Placer romántico vs Placer erótico

Tengo la certeza que escribir cosas propias no está bien. Pero ¿qué está bien? y ¿qué mal? si lo único que quiero es entretenerlos un ratito con historias perversas, eróticas a veces muy porno, y otras románticas. ¿Qué está bien? y ¿qué está mal? si de placer hablamos. Porque el placer es humano, es carnal, es exquisito, es morboso. El placer es de color rojo y negro, es de encajes y de gasas, es de juegos de manos, de labios mojados, de piernas abiertas. No hablo del placer romántico de dos personas que se aman haciendo el amor, eso dejémoslo para la cotidianidad. Hablo de ese placer que se dan dos personas que pueden amarse o no. Esas personas- a veces ex- con las que tenemos mucha piel, y nos dejamos llevar por la excitación del momento. Éxtasis de sensaciones y acciones sin censuras. No hay un «no» entre estas dos personas, no hay un «esto me da cosquillas» o «a esto no me animo».

«Me van a decir que no les gusta cuando una mujer nos agarra la pija sin vergüenza alguna, con sus uñas hermosamente cuidadas, mirándola deseosa, que se saboree, sonría y nos mire a los ojos; nos brinde su boca para que blanquiemos la mirada haciendo la cabeza hacia atrás y sonriendo. Y agarrarle la cabeza para que se la coma toda, y ver hasta donde llega. En el placer romántico eso no lo hacemos, porque no queremos que se ahogue… pobrecita. Sentimos su arcada y no la disfrutamos, nos sentimos monstruos. Pero en el placer erótico, esa arcada y ese lagrimeo es nuestro premio. Nos encanta, se nos figura en la cara una sonrisa vampírica y nos mordemos los labios.

Las sentimos nuestras, sobre todo cuando queremos bajar y no nos dicen que no. Abren sus piernas al más infinito placer que podamos ofrecerles. Donde ponemos lo mejor de nosotros en hacer que se retuerzan del placer, tocarlas mientras se mojan, sentir su sabor. Porque sepan que lo tienen, y a nosotros no nos interesa, hasta tienen determinados aromas que disfrutamos. Tocarlas, hundir nuestros dedos mientras ustedes se ponen locas queriendo hacer recíproco el momento. Ahí es cuando queremos recostarnos y que nos pongan el culo en cara y todo lo nuestro en su boca. Contadas han sido las ocasiones y las mujeres con las que puedo hacer esto. La visión de una cola redonda, justo en frente nuestro y acompañar ese paisaje con el calor de una boca caliente es disfrutar en modo avanzado.

Y yo se que ustedes también disfrutan, por que se dejan tocar. Cuando entregan de a poco la cola, cuando nos guían la mano, o cuando yo pongo mi dedo en su boca para que ella lo moje, y con ella sentada arriba mío buscar su punto de placer secreto, y dar pequeños golpecitos con la yema de mi dedo y meterlo despacio. Muy despacio. La técnica es muy de a poco y casi no levantar el dedo, es solo dejarlo apoyado… la cola come sola.»

«Para mí el placer erótico tiene un nombre: el de mi ex. ¿qué no hacíamos? Un día me puse en cuatro arriba suyo pero dándole la espalda, y le pasaba toda la concha mojada desde su pecho hasta el ombligo. Se llevo mi cuerpo a la boca y me besó el culo como nunca nadie lo había hecho, como nunca iba a dejar que alguien lo hiciera otra vez. Teníamos cerca unos masajeadores chinos con los que nos habíamos estado mimando un rato antes. Uno que simula como una mano, es una bola grande con cuatro palitos y cada palito termina en una bolita. Me untó la cola con el aceite de los masajes y despacito empezó a meter la bolita chiquita en mi cola, hasta que se la comía toda y la piel se ajustaba a nuestro improvisado juguete. Algo que solo hacía con él, dado a lo bien que nos llevábamos en la cama era dejar que me llenara la cara y la boca entre abierta de su acabada. Me moría cuando sentía lo tibio que salía de su cuerpo, que eso se lo había causado yo. Era para mí, mi premio, mi regalo.»

«Para mí no existía el placer erótico y el romántico, era muy básico hasta que me enamoré. Pasé de un placer normal para mí a algo único. Ella era más chica que yo. Siete años. Me voló la cabeza, no se ¿cómo? ni ¿por qué? o en ¿qué momento?, tal vez era la espontaneidad que tenía, lo quería hacer en todos lados, iba manejando en plena calle San Martín y me empezaba a desprender el pantalón, me sacaba la pija y me la empezaba a chupar como si nada, y yo : -¡Nooo! ¡Paraaa!, pero me encantaba. Lo hacíamos en todos lados, quería otro y otro, una peque ninfómana. Nunca pensé que una pendeja de 25 años, a un boludo grandote como yo le diera a conocer tantas sensaciones nuevas»

Conclusión…

El placer no tiene por qué ser erótico o romántico cuando encontramos a la persona ideal que une ambos conceptos. Ahí el concepto de placer es pleno y completo, es tacto, es sentirse, es disfrutarse, es adictivo. Es una droga que nos hace querer más, es no pensar en el tiempo, es fluir. Es escribir esto tomando la notebook con las manos sudadas desde los laterales, pasando las yemas de mis dedos y mordiendo mis labios. Es tangible e imaginario a la vez. Es extrañarte con cada tecla que presiono, es respirar tu piel en el aroma de un té de madrugada. Es el mensaje perdido en tu espalda arañada, es el sonido de tu voz pidiéndome más.