Mi amiga y su amorío apasionado

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Hace algunos días me junte a charlar con una amiga, y como típica charla de amigas nos chusmeamos todo. Pero en un momento de la charla me dijo que tenía que contarme algo importante. Vi en su mirada un sentimiento de culpa, arrepentimiento y picardía. No entendía nada.

– Contame, que es lo que pasa nena”- dije

– Tengo un amante”- dijo

Mi cara tiene que haber sido de sorpresa y asombro por lo que sin dejar que diga nada se defendió: – – ¡Tampoco es tan trágico!

Ella estaba de novia hacia algún tiempo, por lo que yo veía, estaban re bien juntos, nunca me lo hubiese imaginado. No me anime a preguntar el porqué tenía un amante, ¿tenía que existir un porque para eso?, así que solo me limité a preguntar como lo había conocido. No me dio tantos detalles de cómo y el cuándo lo conoció, pero eso llevaba tiempo, y al instante siguiente me contó todo sobre su último encuentro.

Lo primero que me pregunte fue si ella estaba enamorada de él, y también de su novio. ¿Podía ser eso posible?, es que no sé, me contó todo con un ímpetu que pocas veces ella solía tener. Era dentro de todo tranquila, divertida, un poco atrevida pero no más que yo, o bueno, hasta ese momento es lo que creía.

Nos pedimos otro café, la juntadita rápida que debía ser un cafecito y cada una a su rutina, se volvió más larga de lo esperado. En fin, café en mesa, mas medialunas, y empezó a relatarme su, muy calentón, último encuentro. Así comenzó…

“Como siempre esa mañana me llego su mensaje: “Hola”, y ya sabía que no significaba más que coordinar horarios para poder vernos y coger. Hacía ya algunos días no lo veía, por lo que no sabía de mi última adquisición, me había tatuado la espalda, un diseño bonito, sexi, tentador para cualquiera que mirara con perversión mi espalda. Mi objetivo era en ese momento, que él me besara de punta a punta y que de alguna forma saboreara la tinta impregnada en mi piel. Respondí a su mensaje y le dije: “escapémonos”, no titubeo y contestó: “a las 23hs paso a buscarte”.

Estaba bastante fresco, julio en Mendoza es un mes frío, tenía que pensar que iba a ponerme para verme de lo más bella, y sexi, pero lo que más me preocupaba que iba a decir para escaparme. Tenía que buscar una buena coartada.

Dije a mi novio que iba a casa de una amiga a pasar la noche, tenía que terminar de estudiar para los finales, así que me vino como anillo al dedo.

Le envié un mensaje a mi novio diciendo que no le iba a escribir para concentrarme en los estudios, ya eran las 22hs y estaba lista, bien depilada, arreglada, un vestido rojo bien cortito, con la espalda descubierta, un chalequito calado negro que combinaba con los zapatos, pelo híper planchado, maquillada perfectamente, y al mismo tiempo le envié un mensaje a mi amante diciendo que lo esperaba lista.

Ya siendo las 23hs, recibí el suyo diciendo: “¿ya estás?”, con nervios le conteste que si, y salí camino a donde siempre me esperaba. Esa esquina de casa, oscura, donde no podían verme, había sido testigo tantas veces de nuestros encuentros furtivos.

Ahí estaba, con su auto súper, lustrado, pase por delante, su mirada seguía la mía, subí, y el olor a impecable que había en esas butacas como siempre impregno mi nariz. Una mezcla perfecta de limpio y un exquisito perfume que emanaba su piel.

Sin dejar de mirarme me dijo: “estas muy linda, vámonos rápido que solo con mirarte ya me calentaste”.

Durante el viaje, hablamos algunas cosas, comunes, como habíamos estado, que habíamos hecho, y aunque parezca loco y fuera de lugar también de nuestras respectivas parejas, acompañando todo con un licor de chocolate con dulce de leche que hacia juego con el momento. No estaba prestando atención donde nos dirigíamos, en realidad no era algo que me importara, pero en un momento se estaciono, y pude visualizar que estábamos en Cacheuta. No había nadie cerca de nosotros y como si fuera una película, se escuchaba de fondo como el río Mendoza corría golpeando en las piedras de la orilla, definitivamente una melodía penetrantemente apacible.

Sentados cada uno en su butaca, comenzamos a besarnos. Le dije con la voz algo entre cortada, que tenía algo que quería que besara, pregunto que era, y rápido conteste con un sonrisa dibujada en mis labios, buscalo. Comenzó a tocarme, desde la punta de los pies, repartiendo besos por cada pedacito de piel que encontró, el empeine, acariciaba mis piernas, besaba mis pantorrillas, rodillas, muslos, me agarraba del culo, me apretaba, me chupo la concha por sobre la mini tanga, solo para demostrarme que iba a hacer conmigo lo que él quería. Subía mi vestido a medida que recorría mi cuerpo. Beso mi abdomen, jugó con su lengua en mi piercing del ombligo, mis costillas, y terminó de sacarlo. Con toda la delicadeza deslizó mi vestido por mis brazos y lo saco, siempre por encima de mi ropa interior beso mis pechos, dejándome con el deseo de querer sentir su lengua sobre mis pezones. Llego a mis labios, metió su lengua, se acerco a mi oído y me murmuro, “date vuelta putita”. Eso hice, y fue cuando lo vio. Mi tatuaje en la espalda, cubría desde mi cuello, atravesaba toda mi columna y desembocaba en la parte baja de mi espalda. Dibujo con su dedo índice, toda la silueta de la imagen, hasta mi cola, paso su dedo por el medio de mis glúteos. Me los abrió y posó un beso.

Me pidió que bajara del auto, ya estábamos los dos muy calientes, yo demasiado húmeda, no perdió el tiempo y me bajo la tanga, hice lo mismo con su pantalón, lo toqué desesperada y a modo de gritito le implore que me penetrara, me alzo y lo hizo. Después de un rato de estar es esa posición, me bajo de su cintura y me apoyo contra en el capo del auto, seguía metiéndomela, era tan fuerte, tan exquisito. Una parte de mi no podía creer que me lo hiciera así, su auto era intocable, lo cuidaba como oro. Aprovechamos la noche por completo. Me chupo entera innumerables veces, y lo chupe hasta quedarme sin aliento. Para ponerle punto final a nuestro sexo loco he híper placentero, lo masturbé, de manera perfecta, apretando lo justo y necesario, alternando el ritmo, bajando por completo su piel, pasando la lengua por la punta cada tanto. Lo sacudí, hasta que me empapó.

Nos quedamos mirándonos por un rato, deseando que el momento no terminase jamás, ya veíamos el amanecer y sabíamos que era hora de volver a casa a seguir con la rutina. Él de vuelta a dormir con su mujer, y yo con mi pareja.

Me dejo como siempre en la equina de casa, nos dimos un beso, un gran beso de despedida, y cada uno por su lado.”

Me quede mirándola por un rato, sin saber que decir, había imaginado cada detalle que me había mencionado, pensé más de una vez guaaaauuu… quiero una noche de sexo así. Le pregunte si lo iba a volver a ver, me respondió con un rotundo ¡sí!, y para una última confesión me largo que lo veía hacia ya un año, no lograba separarse de él, pero tampoco de su pareja, por lo que había decidido seguir así.

De alguna forma aquel amorío la hacía sentir completa e incompleta a la vez, cuando algo le faltaba en casa, lo encontraba en su amante y viceversa. Pero sin dudar ambos hombres eran dueños de su corazón y de su cuerpo.

¿Que debía decirle como amiga?

Solo le dije que me presentara un amigo, porque yo estaba sola.

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