Psicología barata 6: una vida sin tanto detalle

– Buenas tardes, doctora Lí. No me diga nada: hace 5 meses que no vengo a terapia. Es que mi vida estaba ordenada, completa, me sentía realizada, no necesitaba nada más… y no veía el motivo para venir a contarle mis problemas, porque: ¿qué problemas le iba a contar?

– Y por qué venís ahora… ¿te surgió un problema?

– Y sí… primero y principal: no estoy contenta con mi aspecto. Me siento vieja, con líneas de expresión que aumentan día a día, con pelos que salen donde antes no, con rollos molestos que hacen que la ropa no me quede como debería. Me han salido puntos negros en la nariz. La tintura me dura menos y ahí nomás surgen las raíces. La celulitis me llega a las rodillas. Soy un asco.

Segundo pero no menos importante: no me siento tan atraída hacia mi pareja como antes. Todo iba fantástico hasta que un día se me acercó a besarme y no sé… lo ví tan hecho mierda, con los ojos enrojecidos, un rictus de pesadumbre, las marcas del acné deformando sus cachetitos de morsa que siempre me parecieron adorables, los 3 pelos locos de la barba apuntando en diferentes direcciones. Me puse tan nerviosa que cuando me dijo “te amo” le contesté “quiero re-truco”, y me empecé a reír como una hiena, histérica, desencajada. La piloteé como pude esquivándolo toda la tarde pero a la noche la cagué del todo cuando le quise poner la funda de la almohada en la cabeza para hacer el amor, diciéndole “cómo me calientan los fantasmitas”, “dale mi ku klux klan”, pero no hubo caso, se ofendió para la mierda, y con razón. Lo peor del caso es que yo me sentí aliviada, dormí como un bebé… y al día siguiente tuve que cachetearme en la puerta de la vecina Iris, la vieja calientapava que hay en todos los barrios, porque me di cuenta que estaba a punto de pedirle que le diera una alegría al Cholo a cambio del lemon pie que le llevaba.

Tercero,  me deprime muchísimo la casa donde vivo. Todas las paredes hechas cagar, la pintura se saltó en todos lados, los muebles se ven descoloridos, la cocina se llenó de hormigas y cucarachas. Todo junta más polvo que nunca. No sé en qué momento se vino abajo así todo.

En lo único que he mejorado es en el trabajo. En esta semana hice todo lo que tenía atrasado y lo que me pidieron para la semana que viene. Es algo bueno pero no me importa eso demasiado.

Estoy desesperada, doctora. Mi vida era un paraíso, después de la terapia con usted, donde pude aceptar mi soltería y mis limitaciones físicas, conozco al Cholo, nos enamoramos como nunca, nos fuimos a vivir a una casita preciosa… hasta que un día vuelvo a mi casa y ya nada es como antes. Ya nada me gusta, nada disfruto.

– Y ese día que decís que volviste a tu casa… ¿te habías encontrado con alguien del pasado, alguien con quien quizás competías, alguien con quien estabas muy bien, o tal vez alguien a quien le fue mejor que a vos?

– ¡Cómo sabe Ud, doctora! ¡Por eso es la mejor! Sí, casualmente voy a retirar los anteojos a la óptica y ¿quién me los entrega? Un compañero de la primaria que salió abanderado porque era hijo de la directora…

– Ah, ¿y vos saliste escolta?

– Ja ja no, para nada, yo repetí primer grado dos veces…

– ¿Y en qué sentías la competencia?

– Y, él siempre salía ganador de los campeonatos de ajedrez…

– Ah, y vos jugabas contra él…

– Jaja no, ni ahí, yo ni sé jugar ajedrez… ¿cómo se entiende ese juego pelotudo donde las torres se mueven y pueden comer reyes?

– Ok, bueno. Dejémoslo ahí.

– Pero los dos teníamos un buzo azul, ¿me entiende? Azul.

– Claro…

– Bueno, no sé si habrá sido que él otra vez estaba vestido de azul… ¿puede ser doctora?

– ¿Que eso te haga ver tu vida no tan perfecta como antes? No creo… me suena más el temita de que fuiste a una óptica… yo nunca antes te había visto con lentes…

– Sí, es que después que atropellé a su gato, doctora, usted me hizo ver que no estaba aceptando mis defectos como el de la miopía… después de terminar la terapia y conocerlo al Cholo, fui al oculista pero bueno, tengo OSEP entonces me dieron turno para hace 2 semanas recién…

– ¿OSEP tenés? ¡Uffff qué karma con la chicata esta!

– ¿Cómo dice doctora?

– Que ¡qué calma mi chiquita bella! Vamos a hacer una terapia de shock. Dame esos anteojos. Volvé a casa repitiendo en tu mente “arroz con leche me quiero casar”. Apenas llegués mandate al patio y pasate por la frente una hoja de aloe vera haciendo la señal de la cruz 10 veces. Después reza un padrenuestro y recién ahí mirá de nuevo todo lo bello que tenías.

– Pero doctora no voy a ver bien sin los anteojos…

– No, querida. Los anteojos son un símbolo. El símbolo de que querés una nueva vida, de que te sentís superior a los demás, que todo te sobra. Como los hípsters. Y vos te merecés una vida tranquila, sin tanto detalle, sin tanta vanidad.

– Pero usted me dijo…

– Claro que lo dije porque en ese momento era importante. Era un paso que había que dar. Ahora hay que dar otro, nena. Y otro y otro y otro, hasta que salgas de mi consulta y no vuelvas. ¡Estás curada!

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