Rico para el trapicheo

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El Flaco “Masi” en realidad se llama Maximiliano. Masi le decían sus papas, hermanos y abuelos que vivían todos en una misma casa en Coquimbito, entre las gallinas y el galpón de zanahorias y “flaco” le decíamos todos por sus escasos kilos distribuidos en su gran estatura. Además, en la primaria era más cortito decirle “Masi” y en la secundaria “Flaco” sonaba menos afeminado y cañifle, porque el Masi es de todo, menos bala. Aunque el loco tiene la misma edad que nosotros, siempre pareció mucho más grande. También hacía cosas de más grande, como ponerse aritos a los once, fumar a los doce o escaparse de la casa a los trece para ver a River, una más de sus tantas pasiones.

Con tan solo diecinueve pirulos dejo embarazada a la novia, por lo que fue el primero de los vagos en irse a convivir con la novia y en ser el papá del Enzo, pero el último en perder los hábitos de la soltería. Corría noviembre de 2008, yo era un pichi recién recibido y recuerdo que ese jueves el laburo había sido lo más comparado a la muerte que podía haber. Problemas con clientes, líos con proveedores, empleados diabólicos deseosos de cobrar, jefes nerviosos haciéndose ochos para pagar, cheques de ida y vuelta, casi fin de año, kilómbo apocalíptico. Era un piscuí de 24 pirulos recién cumplidos y me ahogaba en una pelela de juguete. Llegada la noche, como casi todas las noches, apague el celular, para poder dormir tranquilo, total en el laburo nadie sabía “el fijo” de mi casa.

Viernes 8 am… me levanté, prendí el celu y al cabo de treinta segundos me entró un mensaje al buzón de voz. Cagamos, pensé, este es un culiado del laburo que me está rompiendo las bolas de temprano con algún kilombo más. Resoplé odioso y con dolor de panza mientras marcaba los números de Buzón de voz y escuchaba a la mal nacida mujer diciendo “usted tiene un nuevo mensaje, para escucharlo marque…” marqué y escuché nuevamente “recibido viernes 6:32 am…” entonces, una voz de roto familiar dice…

Hola… ¿hola?… Bomurrrr… ¿hola Bomur? ¿Me escuchas? Eeee… eee loco, soy el Masi, eeee… ¡BOMUR! Eee la concha de tu hermanaaaaa…. Ee soy el Flaco atendé culiado… Loco, atendé que me tenes que hacer el aguante loco… estoy hasta la pija, soy el Masi. Eeee llamame Bomurcito la puta que te parió.

Medio preocupado corté y le llamé al toque al flaco Masi, pensando en que a esas horas de la madrugada había tenido un accidente. Llamo a su celular y no me atiende, entonces llamo a la farmacia donde laburaba de cadete en una Zanellita hecha teta, que habría a las ocho y nada. Suena y suena y nada, vuelvo a llamarlo al celular…

– ¿Jjjjooolaaaa? – me responde amanecido, con voz arenosa y crespa.

– ¿Masi? – pregunto preocupado.

– ¿Bomurcito? – me responden.

– ¡Si Masi!, ¿Qué pasó hermano? Tengo un men…

– Si culiado, déjjjjjame dormir, esta noche te jjjjjcccuento…

– ¡Pero pará! ¿Qué pasó? ¡Tenes que ir a la farmacia! ¿estas bien? – embestí preocupado.

– ¡Te dijjjee que jjjsssi culiaooo! Jaaameee dormir – me balbuceó el Masi y cortó.

Esa noche teníamos un asado “con las novias”, así que apenas llegué me fui derechito a saludar al Masi para saber que había pasado. Me aproximé a él y su novia y de pronto le vi los ojitos desorbitados, señalándola a la mina, como aquella vez que me presentó a un adefesio para que le hiciera el aguante y casi me voy, como cuando éramos chicos y se nos apareció la madre preguntando quien había fumado y me pasó el pucho a mí que no sabía ni como se agarraba, como cuando rompió el vidrio del curso con el borrador y me obligaron a batir al culpable, señalando al pobre y pulcro portador de la bandera, que nada había tenido que ver en el asunto. Esa mirada de “quédate callado culiado por el amor de Dios que se me arma la gorda” bastó para que me quedara en el molde y saludara de lo más cordial a ambos. En cuanto escaseó el hielo, amablemente me ofrecí a ir a comprar y lógicamente lo miré al Masi y le dije que me acompañara, cosa de la que no se negó. Apenas subimos al auto le pregunté apurado…

– Flaco, ¿Qué pasó anoche culiado?

