Lunlunta: aparece Magoya y niega voluptuosa deuda a su nombre

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Hoy me levanté con un hambre atroz, y es porque mi cena fue una porquería. ¿Viste cuando desde temprano tenés ganas de llenar el estómago y vas comiendo pelotudeces? Y al llegar la cena, claro, tenés la panza hinchada de tanto gas por los litros de Naranpol que te tomaste, que tu hambre fue llenado y saciado, nada mas y nada menos que por líquido. Es algo del organismo humano que sorprende. Y sorprendido quedó Alberto Magoya que después de volver de su viaje por Túnez, se encontró con una pila de boletas, resúmenes de cuentas y notas de crédito, todas a su nombre.

“No se que pasa en esta ciudad. No se que pasa, no puedo entender” nos contaba Alberto mientras miraba una y otra vez los papeles que anunciaban e intimaban a que pague para mantenerse fuera del veraz.

Por lo que pudimos ver, los conceptos y tipos de negocio venían de todas partes. Deudas de tarjetas de créditos por compras hechas en un súper de Malargüe. Boletas de gas de zonas aledañas al parque Gral. San Martin. Hasta la cuota de un vehículo que estaba en conocido barrio privado.

“Me parece muy extraño todo esto. Debe ser algo que ha tramado mi suegra.” Esto era lo que no paraba de gritar a viva voz cuando sacó la suma total de lo que debe: 398.289 pesos.

En el momento que estaba volviéndome la redacción, apareció un auto negro, son gorilones de traje y se presentaron diciendo «Hola, somos de Morosos Incobrables S.A.» y a continuación le propiciaron 3 golpes cada uno (los conté).

Con miedo y nervios, nos contó: «Armo de nuevo las valijas y me voy». Cuando le preguntamos que iba a hacer con su deuda nos contestó: «Que lo pague Dios».

Alberto Magoya: "Yo no pago nada"

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