María Conchita: su amor y su mendolotudez desde EEUU

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Mejor tarde que nunca. Si perdonen amigos, esta semana pegue un cuelgue madre con escribir. Lo que pasa es que pasa tan rápido la vida que se me pasa el tiempo volando. Y si quieren vuelvo a poner la palabra pasa. Sincera como el agua, el feriado fue un golazo en mi vida y se me descuajeringó toda la semana.

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Si hice algo de suma importancia esta semana fue cortarme el pelo. Sinceramente era algo que venia pateando como la tapita de gaseosa por la vereda de Patricias Mendocinas. Hay que recuerdos esos de Mendoza y como extraño patear basura por la calle. Ni a palos. En fin concentrándome en un tema. Hoy estoy dispersa disculpen, pero tengo a Elmo cantando NO se que mierda, juro que en este momento lo metería adentro de una hoya a presión. ¿Alguien se dio cuenta de que es bizcocho? OTRA VEZ!!
VOLVIENDO AL TEMA LA PUTA MADRE.

Venía pateando el temita del corte porque me daba mucho miedito. Para mi es como si a una persona con trastornos obsesivos compulsivos le mueven las cosas de lugar. Amo con locura mi cabello, es largo, sedoso, amigable, te guiña habla ingles y es lacio. Estoy como para patearle el culo a cualquier golfa que haga la publicidad de mover la cabeza con el shampoo mágico. Y ni hablar de Cristiano Ronaldo y la caspa te que Casper, a ese lo violo pero es otra historia. En fin, pase mis seis meses viendo como mi melena pantene se iba haciendo garcha. Pero finalmente hace como un tiempo atrás me decidí a cortarlo.

Naturalmente uno va a buscar la peluquería que tengas las tres B: Bueno bonito y barato. Ninguna coincidió naturalmente con mi búsqueda. La que era buena no era barata, la que era bonita no era barata y la que era barata era una patada en las pelotas y nada buena. Era todo tan confuso, mucha gente me aconsejaba lugares que eran buenos pero el corte salía modestamente 60 dólares. Dale si si, te pago eso dos veces y encima te doy propina forro. No hay chance. En mis mañanas sabáticas y de café con las muchachas encontré una que parecia no tan hermosa pero barata. Asique me levante y fui a averiguar.

Hay algo que es mundialmente regla entre peluqueros. El que no es gay te quiere bajar la caña. Tienen siempre algo hecho por algún colega lo que indica que son una campaña publicitaria con patas. Bueno cuando entre estaban todos haciendo huevo y hablando de algo no relevante, seguramente sacándole el cuero a algún alma inocente, ese es otro factor común entre peluqueros, arman unos puterios de la san puta y siempre salen tan gloriosos como Cesar. Me llevaron Pal fondo y me senté en un sillón. Me ataco a preguntas como en un interrogatorio y después empezó a trabajar. Mientras cortaba me contaba absolutamente toda su vida, cosa que no me importaba en lo más absoluto porque estaba concentrada viendo como mierda hacia su trabajo. El culo se me lleno de preguntas al estilo “que hago acá? Y maldiciones como “Conchatumadre seguro desayunaste un relajante muscular“, porque el hombrecito cortaba tan despacio. Natural que pase después que la clienta le dice que te va a hacer tragar la tijera si lo hace mal. La parte complicada se vino cuando fue a cortar el jopo. Acá las chicas lo usan así, yo Argentina, lo uso ASÍ. Cortaba como dos milímetros y me mostraba, otra vez y otra vez, hasta que me canse y le dije sutilmente como cortarlo con una demostración práctica. Ahí me volvió a preguntar si estaba segura. Cara de culo marca registrada por la mesa numero dos. Flaco o hablo muy para el orto en ingles o vos tenés un problema en el nervio auditivo. Ahh eso me parecía, el problema era él. Lo que me sacaba de mi era que me repitió como ciento cuarenta veces que “lo que está en el piso (por el cabello cortado) no lo puede volver a poner” Ahh de chiquito o le pegaron mucho o le dieron de mamar solo el primer mes y medio de vida. Ese tipo de gente con frases metafóricas de galleta de la fortuna me hace poner de mal humor. Es preferible que cierren la boca a que hables cagadas durante cuarenta minutos. Estuve TAN al borde de ponerme violenta y perder fuego todo que me asuste de mi misma. Me dieron ganas de gritar. Porque hacía las cosas tan lento?


Gracias a una luz divina terminó de cortarlo y me llevó a lavarme la cabeza. Eso no quita que no dejaba de decir pelotudeces por kilogramo. Yo y mi cara de culo íbamos de la mano. En algún punto mi contestación tiene que haber sido MUY mala onda porque se calló y me dijo algo así como “Ya casi terminamos no te preocupes”. No sino me preocupo forrito pinchado, son las doce y yo me tengo que ir a hacer mil cosas antes de ir a buscar a los chicos al colegio. Termino de lavar y me sentó otra vez en el mismo sillón que seguía con la marca de mis dos cachetones de mi potito. Intuición femenina a flor de piel. Me di cuenta que iba a empezar a ponerme cremas olorosas y a usar el secador que tanto odio. Así fue y no solo me quemó y me golpeo con el secador sino que me puso una mierda de crema y durante el restante de la mañana mi cabeza parecía que había estado debajo de una lustradora. La parte dolorosa de todo eso no fueron los golpes o la quemadura, fueron los 50 dólares pagados con la del banco Frances que gasté en mi corte. Mi mamá for sure (seguro) va a estar RE contenta cuando llegue el resumen del mes. Ella se va a encargar de que mis manos sangren en cuanto pise Argentina.

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