– ¡No sabes la que me mandé Bomurcito!… – me dijo entre risas.

– ¡¿Qué pasó boludo contame?!, me cagué en las patas, creí que habías tenido un accidente en la motito – respondí con la tranquilidad de que estaba sano.

– Resulta que anoche tuve la cena aniversario del laburo, con la gente que nos provee remedios para la farmacia y los otros chicos de la cadena… éramos como cincuenta – contó el Masi. Llegamos y era un embole, yo había ido solo, pero estaban todos en pareja, un embole total. En eso entra la Martita, ¿te acordas? – me preguntó.

– ¿La Martita? Esteeeemmmm… ¿Qué Martita? – le devolví la pregunta.

– La Martita, la mina esa que acomodaba los remedios en las góndolas – me dijo el Masi con cara de pícaro.

– ¿El vejestorio ese? – le pregunté sorprendido.

– Seeeeee jajajaja – se rió estrepitoso el Masi.

– ¿La fea esa? ¿El corchito ese morochón? – le volví a preguntar sospechando sobre la anécdota.

– Si Bomurcito… ¡no sabes lo que garcha! – me dijo entre risas el Masi. Resulta que llegamos a la cena y nada, era un embole. Viene la Martita y se sienta al lado mío. Cuando sirvieron el asado ya llevábamos dos tubos de tinto entre nosotros dos y un choto que se había sentado frente a mí. Estaba copeteado el vago y como la Martita era la única mina soltera empezó a tirotearle… ¡yo nada ehhh! – me dijo el Masi risueño.

– Si… me imagino – le dije sobrándolo.

– Posta Bomur, posta que no, sabes que tenía que volver a mi casa, mi señora me había dado permiso hasta las cuatro como mucho, no me iba andar arriesgando por la Martita– me dijo el Masi confiado. La cosa es que el mortadela de enfrente no paraba de tirarle. Pasó la cena, paso más vino…. como tres botellas mas, pasó el “champan” y luego el fernet. La cosa es que yo estaba muy escavio y el loco dale que te dale con la Marti – culminó el Masi haciendo muecas de como hablaba el “tiroteador”.

– ¿Y que pasó? – le pregunté con ganas de escuchar, manejando a veinte para no llegar más a comprar el hielo.

– Bueno en un momento se empiezan a ir los más viejos, yo agito para ir a algún lado con más minas, me sacan medio peinado porque ya estaba jugando al poker algunos y otros al truco, entonces se me acerca la Marti, reventada de tanto escavio y me dice “Masi ¿y si nos vamos los dos a un barcito a tomar algo? Este pesado me tiene harta” – me contó el Masi poniendo voz de mina.

– ¿Yyyyyyy…? ¿Qué hiciste culiado? ¡es muy fea! – le pregunté al Masi mientras me agarraba la cabeza sabiendo como venía la mano.

– Nos fuimos a un bar de Maipú, nos bajamos un tubo de fernet entre los dos… maginate’ como estaba yo Bomur – me dijo.

– Borracho – le contesté.

– No solo eso, sino que estaba re caliente, y la Marti me llevaba la punta en todo – me dijo el flaco Masi con cara de zozobra.

– Jurame… jurameee queee… – le dije despacio.

– Agua y eso no se le niega a nadie culiao… ¡Tiene treinta y nueve pirulos Bomur! ¡quince años más de experiencia que yo! – me cortó el Masi justificándose. Me dijo “vamos a mi departamento” y me mandé de una, re contra ebrio – hizo una pausa y siguió. Yo se que la Martita esta feucha de lomo, ¡pero no sabes la actitud que tiene! Es re gauchita la negra – me dijo el flaco pegándome en el pecho para firmar su comentario.

Hago una pausa y aclaro, el Masi tiene mil defectos y todos los vicios, todo lo hace al extremo y usa y abusa de ello, fuma como un cabrón, es piel y hueso pero tiene una panza porronera que se la pisa, se revienta sueldos en los perros (porque pare él el casino es “careta” y no tiene “pasión”), es habitué de las putas a puntos absurdos como ser recibido por el nombre de pila y hasta el mote de “flaco”, come como si fuese el fin del mundo y se hace adicto a todo lo humanamente posible, pero tiene una sola virtud, una única, grandiosa, fabulosa, enooooooormeeee virtud, digna de envidia de todo hombre, aunque es pailón, narigón, pálido, medio pelado y de manos como manojos de bananas, tiene una nutria entre las gambas que se rompe los meniscos y se le para cada quince minutos sin ningún aditivo. Además se las sabe lunga y es asiduo conocedor del tema. Es casual en el Masi clavarse tres o cuatro polvos en una noche y cada uno hacerlo durar por mucho tiempo. Sobradas son las anécdotas en que las putas le piden que se quede un rato más, le regalen pases o lo inviten gratarola. Toda mina que se garcha, es mina que vuelve, porque el Masi las descose… y no le hace asco a nada, hasta a tipos con peluca ha dejado rengueando. Aclarado este punto, prosigo con la conversación.

