas pechos, los apretaba, pellizcaba. Sabemos hacer cada movimiento de la forma exacta. Estábamos unidos, lo tenia adentro, sentirlo es de las pocas cosas que adoro. Su piel perfectamente ensamblada con mi cuerpo. Seguíamos disfrutando de nuestro momento. Desde su cabeza tirada hacia atrás hasta los dedos de sus pies apretados me demostraban que le gustaba. Mi centro ya húmedo por completo, un apretón mas, y un ¡Ahhh! De placer suelto en el aire. Caí sobre su pecho y ahí me quedé. Su olor, ese aroma a perfume caro y sudor, combinados perfectamente con la fragancia de un buen sexo, de nuestros cuerpos. Obviamente descansamos algunos minutos y volvimos a empezar, lo hicimos tres veces.

Eran aproximadamente la una de la mañana y mi estomago ya hacia ruido. Iba a preparar algo de comer rapidito para que Iván pudiera irse y yo limpiara los rastros de nuestro encuentro. Nos vestíamos mientras nos contábamos algunas cosas de la rutina, cuando de pronto entró el gordo. No había escuchado la puerta de la calle, tampoco el auto. Entró y me miró. No me dijo nada, solo me miró. Podría haberme matado, o a Iván, pero a él fue como si no hubiese estado ahí. Es que en realidad hubiera preferido que hiciera un escándalo.

El tiempo se hizo humo, esa situación eterna donde ninguno dijo nada, yo no pude articular ninguna palabra. Sus ojos clavados en mi, me dijo todo, sabía que lo había destruido, su tristeza, su dolor. Nunca quise dañarlo, juro que no quería eso, yo lo amo. Estaba como en trance, parado, petrificado. Cuando me atreví a pedir perdón, se dio media vuelta y se fue. Seguido me llego un mensaje que decía “aca se terminó todo”

Fue entonces cuando rompí en llanto, Iván termino de vestirse, me beso en la frente y sin decir nada también salio por esa maldita puerta. Ahí me quede, sola sin saber que hacer.

Estoy perdida, soy una idiota.

Escuchar a mi amiga contar semejante encuentro y que termine tan como el culo, es fuerte. Mi cabeza hacía comentarios permanentemente durante el relato, pero gracias a Dios solo yo podía escucharla. Mi amiga lloraba, lloraba, lloraba. Podía entender que se sintiera culpable por lo del gordo, dolida porque Iván se fue sin consolarla, y porque ahora su vida estaba en un pozo negro, lleno de mierda. La mire y se lo solté…

– Nena, lo sabías, tarde o temprano estas cosas no terminan bien. Las mentiras tienen patas cortas. El gordo seguro vuelve a buscar sus cosas, aprovechalo y habla con él. Ivan lógicamente se tiene que haber visto en la misma situación con su mujer. Y se asustó. Que se yo, ahora tenés que ver que vas hacer, si lo dejas ir al gordo y te quedas con tu amante, o al revés.

Se quedó mirándome y no dijo nada. Transcurrió la noche ahí tomando unos cuantos tragos, hasta que la devolví a su casa. Pasaron dos semanas.

El gordo volvió al día siguiente a llevarse toda su ropa, no quiso hablarle, esta vez ni siquiera la miró, le dejó todo lo material, pero vacía, porque él se había ido. Entonces en su cabeza retumbaban pensamientos “Lo sufrí, hoy lo sufro. Me duermo todas las noches cansada de llorar, se que él no va a perdonarme, pero ya no puedo solucionarlo. Me equivoque y perdí al mejor hombre que me pudo haber dado la vida. En cuanto a Iván, ya no lo extraño, ni lo pienso. Él eligió a su mujer, su vida completa (por lo menos eso parece). Tampoco puedo juzgarlo, ni enojarme. Yo perdí todo, ese todo solo era mi gordo, Iván era solo un escape a la rutina. Lo quise, claro que si, pero nada mas, yo solo me confundí. Hoy estoy sola, y puedo afirmar que “Amar a dos no funciona, por mas sabroso que sea”… Solo logramos lastimar a quien más amamos”.

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