Pueblo y abismo | Parte 2

Ese día amanecieron temprano. A eso de las siete y media de la mañana se encontraban desayunando un café con leche, con facturas que su madre había comprado la noche anterior. Los padres de Ramiro aún dormían y en la casa solo se oía de fondo el gas quemándose de las estufas prendidas casi al máximo.

-Siempre es así en esta época por acá- le dijo él mientras que tomaba un sorbo del café con leche.

-Curioso. Nunca hubiese imaginado que en San Juan pudiese nevar, pero bueno, aveces siento que no sé mucho de varias cosas-, le dijo Candela.

-Si, puede ser. Ahora nos vamos a ir a recorrer algo de la montaña, para relajarnos un poco. No sabés lo lindo que es el embalse Cuesta del Viento. Te va a encantar, aunque, bueno, en esta época por el frío no podemos hacer kayak, pero después podemos venir en verano y darnos un chapuzón.

-Me gusta la idea. Sabés lo que me gusta viajar por la montaña- le respondió ella.

***

Al terminar de desayunar ambos agarraron todo el abrigo que pudieron agarrar, con bufanda, y gorro de lana incluidos, y se subieron al auto, para ella San Juan era un misterio completamente, y más aún lo eran sus montañas.

En el camino hablaron de cosas rutinarias, hasta que vieron como, a lo lejos de la ruta veían cruzar a unos tres zorros colorados a toda velocidad, animales que Candela no había visto nunca en persona. -Son muy bellos- le dijo a Ramiro quien, miró a lo lejos con simpatía.

-En la naturaleza todo es perfecto, como también lo es este momento con vos- le respondió él, y le acarició la mano.

Cuando llegaron al embalse, Candela sintió una paz que la sobrecogía, sensación que nunca había sentido en su vida. -En este momento siento que somos eternos- le dijo ella, -Sí. Es así- le respondió él, y, acto seguido se besaron con el embalse de fondo.

Los besos fueron creciendo en intensidad, y justo en el mismo momento ambos se miraron a la cara y supieron cúal sería el paso a seguir. Se metieron nuevamente en el auto, e hicieron el amor en el asiento trasero que, por suerte, era bastante amplio, a la vez que las ventanas se empañaron con el sudor y el calor que exhalaban sus cuerpos. -Nuestros cuerpos se fusionan de una manera demasiado perfecta- le dijo ella, a lo que él respondió besándola una vez más.

-Vamos volviendo así le damos la bienvenida a Paula, que ya la debe estar pasando medio mal con mis viejos- le dijo Ramiro, a la vez que se iban vistiendo. -Conozco un señor en el medio del camino que vende queso y salame casero, son los mejores de todo San Juan, aprovechemos y compramos un poco para hacer una picada en la noche con todos-, le dijo bastante estusiasmado.

***

El señor debía estar a medio camino, en un auto medio viejo, y estaba. Compraron los fiambres a la vez que compartían risas, que se callaron en el momento que estacionaron en la casa de los padres de Ramiro.

Desde el frente se sentían gritos fuertes que llamaban la atención y ruidos de cosas rotas, como vidrios o cerámicas, y les llamó la atención que había un auto sin patente estacionado en la puerta, al lado de la entrada al garaje.

Candela pensó un momento si entrar o no, pero no pudo decir nada mientras que veía como Ramiro se bajaba corriendo del auto y abría la puerta de calle, que estaba abierta, algo que a ella le llamó mucho la atención.

Ella recordó que debajo del asiento del conductor Ramiro tenía un hacha pequeña, como defensa. No dudó, la agarró y se bajó también del auto. No quiso entrar y trató de ver que se veía por las ventanas y lo que vio le heló la sangre. Tres personas (que parecían ser los padres y la hermana de Ramiro) tirados en el piso con las manos en la nuca, cual rehenes, y dos personas encapuchadas con armas que gritaban a Ramiro que les hacía frente con las manos en alto.

Candela no dudó y agarró su celular y marcó el número de emergencia, tratando de calmar su voz le explicaba a la operadora del 911 la situación que se estaba viviendo en la casa de sus suegros y que necesitaba que viniesen lo más antes posible.

De pronto se abrió y la puerta de la casa y Candela vió como uno de los encapuchados se le abalanzó y le pegó un culatazo con un arma en la cara, a lo cual ella cayó inconsciente sobre la entrada.