– Bomurcito… le eché tres polvos a la javie, arrancando con una chupada de rosquete de una media horita – me dijo extasiado. Le hice de todo, la vieja se portó también ¡ojo!… porque tampoco me voy a hacer el copado yo solo ehhh, venía full full, pete chupahuevo chupaculo (como cariñosamente le dice el flaco), cachetadas, tirones de mechas, escupidas, apertura full 24 del local del fondo… todo, todo – me dijo el flaco al palo. La Martita rezaba en todos los idiomas y colores… la hice ver las estrellas a la guacha – culminó el Masi.

– ¿Y que pasó? ¿Cómo hiciste? ¡te quedaste dormido! – lo bombardeé a preguntas sorprendido.

– ¡No loco! Cucha’ cucha’ que te moris…. Resulta que tipo cinco y media me tomo el palo de la casa de la vieja, me subo a la motito chocho de la vida y de repente… una barandaaaaa que mamita querida – me dice el Masi al tiempo que se abanicaba la nariz. Loco, con el escavio que tenía no me había dado cuenta, pero la Martita tiene un cementerio de anchoas en descomposición entre las gambas. Tenía olor a concha el la boca, en la nariz, en la pera, en las manos, en las muñecas… ¡ni te cuento el olor que tenía en la poronga!, era un asco total.

– ¿Y que hiciste culiadoooooo? – le pregunto sorprendido imaginando el olor de la Martita en mis narices.

– Primero llamé a mi casa, para poder ir a bañarme ahí, no me atendió nadie…. Después los empecé a llamar a ustedes, después a los vagos de la facu, después los llamé a todos, soñando que alguno de mis amigos tuviese el celular prendido y me prestara un baño para ducharme – contó el Masi su plan. Y nada, ¡no me atendió nadie culiado! ¡Ni mi vieja estaba despierta la vieja chota!

– ¡Jurame que te fuiste a tu casa así! – le dije sin poderlo creer.

– ¡Ni en pedo! ¿vos sos pelotudo o tus papás son hermanos? – me dijo el Masi violento. No podía ir así a mi casa boludazo. Estaba todo cerrado, no había nada abierto, así que se me prendió la lamparita y ¡clinn! – chasqueó el Masi los dedos frente a mis ojos. Me fui al Wallmart que abre las 24 horas, me compré un jaboncito, un champú y una pasta de dientes y partí derecho ahí donde vas a lavar el auto.

– ¿Dónde? – le pregunté sin saber. Al tiempo que comencé a reír.

– ¡Ahí en el parque boludo! Ese canal copado que pasa al lado de las churrasqueras del parque donde la gente lava los autos – me dijo el flaco.

– ¿El que está cerca dela rotonda que va al cerro de la Gloria – le pregunt con las carcajadas a flor de piel.

– Si boludo, ese… la cosa es que me puse en bolas y me metí al canal, me pegue una bañadita de la puta madre (mis risas estallaron en el auto)… eso si, ¡me re cague de frío!, pero me tenía que sacar ese olor a raviol vencido. No tenía toalla, así que me subí a la moto en calzoncillos, todo mojado para que el vientito me secara y me mandé para mi casa – me dijo haciendo con las manitos como que manejaba canchero al tiempo que yo empecé a toser y casi me ahogo de la risa. – La poca gente que me cruzaba me miraba raro, un flaco en calzoncillos arriba de una moto a las siete de la mañana es raro, ¿no? En el camino me bajé la pasta de dientes haciendo buches y escupiendo el olor a vinagre. Bueno, llegue a mi casa, me pare tranquilo, me puse toda la ropita y bañadito y limpio me metí.

– ¿Y que pasó? ¿Qué te dijo tu novia? – le pregunté como pude, sin parar de reírme.

– ¡Que me va a decir! ¡Si era la primera vez que llegaba con olor a limpio! … me metí a la cama y le eché dos polvazos de la hostia – terminó el flaco de contar al tiempo que se cagaba de la risa y me hacía con las manitos gestos de garche.

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