Tu novia es rarita y no lo sabías

Vos la veías rara, la mina te cagaba a güascasos cada vez que llegabas tarde a su casa. Cuando se jugaba un fulbito con los primitos le clavaba unos zarpados chulminazos al ángulo. Ni hablar de esos partidos entre parejas, donde los novios jugaban contra las novias. La mina se ponía loca, te la rajaba si le hacías un ful y le metía más gambeta que el Maradona del Nápoli. Los goles los gritaba como un león enfurecido y se trepaba a las rejitas, hacía el festejo del bebe, el del pescadito o puteaba a lis hinchas del otro equipo.

Te pareció extraña aquella vez que se clavó un porrón a fondo blanco para ganarte una apuesta, o cuando se comió cinco panchos con lluvia de papas por cerrarte la boca. También te parecía extraño que en las juntadas de pareja la mina siempre terminaba con tu grupo de amigos hablando de autos y futbol, mientras las demás novias lavaban los platos. Todos los pibes chochos porque tu novia hacía el asado como las mejores, hasta le ganaba al cocinero del grupo.

Incluso dejaste pasar por alto esa vez que te dijo que se estaba depilando, que no la jodas e igual entraste al baño porque no aguantabas más el pis y la viste con espuma de afeitar en la carompa y pasándose la Match 3 al estilo Messi.

Vos, acostumbrado a regalar flores, bombones, remeritas escotadas, polleras, pulseritas, collares, cds de Arjona, ositos de peluche, desayunos, cenas románticas y anillitos, te sentías muy extraño cumpliendo los pedidos de la señorita. Canilleras de fobal, juegos de play, pantalones en prototype, camisetas del tomba, llaveros de chevrole’, manoplas, balas para el 22, películas porno, anuarios de la revista “hombres”, etc.

Una mezcla de felicidad y duda te generó cuando le compraste dos entradas para ir a ver a Luismi y ella las cambió por las entradas para ir a ver a Almafuerte y terminaron los dos chupando porron y haciendo pogo, mosh y slam con los metaleros más mechudos y pesados de la historia de la humanidad.

Y en aquel restaurtant donde luego de leer platos que iban desde caviar sazonado con salsa de puerros hasta langosta tremidor con trufas, pasando por salmón rosado ahumado a la francesa y cochinillo al champiñón, la muy coqueta le preguntó al mozo descaradamente si no tenía una tira de costillas o un matambrito a la piza. Terminaron comiendo un chori abajo del puente y ella feliz con su boca llena de mayonesa, chimichurri y olor a picante.

La cara de Jaque que te ponía cada vez que traías pelis como “dulce noviembre”, “antes que termine el día”, “diarios de una pasión”, “la vida en bella”, “el cartero”, “postdata te amo”, “el amor en los tiempos del cólera”, “el mismo amor, la misma lluvia”, “cuando Harry conoció a Sally”, quedó en el baúl de los recuerdos cuando empezaste a dejar que ella eligiese los títulos de las pelis. Ahora se engolosinaban con termineitor, los bañeros más locos del mundo, star wars, rambo, fredy, robocop, el vengador del futuro, matrix y rambito y rambon.

Los posters de Brian Adams, Robbie Williams, Ricky Martín, Enrique Iglesias o Tom Cruise que esperabas ver en su habitación eran ilusiones tuyas ya que estaba todo empapelado con fotos de los Stones, de los Redondos, del boca campeón del apertura 92, una foto de Xuxa en bolas, una bandera de La Renga, fotos de el tc 2000 y del tc cuyano, motos enduro saltando y haciendo willis, fotos de Pamela Anderson en cuatro patas lamiendo una tabla de surf y un poster gigante de cuando la Mona vino al Malvinas.

Y cuando todo te colmó la paciencia y decidiste no creerle más el cuento de que aún esperaba la corrección de su DNI y que no se llamaba Roberto como ahí decía, le dijiste…

– Griselda… ¿vos sos un muchacho?

La respuesta fue contundente y tu vida continuó igual… fuiste feliz al lado de Griselda, te compraste un traje de marinerito y te dejaste crecer el bigote. Ahora, como buen marino mercante, embarcas carne por popa y le sacas el cuerito al pollo.

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