***

En el momento en que Ramiro salió por la puerta de la casa vió a Candela caer dura al piso, y pensó que el delincuente la había matado. Su mirada se inyectó en sangre, y en la adrenalina del momento solo resolvió en quitarle de un solo movimiento el arma al delincuente y sin pensar, gatillar.

El primer tiro pegó en la garganta, y el maleante se llevó las dos manos al cuello, el cual comenzó a sangrar profusamente, intentó decir palabras que se le atragantaban, Ramiro volvió a gatillar, le dió en el hombro, en este momento el hombre cayó y empezó a escupir sangre por la boca.

El delincuente que había quedado adentro de la casa también salió corriendo por la puerta, Ramiro lo miró con el arma de su compañero en la mano, y el hombre no atinó a nada más que a sacarse la capucha de la cabeza y gritarle -Por favor, no me hagas nada-. En ese momento alguien se paró atrás del hombre, y lo golpeó con un jarrón en la cabeza. El hombre cayó, y en ese momento se dieron cuenta que había sido Paula, con una herida que sangraba de su hombro derecho, la que le había dado el golpe que noqueó al delincuente.

***

Con los dos delincuentes en el piso y Paula intentando llamar a la policía (sin saber que Candela lo había hecho momentos antes), Ramiro se abalanzó sobre Candela que aún yacía desmayada. Empezó a sacudirla frenéticamente mientras que las lágrimas caían, justo en el momento en que Ramiro se dió por vencido fue que Candela abrió los ojos y empezó a toser.

-¿Qué pasó?- Atinó a decir ella mientras que Ramiro volvió a abrazarla y la besaba como nunca antes lo había hecho.

-Todo va a estar bien amor, vas a ver- No todo estaba bien en esos momentos, pero lo estaría.

Candela, sin saber bien que había pasado, vió como dos móviles de policía y una ambulancia doblaban la esquina y se estacionaban en la vereda de la casa.

***

Aquellos delincuentes habían confundido la casa de los padres de Ramiro, por los de otra gente. Una ex empleada doméstica de unos vecinos (y pareja de uno de ellos) les había dicho que los dueños de la casa guardaban mucho dinero en efectivo, porque el hombre desconfiaba de los bancos, entonces era muy sencillo ir, atar de manos y pies a la pareja ya mayor, y robarles el dinero en efectivo con el que contaban, que era mucho porque el hombre era dueño de fincas, y sus hijos, ya grandes, vivían en San Juan capital. Pero los delincuentes, una pareja de amigos de unos treinta años que se habían conocido en la cárcel, confundieron la casa por la de los padres de Ramiro, y entraron en el momento en que Paula ordenaba su ropa en la que había sido su habitación, la tomaron de rehén junto a ellos, y le pegaron una puñalada en el hombro derecho.

Al ver la negativa de la familia de darles un dinero que no tenían, los delincuentes empezaron a tirar cosas y romper adornos, los cuales fueron escuchados por Ramiro y Candela que venían llegando a la casa.

La policía no dudó del relato de Ramiro, de sus padres y de su hermana, y el juez no decidió juzgar a Ramiro por matar al delincuente, ya que había sido en legítima defensa, pero si poner en prisión, nuevamente, al otro delincuente que había sido noqueado por Paula.

***

-Tremendo el viajecito de vuelta a San Juan- le dijo al otro día Paula a su hermano en el hospital, donde Candela había sido hospitalizada por la contusión en la cabeza que le había generado el culatazo.

-Gracias- alcanzó a decir Ramiro, y abrazó a su hermana. -Nuevamente te debo la vida.

-No más de lo que te la debo yo a vos- le respondió ella con un vendaje en el hombro herido, y esbozó una sonrisa.

Justo en ese momento Candela recuperó la consciencia y vio a los dos hermanos fundidos en un abrazo. -¿Cómo están sus papás?- Dijo ella, preocupada.

-En su casa, tranquilos. Ni un asalto a mano armada les va a alterar la rutina- le dijo de forma irónica, y solo los hermanos entendieron la ironía.

-Lo importante es que fue solo un golpe fuerte en la cabeza, pero vas a estar bien- le dijo Paula a Candela. -Tenemos todo el viaje de vuelta a Mendoza para conocernos un poco mejor, quiero pasar unos días con mi hermano y con vos, si no es molestia- le dijo.

-Para nada, quiero conocer a mi cuñada, en mejores circunstancias que estas- le dijo Candela.

-Todo va a estar bien amor- le dijo Ramiro y la besó en los labios.

Si, todo estaría bien.

FIN

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